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Éstas tetas, nuestras.
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Éstas tetas, nuestras.

Fotogalería y editorial: Colibrí Revista. 

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Pleno febrero, pleno centro de la ciudad, pasando por el pleno sol hasta la casi plena luna llena. Una vez más, la lucha feminista nos unió, en plenitud, sin remera, sin corpiño, para que una parte de nosotras que siempre está escondida -las tetas- salgan a la luz, toquen la brisa fresca de un febrero poco caluroso, alcen los pezones y la voz. Nuestros pezones, nuestros pechos… nuestras tetas.

Éstas tetas, nuestras, que tanto han sido protagonistas en estos últimos días, protagonistas por ser nuestras y de nadie más; y parece extremadamente ridículo que tengamos que aclarar nuestra voluntad y decisión sobre una parte de nuestro cuerpo pero es necesario. Sí, es necesario porque éstas tetas, nuestras, son las mismas que han sido sexualizadas por la cultura patriarcal en la que vivimos, las que nos vuelven objetos de miradas que, según la balanza de este mundo desigual, nos determinan y nos ponen “valor”.

El pasado 7 de febrero nos encontramos en el Obelisco, en Buenos Aires; en La Plata, en Mar del Plata, en Rosario, en Córdoba y en otras ciudades del país, para repudiar los hechos ocurridos en Necochea, donde un operativo con veinte policías y seis patrulleros -sin sustento legal y sin identificación- les exigió a tres chicas que se cubrieran los pechos y las amenazó con llevarlas detenidas haciendo referencia al artículo 70 del Código de Faltas bonaerense, que dice: “será sancionada con multa el que con acto, palabra, dibujo o inscripción torpe u obscena ofendiere la decencia pública”. Sin embargo, el juez Correccional en feria, de Necochea, Mario Juliano, dictaminó que tomar sol sin corpiño en una playa pública no constituye una contravención.

No es la primera vez que policías, parte de la misma institución, censuran nuestros cuerpos. Hace solo unos meses atrás se le prohibía a una mujer amamantar a su bebé en una plaza.  Entonces: ¡Basta!, y aquí se vuelve más evidente e importante el hecho de que tengamos que aclarar que es nuestro cuerpo. El martes que pasó, muchas más mujeres de las que fueron tapa por su “escándalo” en Necochea, se concentraron, organizadas para hacer libre expresión y uso personal de su cuerpo. Con las tetas al aire, llenas de color o desnudas, de distintas formas y tamaños, sonreían, marcaban el ritmo de distintas canciones reivindicativas al feminismo y manifestaban que no van a ser otros quienes decidan cuándo se puede y cuando no mostrar nuestro cuerpo, porque es nuestro territorio y el de nadie más.

La diversidad de lxs presentes era visible desde lejos. Un movimiento feminista, con todas sus facetas, sus colores y sus posturas, se hizo presente desde las banderas de “Lesbianas presentes”, “Basta de travesticidios”, “La gorra encubre, la iglesia ampara, el estado avala, el macho mata” y los siempre presentes pañuelos en reclamo del “Aborto legal, seguro y gratuito”.

   Desde muchos sectores, se tildó el reclamo como exhibicionista e innecesario, muestra clara de una incomodidad  ante tantas tetas libres que miran fijo a aquellos ojos que sólo aceptan lo que es posible para el consumo machista. Es evidente la doble moral de entendernos en un país donde la vida cotidiana está llena de tetas, tetas como las que nos muestran en la televisión, en las revistas o las publicidades; es decir, tetas como producto de un sistema capitalista, tetas para el consumo que no ofenden porque responden a estándares de belleza y nada más. Nuestras tetas no. Las del obelisco, no.  Y ¿son peligrosas? sí, y ¿van a ser censuradas? sí, porque el problema es que la mujer, su identidad y su cuerpo, están puestos al servicio de la opresión y la explotación, y terminar con eso, es terminar con un enorme negocio mercantilista.

La instancia no fue para que un otro apruebe o desapruebe los pechos femeninos y masculinos. La controversia generada alrededor del “Tetazo” prueba el punto de la consigna, el de la hipersexualización de nuestras tetas y la violencia que se generó alrededor del evento -las agresiones de un lado y del otro de la bandera- pone de manifiesto  que no puede existir una sociedad pacífica en un orden desigual, donde por supuesto, el “tetazo” es sólo un paso entre tantos que tenemos que dar, como la lucha contra las violencias y asesinatos que sufrimos a diario.

Es tanta la violencia de la opresión hacia un grupo como el de nosotrxs, los colectivos marginados, que la concentración y el corte en la 9 de julio se vivió con muchísima tensión. Si bien hubo una gran presencia de hombres que se acercaron a la convocatoria y manifestaron su apoyo y participación, tales como compañeros, novios o amigos; otra decena de hombres asistieron allí con el fin de ver un espectáculo semi pornográfico, para filmar, sacar fotos, y vociferar alrededor de las mujeres. Aquellos que lograban atravesar las banderas que servían como barrera y colarse entre las manifestantes con sus celulares en mano, eran invitados a retirarse. A algunos, pacíficamente. A otros, no. Algunos las insultaban, se tocaban los genitales. Y en el medio de la tensión y de las agresiones, muchos compañeros fueron echados de la instancia de lucha.

Lamentable es lo que vino después: los guardianes del orden que con la desinformación desvían la importancia que este acto representa para el avance feminista  y los enfrentamientos virtuales de hombres contra mujeres, mujeres contra hombres, hombres contra hombres y la herramienta más poderosa del sistema patriarcal: mujeres contra mujeres.

No dejemos que humillen y oculten el valor y la lucha. Valor  y lucha de hacerle frente al poder, con la naturaleza de nuestros cuerpos desnudos -empoderadas-, de éstas tetas, nuestras y de nadie más.

 

 

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