Revista Colibri | Salud disidente: marihuana medicinal
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Salud disidente: marihuana medicinal

Por Juano Fernandez Gullermo

¿Por qué “disidencias”?

Marihuana es el nombre popular que recibe la planta de Cannabis Sativa, aunque sus usuarios recreativos de todas las edades y condiciones sociales, la apodan “porro”.  Sin embargo, no es la recreación el valor más importante de esta planta. Hace algunos años se han descubierto sus cualidades paliativas y a finales del año pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que no hay riesgos en su uso medicinal. Su proceso de utilización se abre paso lentamente en la ciencia, la academia y fundamentalmente, en la sociedad.

Este descubrimiento no fue el de un fármaco más, de esos que suceden periódicamente, sino que vino a abrir un horizonte esperanzador para toda una población de pacientes que no encontraba respuestas a sus dolores constantes en la medicina tradicional. Alrededor del mundo, la Cannabis Sativa ha demostrado en uso medicinal respuestas clínicas muy favorables para enfermedades de extrema complejidad, como la epilepsia refractaria, el síndrome de West, la esclerosis múltiple, el HIV y el cáncer, entre otras. Tiene una gran respuesta en aquellas patologías refractarias, es decir, aquellas que presentan alta resistencia a los fármacos tradicionales. El 30% de las personas con epilepsia sufren este tipo de patología.

Uno de esos casos es el de Vito Mangani. Su padre, Juan Manuel, explica que es un caso bastante atípico: “Sufre del síndrome de punto onda continua durante sueño lento. Sólo hay sesenta casos en el país aproximadamente”. Se produce por una microgiria, una malformación en el cerebro que lesiona el sistema nervioso central. Es una patología edad dependiente, es decir, que ataca durante un período etario y luego desaparece. Aparece a los tres años, a los seis desarrolla su pico máximo y tiende a desaparecer en la adolescencia. No hay registro de mayores de 13 a 15 años que sigan convulsionando. Sin embargo, es importante paliar las crisis porque la enfermedad puede afectar el aprendizaje y el desarrollo cognitivo. “Vito convulsionaba 300 veces por día y sufría crisis de ausencia en las que estaba desconectado durante tres o cuatro días”, relata Mangani.

Vito Mangani antes del aceite

Su hijo fue atendido por cuatro neurólogos/as. Dos de ellos, Ricardo Cersósimo y Natalio Fejerman, son médicos honorarios del Hospital de Pediatría Garrahan, consultados ante casos complicados de este tipo. También probó al menos nueve medicamentos distintos: Carbamazepina, Ácido Valproico, Karidium Clobazam, Oxcarbamazepina, Pyxis, Keppra (Levetiracetam), Ospolot (Sultiamo), Zarontin (Etosuximida), Valium (Diazepam), además de un tratamiento con altas dosis de corticoides. Una de estas medicaciones es para adultos, otra lo hacía ver doble, otra lo dormía instantáneamente, otra, mal administrada produce hepatitis B. Vito debía hacerse dosajes de sangre periódicos, estudio que indica cuanta cantidad de droga hay en la sangre. Su familia ha llegado a gastar 90 mil pesos por mes en medicamentos.

Pero no surtían el efecto deseado.”A sus cinco años y medio, teníamos un nene en silla de ruedas que convulsionaba las 24 horas, no hablaba, ni comía bien, no iba de cuerpo y llegó a pesar 15 kilos con siete años”, cuenta Mangani.

La respuesta vendría en forma de fitofármacos, es decir, medicamentos cuyo principio activo es una planta o vegetal. De los derivados de la planta de marihuana, el más conocido es el aceite de cannabis, aunque hay también cremas y lociones. La Cannabis Sativa contiene más de 400 compuestos químicos diferentes. Posee glándulas llamadas tricomas, que concentran grandes cantidades de cannabinoides de 67 tipos distintos, siendo los más importantes el THC (Tetrahidrocannabinol) y el CBD (Cannabidiol). Mediante un proceso de maceración de cogollos –flores y brotes de marihuana- en alcohol de cereales, la posterior evaporación de ese alcohol y la descarboxilación, se obtiene un aceite fuertemente concentrado en cannabinoides, separando las glándulas del vegetal.

