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El pueblo mapuche y la persecución política-empresarial
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El pueblo mapuche y la persecución política-empresarial

Texto: Irina Pilosoph Postan

El lonko de la comunidad mapuche, Facundo Jones Huala, está detenido en Esquel de manera ilegal desde el 26 de junio. La causa por la que fue privado de su libertad ya había sido declarada nula y fue llevada a la Corte Suprema de Justicia, que todavía no expidió sobre el caso. Colibrí Revista conversó con Fernando, hermano del lonko, que habló del proceso de recuperación de tierras y de la responsabilidad empresarial y política que hay detrás de la persecución a Facundo y del pueblo mapuche.

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Para entender la detención de Jones Huala y el hostigamiento que sufren los pueblos originarios en general y la comunidad mapuche en particular, es necesario analizar el poder que ejerce el sector empresarial para defender sus intereses económicos privados, en complicidad con los gobiernos provinciales.

El 10 de enero la comunidad Pu Lof en el departamento de Cushamen fue reprimida salvajemente por las fuerzas de seguridad. En esa ocasión una bala impactó en la cara de Emilio Jones, primo de Facundo, al que tuvieron que reconstruirle la mandíbula entera. Fausto Jones Huala, hermano del lonko, perdió el oído derecho. Las mujeres fueron apuntadas con las pistolas nueve milímetros para que no difundieran lo que estaba pasando y los niños fueron expuestos a los perdigones y a la más cruda violencia. Fue ante este panorama que el gobernador Das Neves declaró públicamente que los mapuches eran “terroristas chilenos”.

Muchos medios se hicieron eco de los dichos del gobernador e insinuaron que Facundo Jones Huala era un “mapuche que le declaró la guerra a Chile y Argentina”. Más allá de los títulos amarillistas y falaces, ninguno de esos portales mencionó la violencia ejercida por los Estados argentino y chileno hacia los pueblos originarios desde sus respectivas fundaciones. Junto con la militarización, la comunidad -bebés incluidos- sufrió torturas, de las que tampoco hablaron en sus notas.

El desencadenante de esa cacería de principios de año había sido una denuncia que Bruno González Peláez, gerente de la Trochita, un tren que actualmente se utiliza con fines turísticos, hizo a la comunidad por obstruir las vías. La Trochita no pasaba por esa zona pero pretendían enviar a arreglar unas máquinas a un pueblo que está pasando la comunidad. De manera prepotente Peláez se apersonó en la comunidad para informarles que en una semana el tren iba a pasar por ahí. Ante esto argumentaron que necesitaban un mes para contestarle porque necesitaban reunirse con las demás comunidades porque las vías están cerca de territorios sagrados.

A la semana Peláez efectuó la denuncia. El juez Guido Tranto decidió abrir una mesa de diálogo. Ambas partes se presentaron a las dos primeras instancias y llegaron a acuerdos preliminares pero, antes de concretarse la tercer etapa, la Corporación de Fomento de Chubut (CORFO) abandonó todo diálogo. “Estábamos a una semana de la tercera y última mesa de diálogo donde los acuerdos iban a ser firmados por las partes y la Trochita iba a pasar, ahí el presidente de la CORFO mediante una carta de oficio le dice al juez federal Guido Tranto que desde ese momento desconocía todos los acuerdos previos y daba por finalizado el diálogo”, explicó Fernando.

Pero además de la Trochita existe un conflicto histórico que involucra a la empresa Benetton, conocida mundialmente como una industria textil. La compañía italiana posee un millón y medio de hectáreas -que ha alambrado- y dentro de las cuales hay territorio ancestral mapuche. En palabras de Fernando, la empresa ha comprado novecientas mil hectáreas y se apropió de manera ilegal del resto. Dentro de estas tierras apropiadas está el territorio que fue recuperado por la comunidad.

El interés de Benetton por estas tierras no tiene que ver solamente con la industria textil: detrás de esa fachada se esconden otros negocios, como la minería que daña enormemente la naturaleza. La empresa italiana tiene el 26 por ciento de las acciones de la minera Minsud S.A., lo que explica por qué su ensañamiento con el pueblo mapuche y con las otras comunidades que habitan esas tierras.

“El territorio no es solo el espacio donde uno camina o arma su casa sino que es hasta donde alcance la vista y hasta donde no. Uno no es dueño de parte de la tierra sino que es parte de todo un espacio natural donde existen otros elementos que sustentan la vida. Entonces uno es un elemento más y necesita que todos estos elementos convivan en armonía para sostener el equilibrio natural del universo, para sostener la vida. Territorio no es sólo por donde caminamos: es también el aire, las nubes, las estrellas, lo que está en el subsuelo porque de ahí brotan las hierbas medicinales y brota el agua. Esa cosmovisión de territorio es necesaria para que uno pueda proyectar la vida antigua, milenaria en estos espacios. Pero estos espacios tienen que estar en equilibrio, tienen que ser naturales. Uno no puede tomar agua de un río que está totalmente contaminado, por ejemplo”, concluyó Fernando.

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