Revista Colibri | Rodolfo Walsh: periodista revolucionario
4776
post-template-default,single,single-post,postid-4776,single-format-standard,qode-quick-links-1.0,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,qode-theme-ver-12.1.1,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.4.4,vc_responsive

Rodolfo Walsh: periodista revolucionario

Comentario de ¿Quién mató a Rosendo?

Por Nicole Martin

Hace 91 años, un 9 de enero de 1927, nacía Rodolfo Walsh en la localidad rionegrina de Choéle-Choel. El niño que quiso ser aviador dedicó su vida a las letras y al periodismo, impulsado por el compromiso por la lucha de los trabajadores, los vulnerables y la verdad. Sus cuentos policiales, crónicas y notas periodísticas demuestran su valor en las descripciones simples donde se reflejan, profundidad mediante, algunas de las muchísimas injusticias de éste sistema. Murió en 1977, a un año del golpe militar y tras la publicación de su última denuncia: la Carta Abierta a la Junta Militar.

A continuación, un comentario literario de su obra ¿Quién mató a Rosendo?

El libro de Rodolfo Walsh reconstruye los hechos ocurridos el viernes 13 de mayo de 1966 en la confitería La real de Avellaneda, el enfrentamiento entre lasfracturas del peronismo que se llevó consigo las vidas de Rosendo García, Griego Blajaquis y Juan Zalazar.

La investigación del caso se publicó en siete notas en el semanario CGT entre el 16 de mayo y el 27 de junio de 1968, siendo de las primeras notas que Walsh escribió para el semanario.

En el contexto de la dictadura militar que se mantenía en Argentina desde junio de 1966, cuando un golpe militar encabezado por el Gral. Onganía derrocó el gobierno de Illia y reemplazó la constitución por el Estatuto de la Revolución y después de que el ministro de Economía, AdalbertKriegerVasena, anuncie su Plan de estabilización y desarrollo en1967, se fue creando una atmósfera de descontento en muchos sectores sociales, como los obreros. Estaban en contra del gobierno porque limitaba el poder de los sindicatos y suprimía el derecho a huelgas.

Con el avance del autoritarismo, diversos sectores comenzaron a simpatizar con el retorno de Juan Domingo Perón. La Juventud Peronista, integrada por jóvenes militantes, encabezaba este ideal. El régimen de Onganía presionó las reacciones de la sociedad y llevó al reordenamiento de las contraposiciones peronista y antiperonista.

En cuanto a la reacción del movimiento obrero, el dirigente sindical Augusto Timoteo Vandor -quien Walsh presenta como principal tirador de su propio sucesor, Rosendo, y describe su conflicto con Perón desde el 65- llamó a una huelga general a fines de 1966. Los enfrentamientos en el vandorismo al frente de la CGT se habían profundizado a principios de ese año, dando origen a la división de las 62 organizaciones de sindicales peronistas:De Pie (alonsistas y olmistas) y Leales (vandoristas). Dos años después, las corrientes opositoras a Vandor lograron desplazarlo, por lo cual, el mismo llamó a un nuevo congreso normalizador y partió la CGT en dos. Dio origen a la CGT azopardo y por el otro lado se creó la CGT de los argentinos, conducida por Raimundo Ongaro, el frente al que Walsh era cercano.

Pero las diferencias ideológicas y la represión de Onganía provocaron el debilitamiento de la CGT y nació una nueva ala del peronismo, denominada de izquierda. Así se fueron presentando como válidos métodos cada vez más revolucionarios y, hacia 1967, se estableció la organización montoneros por un grupo de alumnos del Colegio Nacional Buenos Aires.

El periodista, militante y escritor que se interiorizó en los significados de la división del peronismo y de la CGT, se sirvió de fuentes orales, como las entrevisas a Francisco Alonso, Nicolás Granato, Raimundo y Rolando Villaflor, del grupo Blajaquis, y a Norberto Imbelloni, del grupo vandorista, de testimonios de los obreros de la base y de textos emitidos por la prensa oficial-principalmente el diario La Nación-, la justicia y la policía. Documenta con testimonios directos y constancias del expediente judicial, aunque trata de exponer su invalidez y realizar su propia investigación.

Como lectora, el autor me deja la misma indignación que pretendió generar con su admirable obra literaria: Los fusilamientos de León Suárez en 1956 (Operación Masacre) y el Caso Satanowsky. A través del lenguaje, nos convierte a todos los trabajadores del país en destinatarios de un mensaje de lucha contra la opresión de los diarios, la policía, los jueces y la historia. Walsh utiliza su método periodístico para implantar las ideas, el inductivo, es decir, presenta la evidencia y permite que el lector encuentre las conclusiones. Lo que más me agradó del libro fue eso, que te acerca a la verdad desde cada perspectiva particular. Con una narración ejemplar, el libro logra exactamente la reacción que pretende, el hambre de periodismo revolucionario.

Sin comentarios

Postear un comentario