Loader
Intimidaciones al medio independiente La Retaguardia en Formosa
2704
post-template-default,single,single-post,postid-2704,single-format-standard,bridge-core-1.0.5,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-18.1,qode-theme-bridge,disabled_footer_top,disabled_footer_bottom,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-6.0.2,vc_responsive

Intimidaciones al medio independiente La Retaguardia en Formosa

Por Colibrí Revista

“La verdad es que la gente en Ingeniero Juárez está viviendo muy pero muy mal. No tienen para comer ni agua potable para tomar. Vimos situaciones realmente muy complicadas, como la de un chico que perdió un ojo por una herida de bala de goma y que tiene una infección y no está recibiendo atención médica. Y como esta, muchas cosas”, dijo Eugenia Otero, comunicadora de La Retaguardia.

“Las personas estaban desesperadas por contarnos todo lo que están pasando. Estuvimos en tres casas y a medida que íbamos se hacía inmediatamente una fila de personas esperando para hablarnos”, relató Otero y resaltó que hay personas que tienen orden de detención por reclamar por sus derechos, como Agustín Santillán, preso hace tres meses.

Quizás sean estas situaciones inhumanas las que el gobernador Gildo Insfrán no quería que difundiera el medio. Tal vez por eso haya mandado a la policía a buscar a los periodistas al hotel donde trabaja Gabriela Torres, esposa del referente wichí Agustín Santillán y preso político desde hace tres meses. “Los policías entraron al hotel donde trabaja Gabriela Torres y le preguntaron a la dueña si había gente de afuera alojada. La dueña dijo que no pero no le creyeron y le exigieron el registro de huéspedes. Lo revisaron y vieron que no nos alojábamos ahí y amenazaron a la dueña diciéndole que tenga mucho cuidado con la gente que hospeda porque puede tener problemas”, detalló Eugenia.

Los periodistas no sólo fueron provocados por la policía dentro de Ingeniero Juárez, que merodeaba siempre por donde estaban hablando con la gente, sino que la persecución continuó una vez que llegaron al hotel y se conectaron al Wi-fi. Los compañeros formoseños -que están acostumbrados al hostigamiento de las autoridades- les habían advertido que no lo hicieran. Y tenían razón: acto seguido, el celular se desconfiguró.

A los diez minutos, tocaron la puerta de la habitación. Los periodistas abrieron sin preguntar quién era porque estaban esperando a otra compañera. Un hombre, que en ningún momento se identificó, les preguntó si querían comprar unos campos en Formosa.  “No sabemos qué hubiese sucedido si no hubiéramos estado en el lugar. Cuando entró, el hombre dijo lo del terreno como podría haber dicho cualquier otra cosa y quiso seguir la conversación”, contó Eugenia y agregó que esta misma persona les preguntó de dónde eran y qué estaban haciendo ahí.

Como si esta situación no fuera lo suficientemente  irregular, la comunicadora agregó que esta persona les dejó un número telefónico por si a alguien le interesaba un campo en Formosa. Teléfono que no existe. “Cuando se iba mi compañero vio que tenía un aparato raro en el bolsillo, como de esos celulares grandes ladrillo de antes, no sabemos si nos estaban rastreando con ese dispositivo”, concluyó.

1 Comment

Post A Comment