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La lucha no arruga
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Producción en conjunto con Cronistas Populares

-¿Vas a robar para mí?-

Posiblemente temblaba de miedo. Pero no, respondió Luciano con firmeza haciéndole frente a los uniformados. Los policías bonaerenses no hicieron más preguntas, Luciano Arruga ya no tuvo opción. Hostigado y perseguido en la vía pública durante meses, terminó siendo detenido, arbitrariamente, el 31 de enero de 2009. Fue la última vez que se lo vio con vida; tras cinco años y ocho meses de búsqueda incansable, su cuerpo fue encontrado en La Chacarita, enterrado como NN.
 

A siete años sin él, Luciano dejó una lección: no agachar la cabeza; la única forma de enfrentar la violencia institucional es organizándonos. “Estos años me dejan el valor para seguir, la alegría de conocer gente muy linda, la satisfacción de la lucha, es la enseñanza que me dio la vida, que me dio Luciano”, dijo Mónica, la madre de Luciano -que hace siete años no arrugó ni un segundo- en la plaza de Lomas del Mirador que lleva el nombre de su hijo. “Me dejó esto, lo que veo acá, que es impagable”, agregó.

La plaza se llenó de vida, de lucha, de fuerza. Familiares y amigos de víctimas de distintas partes del país se acercaron el sábado para hacer visible a todos esos pibes que hoy no están porque la Policía los hizo desaparecer. También estuvieron organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos para sostener una pelea que los aglutina y exigir ¡Basta de impunidad, de gatillo fácil, de desaparición forzosa! “A Luciano lo mató la Policía, el Estado lo desapareció”, denunciaba una bandera que se levantó con alegría, mientras las murgas e intervenciones artísticas hicieron brotar esas sonrisas que no vamos a dejar que se apaguen.

“A través de la visibilidad que tiene el caso de Luciano, hay que mostrar a los otros 210 desaparecidos en democracia”, manifestó María del Carmen Verdú, referente de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI). Luego, agregó: “Esta jornada tiene una significación muy especial, busca formas de unidad de acción para poder tener la capacidad de respuesta conjunta frente a este escenario que se plantea con una enorme cantidad de variables negativas”.

*

Son pibes de barrio,

Apuntados por un dedo acusador.

Una bala -que un gatillo fácil disparó-

Otra vez la misma institución.

   El 30 de enero de 2016 podrá ser recordado como un día pegajosamente incómodo y húmedo, cubierto de unas nubes que desorientaban la real ubicación del sol que irradiaba parejo y achinaba los ojos; con la amenaza latente de una lluvia que se asomaba y se escondía, y que finalmente estalló en una tormenta salada que brotó de los ojos de Mirta Ponce, mientras contaba, con la voz quebrada, cómo la policía mato a su hijo hace tres meses.

-¡Fuerza!-, gritó una voz anónima cuando Mirta bajó la cabeza para romper en llanto un nudo que tenía atravesado en la boca del estómago. No fue necesario que dijera algo más, todos los allí presentes entendieron lo incomprensible. Automáticamente, la madre recibió un cálido abrazo en forma de aplauso que le decía que no estaba sola.

Su hijo, Alejandro Ponce, tenía 23 años y era de Rosario. El viernes 30 de octubre había ido a pescar al río Paraná con su hermano Luis Emanuel. El expediente del fiscal dice que Alejandro estaba robando, pero la realidad afirmará que es solo una mentira más de los señores del poder. La única verdad es que los policías tiraron a Alejandro al río, le rompieron la cabeza con piedras y, finalmente, lo ahogaron.

   Previamente, en la –tristemente- larga mesa que compartían los familiares y amigos de victimas de gatillo fácil, había hablado Viviana María Alegre, la mamá de Facundo Rivera Alegre, mejor conocido como el “Rubio del pasaje”, quien fue asesinado el 19 de febrero de 2012 por efectivos policiales y custodios del músico Damián Córdoba. “A los 11 años tuve un familiar desaparecido en dictadura y, ahora, a los 45 me toca tener un hijo desaparecido en democracia”, dijo Alegre explicando que su presencia es por todos los pibes víctimas de gatillo fácil y porque todas las provincias la tienen “muy difícil”. “¡Hijo, donde quieras que estés descansa en paz, que de los culpables nos encargaremos nosotros!”, sentenció.

   María del Carmen Verdú analizó la importancia de militar los casos invisibilizados: cuando los compañeros se vinculan con organizaciones anti-represivas, se convierten en referentes en sus barrios. “Si vos vas a Villa Fiorito y ‘la cana’ te detiene, el primer vecino que pase por el lugar te va a decir andá a tocarle la puerta a Ramona que ella está con CORREPI”, ejemplificó la abogada. De esta manera, Verdú consideró que pueden tener muchas más intervenciones en los problemas concretos de cada zona, de la mano con las agrupaciones que estén en cada lugar.

**

Chapu llegó a la plaza Luciano Arruga, en Lomas del Mirador, alrededor de las 15. Vestía bermudas y una camiseta del fútbol inglés. Saludó a unos jóvenes que estaban sentados hablando temas al azar con su sonrisa pícara y el tono de voz de una persona dotada con esa experiencia que solo la calle sabe dar. Entre sus brazos cargaba a su hijo de seis meses, quien lucía una idéntica pelada que la de su padre.

