Loader
Los mira y sin detenerse
27
post-template-default,single,single-post,postid-27,single-format-standard,bridge-core-1.0.5,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-18.1,qode-theme-bridge,disabled_footer_top,disabled_footer_bottom,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-6.0.2,vc_responsive

Los mira y sin detenerse

Por Micaela Petrarca/ Fotografía: Paula Colavitto

Sentado cruzado de brazos, escondido bajo su visera, mira de reojo y fija la mirada en el suelo. Lentamente se endereza mientras gotas de sudor brotan de su cien y se deslizan por su cuerpo envenenado por cianuro. Respira lo que sea que contenga su aire y con sus suelas de barro se echa a correr.

Se adentra en los pasillos del laberinto donde sus pies aprendieron a caminar. Salta y sus dedos impregnados de tóxicos residuos, pisan ahora la chapa de algún techo que cubre una casa.

Con el talón curtido, corre. Los mira y sin detenerse corre, porque el dedo índice de la misma gorra azul de siempre, lo acusa.

El proyectil dorado viaja en busca de su nuca para penetrarla y que su cuerpo se detenga por completo de un impacto y se pierda entre la basura en algún pasillo de la tierra de nadie.

Sus pies corren y van a correr hasta que la última luz se apague y por fin su visera se pierda en la oscuridad negra, bien negra de su barrio.

 

No Comments

Post A Comment