Mangani se enteró del aceite de cannabis vía Internet. Logró conseguirlo a partir de una comunidad cordobesa que lo fabricaba. “Comenzamos a dárselo por gotas y al mes exacto, Vito se paró de la silla de ruedas y le dijo a su madre que no quería usarla más”, dice.

Vito Mangani después de usar el aceite

A nivel mundial, el camino del cannabis medicinal se encuentra aún enmalezado. Pesa el estigma de decenas de años de prohibición sobre la marihuana. Si bien es una planta de uso milenario, se encuentra prohibida en la mayoría de los países desde hace aproximadamente ochenta años. En una revisión de 1925 de la Convención Internacional del Opio, se agregó la marihuana a la lista de sustancias prohibidas. Gran Bretaña la prohibió en 1928, mientras que EEUU hizo lo propio en 1937, con motivos de fuerte trasfondo económico (el cáñamo tenía fuerte empuje en diversos usos industriales). En nuestro país, las escasas fuentes varían en situar la prohibición en el año 1956 o 1961.

En 1961, la Convención Única sobre Estupefacientes definió a la marihuana en la Lista I, que comprende “las sustancias cuyo consumo puede ser abusivo y significar un riesgo especialmente grave para la salud pública, y cuyo valor terapéutico es muy limitado o nulo”.  La marihuana es clasificada como psicotrópico, es decir, como sustancia que modifica procesos bioquímicos o fisiológicos cerebrales, alterando el proceso de neurotransmisión, estimulando o inhibiendo la actividad.

Anteriormente a su prohibición, la marihuana era parte de la farmacopea, como rezan algunos recortes de diarios de comienzos del siglo XX. Campañas políticas, desinformación académica y mediática, sumado al papel de las instituciones eclesiásticas, han logrado cubrir con el estigma de “adicto” a todes les usuarios de marihuana, a pesar de que no se registra fatalidad alguna por su uso.

“Antes publicaba en Facebook los avances de Vito, pero dejé de hacerlo porque nos trataban de narcotraficantes o nos decían que queríamos usar la salud de nuestro hijo para hacer negocios”, comenta Mangani, y agrega: “Como si fuéramos publicistas del aceite”.

Pero la historia comenzaría a tomar otro curso, al menos en términos médicos. El descubrimiento de las cualidades medicinales de la planta del cannabis data de 1990, cuando se descubrió en el cuerpo humano el sistema endocannabinoide. Ese año, se halló el receptor cannabinoide CB-1 y en 1993, el receptor CB-2. Si bien son más de 20 años, se trata de un lapso de tiempo corto para la ciencia.

La fundación española Canna aporta una explicación científica: el sistema endocannabinoide es un sistema de comunicación intercelular, con importante relevancia en el sistema de neurotransmisión. Está compuesto por receptores cannabinoides y los endocannabinoides que interactúan del mismo modo que lo hacen una cerradura y su llave. Es un sistema endógeno, es decir, propio del cuerpo humano. Los cannabinoides sintéticos y fitocannabinoides (como el aceite de cannabis) interactúan con los receptores cannabinoides, actuando como una falsa llave, produciendo un efecto diferente al de los endocannabinoides (producidos por el cuerpo). La función principal del sistema de endocannabinoides es la regulación de la homeostasis del cuerpo, que influye en las funciones neuronales y en el metabolismo, entre otras.

