Revista Colibri | “Antonietta”-Vuelos de Emergencia
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“Antonietta”-Vuelos de Emergencia

Por Dafne Mociulsky

No sé por dónde empezar con esto, si por las tortugas gigantes o por mi bisnonna Maranna. En realidad quiero hablar de mi tía Antonietta, tía abuela mía. Así que comenzaré por esas tortugas que tenía Antonietta en su patio. Ella vivía enfrente, recién a mis diez años me enteré de la existencia de esas mascotas, así empezaron las visitas frecuentes por mi cuenta. Ella era muy irónica y odiosa, solía repetirme – L´amore no existe – y yo se lo debatía, hasta recuerdo mis argumentos mamíferos. Se reía de mí, sus hijas también. En esa familia se estilaba burlarse del amor. Les parecía muy absurdo que yo dedicara parte de mi tiempo a estar con esas tortugas santiagueñas en el patio y que me haya encariñado tanto con ellas. Siempre amé a los reptiles y en mi infancia aún no estaba tan mal visto tener tortugas  de tierra como mascotas domésticas. Yo tenía la mía: Bichita, prefiero no recordar cómo murió. Pero las de la tía eran de otra especie, más chatas, con cuadrados grandes y tirando a grises, la hembra mordía, había que tener cuidado. A mí nunca me mordió.

Antonietta no amaba a su marido Santo, así se llamaba el difunto electricista. Ella también falleció, hace unos seis años. Estuve en su velorio y dormí toda la noche. Pero pará, este relato es difícil de construir, se remonta a Sicilia, a personas que nacieron durante las primeras décadas del siglo pasado y a fines del siglo XIX y llega hasta mí en este modernoso y tecnológico 2017 en El Palomar, el núcleo, el denominador común de todo esto: Palomar.

Antonietta era mala, hizo cosas terribles, maltrató a mucha gente cercana y querida. Sin embargo, nadie nace mala, somos archivos en blanco al nacer y nos van llenando de cosas, se supone que en la vida adulta se está en condiciones de cuestionar la cultura heredada para comenzar a ser quien una quiere ser, pero dale, en Capizzi eso aún no se estilaba en los años 40. No casarse era una desgracia, ¿escucharon canciones folklóricas de esa zona? ¿Entienden de qué se tratan esas letras?, busquen en youtube ¨Si maritau Rosa¨, un clásico y una clara representación de los valores que les inculcaban a las pibas de la época.

Maranna, antes de ser la mamá de Antonietta, Giussepina (mi nonna materna), Nino, Signorina y Eleonora, no quedaba embarazada en los primeros años de matrimonio, entonces, no se sabe cómo porque la historia se borronea y dispersa cuando no se la rescata, adoptaron un nene, tampoco se sabe cuántos años tenía o si era bebé, se llamaba Giusseppe, ni sabemos si vive. A ver: Maranna y su marido criaron a Giusseppe hasta que, tras diez años de matrimonio, al fin quedó embarazada. Ahora se viene otro hueco que nos lleva a una elipsis forzada: Giusseppe teniendo entre 12 o 14 años, quiso irse a L´América, supongo o quiero suponer que tenía contactos en Nueva York que lo habrán recibido, pues sus padres adoptivos le pagaron el pasaje y viajó solito, otra cosa del pasado que no estaba tan mal vista. Mantuvieron correspondencia postal, se dice.

Maranna dio a luz una niña que nació muerta y se hubiera llamado Eleonora… Siguieron adelante con el proyecto familiar y así nació Signorina, luego Nino, Antonietta, Giussepina y… Eleonora, sí, parece un capicúa medio macabro. Eleonora todavía vive, es más: estoy escribiendo esto en un cuarto cuya pared limita con la casa de ella, debería visitarla, está viejita, hoy preguntó por mí. Es la única sobreviviente de todos sus hermanos y hasta tuvo (tuvimos) la desgracia de que se le haya muerto una hija de cincuenta años, pero no nos vayamos por ahí. Esto no es lo más triste que quiero contar.

