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El lado B de Nietzsche
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El lado B de Nietzsche

Por Franco Salas

“Dormir no es arte pequeño: se necesita, para ello, estar desvelado el día entero. Diez veces tienes que superarte a ti mismo durante el día: esto produce una fatiga buena y es adormidera del alma”, dice Friedrich Nietzsche en este pasaje de Así hablo Zaratustra (1883-85). Si bien el tema parece simple, el entendimiento del texto es confuso. Claro, seguro pensas que está sacado de contexto, bueno, ahí va el pasaje entero: “¡Sentid respeto y pudor ante el dormir! ¡Eso es lo primero! ¡Y evitad a todos los que duermen mal y están desvelados por la noche! Incluso el ladrón siente pudor ante el dormir: siempre roba a hurtadillas y en silencio por la noche. En cambio el vigilante nocturno carece de pudor, sin pudor alguno vagabundea con su trompeta. Dormir no es arte pequeño: se necesita, para ello, estar desvelado el día entero. Diez veces tienes que superarte a ti mismo durante el día: esto produce una fatiga buena y es adormidera del alma”. ¿Y ahora? ¿Sigue siendo difícil de entender?

La complejidad de los textos de Nietzsche es habitual, y si bien puede entenderse que la filosofía, en la mayoría de los casos es “poco clara”, este autor es intencionalmente obsesivo con la ardua comprensión. El docente, Darío Sztajnszrajber, dijo en su columna en el programa radial Metro y medio, que el discurso filosofal es más metafórico, más simbólico que hace chirrear el cerebro y darle una vuelta más a las cosas y desde ahí encararlas, y continuó: “Incluso parece muchas veces, pretenciosamente críptica. Parece que hay como una intención de motivar un esfuerzo y que la mitad de las cosas no se entiendan, para que vos interpretes”.

Friedrich Nietzsche publicó más de 30 obras a lo largo de su vida. Pero no siempre sus palabras fueron tan complejas. Se fue acercando al mundo de la filosofía a la edad de 18 años, mientras estudiaba en la prestigiosa escuela alemana Schulpforta.

Hacia 1868 se dio una de las amistades que forjó el carácter del joven Nietzsche: Richard Wagner, famoso por su genio musical, además de ser director de orquesta, era poeta, ensayista, dramaturgo, etc.

El filósofo encontró en su nuevo amigo la confianza para empezar a explayar sus ideas. En estas circunstancias, mientras ejercía como profesor de universidad, escribió seis libros. Pero, el último de esta etapa, Humano, demasiado humano fue el primer paso para la ruptura con el erudito compositor. En esta obra, Nietzsche, expresaba polémicas opiniones sobre la moral, el sexo y la religión. El rechazo de sus colegas y contemporáneos lo transformaron en el escritor que decidió escribir metafóricamente para así dificultar la tarea de leer sus obras. Así comenzó a distanciarse de Wagner, pero la gota que rebalsó el vaso fueron los ideales del compositor con respecto al antisemitismo y el nacionalismo extremo.

Esta pelea fue el punto de inflexión. A partir de ese momento empezó la etapa más engorrosa de la escritura de Friedrich Nietzsche, la metafórica y enroscada, aunque también la más conocida: La gaya ciencia, Así habló Zaratustra, Más allá del bien y del mal, El anticristo, etc. Así continuó hasta sus 45 años que, tras un colapso mental, entró a una institución mental para nunca más salir. En su estadía en el manicomio la locura del filósofo se potenció violentamente, provocando su muerte apenas un años después.

El fallecimiento de Nietzsche, nos lleva al lado B de la historia, y la protagonista no es más que Elisabeth Förster-Nietzsche, la hermana menor de Friedrich. Pero, ¿quién es? La mujer en cuestión tiene, a lo lago de su vida, algunos antecedentes oscuros. Cuando se casó con el maestro de secundaria Bernhard Förster, juntos empezaron a promover una doctrina anti-judaica, a tal punto que convencieron a familias alemanas de mudarse a Paraguay a un asentamiento netamente ario, llamado “Nueva Germania”. El poblado fracaso por enfermedades y problemas de cosecha, el esposo de Elisabeth se suicido y ella decidió volver a Alemania cuatro años después.

Al regresar se dedicó a cuidar de su hermano, ya residente del manicomio, y comenzó a darle forma a la idea del “Archivo Nietzsche”, una especie de departamento que abarcara todas sus creaciones. Para su regreso, los amigos de Friedrich, habían movido sus influencias y lograron rescatar sus papeles y llevárselos a su madre. Cuando Elisabeth se decidió a crear por fin el archivo, tuvo un problema legal con su madre por los derechos intelectuales, pero termino adquiriéndolos sin mayores problemas.

Entre los escritos que Elisabeth encontró en casa de su madre y en las residencias de su hermano, había una serie de trabajos sin publicar. Estas obras habían sido redactadas mucho tiempo atrás, cuando el filósofo todavía no exponía la complejidad en sus palabras, pero estaban desclasificadas y olvidadas por el mismo autor en su afán de que el lector se esfuerce al extremo para comprender. Si bien estos libros fueron publicados después de su muerte, tenemos la certeza que el pobre Friedrich todavía se revuelca en su tumba por haber sido traicionado ideológicamente por su hermana. “Muchos de los apuntes que (Nietzsche) va tomando que son esclarecedores, que se entienden muy bien, él pide que no se publiquen, y la hermana cuando Nietzsche entra al manicomio, lo traiciona y los publica, son los famosos fragmentos póstumos, donde hay una claridad que Nietzsche no quería que trascendiera”, expresó Darío Sztajnszrajber en Metro y medio.

Si bien su pasado no es admirable en lo más mínimo, e intentó inducir los escritos de su hermano para justificar y/o explicar actitudes nacionalistas y antisemitas, hoy en día se le debe a Elisabeth Förster-Nietzsche que la obra de Friedrich Nietzsche sea uno de los legados más completos de un autor.

 

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