En noviembre del 2017, el Comité de Expertos en Farmacodependencia de la OMS anunció que haría una revisión científica-médica sobre el componente químico Cannabidiol (CBD). Los resultados fueron muy positivos: el CBD no tiene efectos psicoactivos. Es decir, no es una sustancia peligrosa en primer lugar, y en segundo, tiene altas potencialidades terapéuticas. No registra reacciones de dependencia. Dice el informe que “Hay evidencia preliminar de que el CBD puede ser eficaz en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer, cáncer, psicosis, Parkinson y otros”.

Sin embargo, su uso medicinal se haría mundialmente famoso a partir de 2013, con el caso de Charlotte Figi, una niña de 6 años con síndrome de Dravet –epilepsia refractaria muy agresiva- de Colorado, Estados Unidos, cuyo video recorrió el mundo. A partir de esto, diversas madres comenzaron a investigar sobre el aceite tan preciado. Desde este punto de partida y tras la búsqueda infructuosa de soluciones por varios años, comenzaron a formarse organizaciones que desarrollan su activismo para educar sobre el cannabis medicinal y favorecer su distribución a todo aquel/la que lo necesitara.

Así nacieron Cannabis Medicinal Argentina (CAMEDA) y Mamá Cultiva (Chile), compartiendo la búsqueda incansable de madres para mejorar la condición de vida de sus hijes. CAMEDA surgió en 2015 con el objetivo de “alcanzar un marco legal y regulatorio para el tratamiento de quienes presenten patologías refractarias (que no responden a tratamientos convencionales)”. Esto incluye la investigación científica y el acceso al cannabis medicinal de forma legal, reglamentado bajo normas sanitarias de seguridad y calidad preestablecidas por control estatal y cubierta por prestadores de salud. Además, CAMEDA es representante de Argentina en la IACM (International Association Cannabinoids Medicines).

Mamá Cultiva, organización presente en distintos países de Latinoamérica, nació en Chile en 2013, nucleando a madres a favor del autocultivo de cannabis, como respuesta concreta y eficaz ante la incapacidad del Estado de proveer cannabis medicinal a todo aquel que la necesite. Comprendiendo que la dimensión de su tarea escapaba los límites fronterizos, desde Mamá Cultiva Chile se apoyó a otras madres que luego conformaron Mamá Cultiva Argentina, Perú, México, Paraguay y Colombia.

La Presidenta de CAMEDA, Ana García Nicora, es una de las dos primeras madres que intentan importar aceite de cannabis desde Colorado, EEUU. Sin embargo, la esperanza no se concretaría tan fácilmente. “El aceite quedó retenido en la Aduana, ya que el cannabis y sus derivados integran la Lista I de Sustancias Prohibidas de la OMS, por estar clasificada como psicotrópico”, explica García Nicora, madre de Julieta, joven que padeció epilepsia refractaria y discapacidad mental a raíz de una meningitis a los tres años. El aceite fue visado en abril de 2015, por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), dependiente del Ministerio de Salud. “El producto recién fue liberado seis meses después a partir del trabajo de investigación científica presentado por otra madre, un precedente muy importante”, añade la madre de Julieta.

Julieta, hija de García Nicora

Sin embargo, las complicaciones serían moneda corriente. La demora propia del trámite de importación –ANMAT en la Argentina, Instituto de Salud Pública (ISP) en Chile- con las implicancias que tiene en la calidad de vida de les pacientes, además de los requisitos engorrosos a cumplir para la importación (desde tener recetarios propios de ANMAT hasta enviar el currículum del medico tratante), sumado al alto precio de conseguir el aceite, empujó a muchas madres y padres a recurrir al mercado ilegal. “El tiempo es central en el tratamiento de pacientes con enfermedades tan complejas y las familias no pueden permitirse discontinuar algunos tratamientos”, afirma García Nicora.

Varias madres y padres se contactaron con cannabicultores solidarios, que aseguraban que su producción era apta para uso medicinal. Otres se dedicaron al autocultivo. En este último grupo, se encuadra el trabajo de Mamá Cultiva.