-Vamos a ver como está la movida-, le dijo a los chicos despidiéndose solo por un rato y se fue caminando al centro del parque que está enfrente de la villa que lo crió. A medida que se acercaba, fue pensando cada vez más en Luciano, el chico que nunca conoció. La imagen de dos vidas en paralelo se hacía más nítida.

Entrecerró sus ojos, acentuando sus patas de gallo, intentando observar hacia el horizonte y su mente viajó hacia el recuerdo de aquella fría noche de invierno, cuando la Brigada de San Justo lo fue a buscar para robar unas computadoras para ellos. Ellos, los oficiales del orden, conocían su nombre y a partir de él propiciaron el desorden. El que dicen que te cuida, en realidad te vigila y atosiga. Te hostiga por tus zapatillas deportivas; por vivir en la villa.

Chapu sacudió su cabeza para alejar turbios recuerdos y volvió por unos segundos a la realidad. Casi ignora a unos payasos que bailaban al ritmo de Arbolito y hacían estallar en carcajadas a unas decenas de niños. Se detuvo para que su hijo pudiera disfrutar.

***

-Ustedes son gatillo fácil-, dijo un policía de General Pacheco, -así que cuidadito porque cuando queramos los levantamos y los matamos-.

 

   Johana y sus tres hermanos, a quienes iban dirigidas las amenazas, no se alarmaron esta vez porque iban a tomarse el colectivo para llegar a la plaza Luciano Arruga, con la fuerza que identifica su bandera de lucha. Sí se asustaron, porque no logran acostumbrarse a una rutina que viven hace siete
años, desde que su hermano Luis fue asesinado por un uniformado.

Luis, junto con sus amigos del barrio, solía pasar sus ratos libres como cualquier hijo de vecino en una esquina. Esta actividad no le gustaba a los policías, que precisamente la tenían prohibida. Una tarde de otoño, se lo llevaron a la comisaria y esperaron que lo atienda el cuerpo médico, para luego molerlo a palos y dejarlo detenido un par de días. Pero no pudieron, Luis se escapó.

A la noche siguiente, los agentes vistieron de civil y cayeron de imprevisto en la casa donde Luis vivía con su familia. Dispararon al aire para que el joven se asustara y en medio de su fuga le tiraron por la espalda. La madre y sus hermanos de 4 y 6 años vieron cómo se desangró en medio de la calle.

En cuanto Johana llegó a la plaza pensó en la inutilidad de un juicio que encara desde el asesinato. –La justicia no existe-, se martillaba internamente sin piedad, al mismo tiempo que su hermana le decía que no hay manera de aliviar el dolor. Johana no entiende cómo tiene fuerzas para soportar los golpes que sufrió todas las veces que fue a la fiscalía. No puede comprender que la sigan amenazando. No concibe un día sin miedo.

Pero cuando se secó los ojos vidriosos que no se animaron a llorar por vergüenza, vio una bandera que decía “La lucha no arruga”. Entendió que no estaba sola y que Luciano representa a su hermano y a todos los casos de gatillo fácil. Despejó sus dudas y se convenció de que la justicia va a llegar porque todavía se puede. Sigue de pie y en lucha.

****

Chapu giró su cabeza para ver su alrededor y se percató de que había una multitud. Un montón de los nadie; los negros que no son gente y que, para el sentido común de nuestra sociedad, no tienen derechos. Pensó en que si toda esta multitud se juntaba y gritaban al unísono iba a ser imposible que su voz no fuera escuchada; dejarían de ser los nadie. Porque en definitiva, son la mayoría.

-En todos los barrios matan a pibes y los dejan tirados como si nada, diciendo que fue un accidente, ¿por qué no lo hacen en Palermo?- preguntó Chapu.

-¿Por qué no lo hacen?

-Para ellos nosotros no somos gente porque vivimos en una villa-concluyó.

-El gátillo fácil, la detención con torturas, o las torturas que provocan la muerte en las comisarias son herramientas de control social, y la víctima de ese tipo de políticas es el joven, el pobre, porque es ese, aunque no lo sepa objetivamente, el que quizá un día se da cuenta que si se organiza y pelea cambia la forma en la que vive- explicó Verdú.

-¿Qué debemos hacer frente al accionar de las fuerzas de seguridad?

-Tendríamos que juntarnos todos, la juventud, para que se sepa lo que es realmente la policía-propuso Chapu.

Verdú repasó las cifras que lleva relevadas CORREPI: más de 2000 asesinados por torturas en comisarías, más de 2000 casos de gatillo fácil, 210 desaparecidos desde la vuelta de la democracia.

“Ponerle desde la cuna la convicción de que la vida es así y no se puede cambiar, y que cuando viene la policía lo mejor es mirarse la punta de los zapatos y no confrontarlos, si te convencen de eso, pueden seguir oprimiendo con consenso sin necesidad de llegar a los límites extremos de la represión estatal”, reflexionó la abogada. Y definió: “Estamos hablando de una política de Estado y que, como política de Estado inherente, propia, necesaria de un sistema capitalista, forma parte de la agenda alrededor de la cual tienen que organizarse y pelear todos los militantes populares”.

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