Revista Colibri | “No existe huelga en la cual las mujeres no hayamos estado, la hicimos o la sostuvimos”
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“No existe huelga en la cual las mujeres no hayamos estado, la hicimos o la sostuvimos”

 

Por Julieta Belén Gallart Mongé

Historia de las huelgas feministas

En el marco de la organización del Paro internacional del 8M, el primero de marzo se realizó una asamblea en la Escuela de Feminismo Popular Nora Cortiñas. En la misma, la historiadora Valeria Pita se refirió a las diferentes huelgas realizadas a lo largo de la historia por las mujeres y cómo sirvieron de herramienta para la manifestación y el reclamo, y afirmó: “Es en la reconstrucción de una memoria compartida, de las que estuvieron antes, que podemos tener la fortaleza de que no estamos solas, no somos las primeras y que esto no es un descubrimiento, sino que es una continuidad. En ese fortalecimiento es que podemos vernos, reconocernos y transmitir a nuestras hijas el buen peso de tener una historia propia”.

Asamblea de mujeres huelguistas en Dagenham, 1968

Bajo esa noción, la historiadora expuso pequeñas y desconocidas experiencias colectivas en las cuales mujeres de distintos sitios y en distintos momentos se organizaron para decir ‘basta’.

Una de las huelgas está relacionada con el sexo, cuando las mujeres decidieron dejar de practicarlo. Ocurrió en África- Kenia, Nigeria, Ghana- en la década del ’80. Frente a situaciones de desigualdad y sobre todo en contexto de la violencia de la guerra, las mujeres colectivamente se negaron a tener sexo hasta que los hombres no se sentaran y comenzaran a hablar sobre la paz. “Esto implicó poner el cuerpo como campo de batalla”, expresó Pita y reafirmó que “Es la fortaleza del cuerpo, pero también es la debilidad del cuerpo, porque no hay nada que pueda ser más vulnerado que el cuerpo de las mujeres y eso lo sabemos por experiencia colectiva y personal cada una de nosotras”.

Esas mujeres movilizaron a lo largo de toda una década acciones colectivas que pusieron en jaque lo que se daba por natural: los hombres iban a la guerra para dirimir sus conflictos, mientras que las mujeres eran violadas. “Las guerras no se libran tan solo mediante las armas, sino que las mujeres y las niñas somos motín de guerra”, manifestó la historiadora y agregó que “Cuando tenían todo para perder, tuvieron todo para ganar”.


Otra experiencia colectiva fue la de unas mujeres francesas en la década del ’60 que ejercían la prostitución y que frente a la muerte en las calles de algunas de sus compañeras y la antipatía que demostraba la policía, se metieron en la Iglesia María Magdalena- con clara alusión a la mujer que había ejercido la prostitución- en forma de protesta. “No solo las prostitutas dejaron de trabajar, sino que ocuparon un lugar que se consideraba sagrado, para volver sagrado la propia concepción de sus propias vidas que estaban tan desvalorizadas en el trabajo y en el intercambio”, explicó Pita.

Huelga de mujeres en 1975 en Islandia.

A su vez, a lo largo de la historia también hubo huelgas de trabajo, como la que realizaron las islandesas cuando decidieron dejar de trabajar y de cuidar. Fue en 1975 que hicieron una manifestación con un nombre donde no aparecía la palabra huelga, sino que fue denominado El día libre, en el que decidieron no hacer ningún tipo de trabajo. “El 90 por ciento de las mujeres de esa isla dejaron de ir a trabajar, dejaron de cocinar, dejaron de dar el remedio, de bañar a los niños y a los ancianos, paralizaron todo y obligaron a algo: a reconocer igual salario por igual tarea”, sostuvo Pita.

En cuanto a Argentina, en el año 1917 se desarrolló la primera gran huelga ferroviaria. “Las mujeres fueron las que sostuvieron por más de dos meses las ollas populares, las que con sus criaturas a cuestas se mantuvieron firmes en las asambleas, estando y calentado el agua para el mate”, contó Pita y agregó: “Deberíamos preguntarnos por qué esa historia no está en nuestro registro, por qué en esa gran huelga hemos desaparecido del relato. No existe huelga en la cual las mujeres no hayamos estado, la hicimos o la sostuvimos”.

Históricamente se ha valorado más, se ha jerarquizado más, el trabajo de la producción- el trabajo asalariado- al trabajo de la reproducción.

“En esa división, las primeras que fuimos a lo largo del tiempo reconociendo el valor que tiene nuestro trabajo no remunerado y nuestro trabajo reproductivo, fuimos las propias mujeres. Sabemos que lo que hacemos es trabajo, es trabajoso, muchas veces es doloroso, nos duele el cuerpo al traer el agua a la casa, alzar a los pibes, fregar, hacer las compras”.

Según la historiadora, lo que tendríamos que reconsiderar es la dimensión política en la vida cotidiana. Pita concluyó: “El proceso en el cual algo que es político, se vuelve natural, común y corriente y no se discute, es un ejercicio cotidiano de construcción de relaciones jerárquicas de poder. Está en nosotras volver a pensar cuán artificial es la división entre lo que es el trabajo reproductivo y productivo”.

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