“No nos podemos conformar que permitan la importación del CBD, y que solo la élite pueda pagar los altos costos de esta medicina”, afirma Paulina Bobadilla, Presidenta y fundadora de Mamá Cultiva. La madre de Javiera, niña con esclerosis tuberosa y una epilepsia secundaria a esta primera, explica los tres pilares fundamentales que encaran los proyectos de Mamá Cultiva: “El autocultivo, el cultivo comunitario y colectivo, y el tercero, la producción de fitofármacos a un precio económico”.

Paulina Bobadilla y su hija Javiera

En la búsqueda de amparo legal, ambas organizaciones presentaron y presentan batalla en el terreno legislativo. CAMEDA fue la organización más beligerante a la hora de construir un proyecto de ley que permita la investigación y la producción sobre el cannabis y derivados para uso medicinal. Contó con el aval de personalidades como Martín Randazzo (UCR), Silvia Kochen (investigadora del CONICET y directora de la Sección de Epilepsia del Hospital Ramos Mejía), Marcelo Morante (médico y docente de Universidad Nacional de La Plata) y distintos diputados como Nilda Garré y Juliana Di Tulio (FPV) y Myriam Bregman (PTS-FIT).

El esfuerzo de un año de trabajo se cristalizó en la Ley 27.350 de Uso Medicinal de la Planta de Cannabis y sus derivados, que tomó forma como Programa Nacional. Fue aprobada por unanimidad en senadores y diputados en marzo de 2017 y reglamentada en septiembre de ese año. Se constituye como un punto de llegada y también de partida. A grandes rasgos, la misma establece la coordinación de distintas instituciones estatales científicas y académicas para la investigación y producción de cannabis medicinal, además de la creación de un padrón voluntario para pacientes de epilepsia refractaria para la obtención gratuita de aceite y la creación de un Consejo Consultivo Honorario, donde tuvieran participación distintas ONG activistas del tema. Este consejo estaría integrado por diez miembros representantes de: el Ministerio de Salud, el CONICET, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la Agencia Nacional de Laboratorios Públicos (ANLAP), el Consejo Universitario Nacional (CIN), ANMAT, la Defensoría del Pueblo de la Nación y tres representantes de organizaciones civiles vinculadas al cannabis medicinal, inscriptas en el Ministerio de Salud.

Sin embargo, a casi un año, los avances son escasos. El Registro Nacional de Pacientes en Tratamiento con Cannabis (RECANN) sólo está recibiendo formularios. “La inscripción es voluntaria y restringida solo a pacientes con epilepsia refractaria”, sostiene García Nicora. Pacientes con otras enfermedades deben seguir procurándose el cannabis medicinal de otras maneras. De cualquier manera, el padrón no es una ventaja para les primeros. Por otro lado, ni el CONICET y el INTA están cultivando, como establece la ley. “Hay laboratorios públicos en diversos puntos del país dispuestos a producir, como en Córdoba, San Luis y Santa Fe”, asevera García Nicora.

CAMEDA es una de esas organizaciones que componen el Consejo Consultivo.  Explica García Nicora que aún no hubo una primera reunión para establecer prioridades y un plan de acción. Mangani, por su parte, es bastante escéptico sobre la ley y declara que “Esa ley sólo le da la investigación a los laboratorios, que son los únicos beneficiarios, el padrón a desarrollar debería permitir el autocultivo”.

García Nicora opina: “Hasta que todo se vaya acomodando, hasta que todo esté reglamentado y se implemente, convivirán la importación, el autocultivo y el cultivo solidario. Desde CAMEDA, acordamos con todas las formas posibles de proveerse cannabis medicinal, siempre en acuerdo a normas establecidas de salud”.

Parte de las falencias y demoras en la implementación de la ley tienen que ver con el cambio de Ministro de Salud que llevó adelante CAMBIEMOS, a la par de la rotación de funcionarios de alto rango de esa cartera. Mauricio Macri pidió la renuncia de Jorge Lemus, ministro desde la asunción del nuevo gobierno. Lemus, quien fue anterior Ministro de Salud de CABA entre 2007 y 2012, pasó a ser reemplazado por su número dos, Adolfo Rubenstein, anteriormente secretario de Promoción y Control de Riesgos.

 

La prohibición histórica sobre la marihuana tiene fuerte arraigo en las instituciones judiciales y policiales. Cuenta Bobadilla que en los comienzos de Mamá Cultiva se mantuvieron reuniones en secreto con los diferentes ministros del gobierno de Piñera para estar cubiertas y que “no se les quite a los niñes”, ya que el SENAME (Servicio Nacional de Menores) decía que se les estaba dando una droga ilícita. La fundadora de Mamá Cultiva profundizó: “La policía y la fiscalía no están en sintonía con la ley sancionada y la mayoría de las familias cultivadoras de Chile son criminalizadas. Hemos tenido madres detenidas, madres allanadas y sigue pasando. Lo peor es que te quitan las plantas, la medicina”.

Sólo en el año 2013 en Chile, hubo 1687 detenciones por cultivo. En Argentina, hay varios casos conocidos en los últimos años. El artículo 5 de la Ley de Estupefacientes (23.737), vigente en nuestro país, fija penas de entre cuatro y quince años, además de multas para quien siembre o produzca estupefacientes, independientemente de que droga sea (marihuana, cocaína, morfina, paco, etc).

Sin embargo, en 2009 dos fallos tocieron la balanza hacia el lado de les cultivadores, sentando importantes precedentes. En el fallo “Arriola”, la Corte Suprema de Justicia argentina reconoció la inconstitucionalidad de penar a una persona mayor por tenencia de marihuana para consumo personal, cuando se restrinja al ámbito privado. En el mismo año, la Sala I de la Cámara en lo Criminal y Correccional Federal en el fallo ‘’Dora y otra s/sobreseimiento’’ determinó que cuatro plantas de cannabis con un peso de 75 gramos eran para consumo personal.

En su paso por la Cannabis Conference 2018 en Uruguay, uno de los pioneros de la cannabis medicinal a nivel mundial, Ilya Reznik, virtió opiniones que evidencian otros intereses que están en juego con la incorporación de la marihuana a la medicina. Reznik es un medico israelí y dirige el Centro de Tratamiento de Stress Post Traumático y la Unidad de Investigación Clínica del Centro de Salud Mental en su país. Ha elaborado diversos ensayos sobre el uso médico de los cannabinoides en varias enfermedades neuropsiquiátricas. En declaraciones al medio argentino Infobae, Reznik dice: “Usar tratamientos con cannabis deriva en una importante reducción del consumo de sedantes, relajantes musculares, analgésicos, medicamentos para la hipertensión, servicios de fisioterapia, etc. Hay muchos sectores que parecen no estar interesados en que se dé a conocer información confiable y contrastable sobre el impacto de los tratamientos en base a cannabis”. El médico agrega que “Es una industria promisoria pero no es muy rentable en este momento, debería serlo el día en que sea incluido como una sustancia provista por los seguros médicos oficiales.”

Desde CAMEDA advierten que el tratamiento con cannabis no es inocuo, tiene contraindicaciones y efectos secundarios, podría tener interacciones con otros medicamentos. “Estamos hablando de una cuestión de salud, el cannabis es una alternativa terapéutica más que debe estar acompañada por une profesional”, concluye García Nicora y agrega que “Tantos años combatiendo contra la adversidad, construimos en un marco de vacío académico, científico, jurídico y legal y logramos sacar la ley en un año, por unanimidad en ambas cámaras”.

Por su parte, Bobadilla, contra las instituciones que frenan el proceso, se empodera: “No pueden contra nosotres. Tenemos argumentos irrefutables, son nuestros hijos con una mejor calidad de vida”.

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