A las hembras había que sacárselas de encima pronto, según la cultura y el contexto sociohistórico de la época y el lugar, ese Capizzi inaccesible, escondido del tiempo. Signorina a los catorce años se fugó para juntarse con un primo, con el cual se terminó casando ante la resignación de todos por el acto consumado. De Nino mucho no sé ni me importa, los varones no la pasaban tan mal y creo que era medio mafioso. Una sola vez lo vi cuando vinieron de visita, pude practicar un poco mi italiano entreverado con dialecto con él. Igualmente se casó joven y liberó a sus padres. Mi nonna también se casó joven con Antonio, mi verdadero nonno que nunca conocí, el papá de mi mamá que falleció de la manera más absurda: después de haber estado como prisionero de los alemanes en la segunda guerra mundial, de sobrevivir al hambre y las inclemencias de la posguerra con una mujer joven y cuatro hijos, después de haberse gastado todo para poder venir a Argentina y comprar este terreno junto a Eleonora y los suyos para que ambas familias se construyeran sus casas, donde estoy yo ahora, murió en la estación de tren, acá en Palomar, tenía una camisa abierta flameando al viento, estaba muy al borde del andén y, cuando llegó el tren una punta de su camisa se enganchó y lo arrastró entero hacia su muerte. Hacía muy poco que habían llegado, Giussepina ni tuvo tiempo de aprender el idioma, la casa todavía era sólo terreno y estaban viviendo provisoriamente hacinados en una piecita en la casa de Antonietta. Pero no me quiero adelantar, debo respetar la cronología de los casamientos, porque entre ellos hay un hecho determinante en esta historia.

Signorina, Nino y Giussepina ya estaban casadxs y con hijos, sumémosle que transcurrió la segunda guerra mundial entre la infancia y la adolescencia de estas personas y que se empobrecieron mucho y que siempre se estaba hablando de cruzar el océano para empezar una vida próspera. Eleonora también se casó joven con Cichio (así se escribe y se pronuncia Chicho masomenos), mi nonno Antonio les hizo gancho. Cichio era un copado, siempre hacía alarde de que con Eleonora se echaban seis polvos por día y ella le seguía la corriente y remataba – nos acostamos dos y nos levantamos tres – y nos reíamos, ¡conservaban ese humor siendo viejos!, siempre estuvieron enamorados. Bien, pero faltaba Antonietta que tenía otras ambiciones, quería estudiar, tocaba el violín y era modista. Tenía un novio del cual estaba enamorada, ese novio partió hacia Estados Unidos y ese barco tuvo un accidente por lo cual murió en altamar. Aquí comienza la desgracia de Antonietta, pues pasaban los años y no se había vuelto a ennoviar y ya contaba con más de treinta, inaceptable para como se vivía en Capizzi. Maranna, ya viuda, se la quería sacar de encima a como dé lugar, entonces de algún modo que no sé, contactaron a Santo por correspondencia, quizás recomendado vaya una a saber por quién. Santo hizo trampa y mandó una foto de cuando era más joven y apuesto, aún sin saber la verdad Antonietta no quería saber nada. Ya tenía treinta y cuatro la pobre y la casó a la distancia, es decir, se hacía la ceremonia y se la exhibía como novia de blanco por el pueblo, con fiesta y todo, comprometiéndola pese a que el novio ya estaba acá enfrente de mi casa, en Palomar, esperándola. Así que ya estaba casada, quisiera o no. Había que embarcarla hacia Argentina y ella no quería, entonces Maranna la encerró en una habitación muy pequeña que usaban como guarda cosas y la re cagó a palos, una golpiza épica que toda la parentela recuerda. Mi nonno Antonio, queridísimo por sus cuñadas, fue quien la acompañó hasta Venezia para embarcarla, ella quería escaparse en el camino, pero de algún modo Antonio la convenció de viajar. Llegada a Buenos Aires, en vez de ir hacia Santo, intentó salvarse una vez más y se ve que tenía la dirección de un primo de Maranna: Iápico, que vivía en la capital. Estuvo refugiada con su familia hasta que le llegó una amenazante carta de su madre diciendo: Querida, tenés que enfrentar a tu marido. Se ve que Iápico muchas ganas de bancarla tampoco tenía, así que el destino la fue empujando hacia un hombre que no sólo no amaba, ni siquiera conocía y además era mucho más feo y arruinado que en la foto que ella tuvo como referencia y le faltaba un dedo. Me pongo en su lugar, entregar tu cuerpo, quizás virgen, a un hombre asqueroso, desconocido, que ya mintió una vez. Si fuera sólo eso, entregar el cuerpo una vez y ya, no, mucho peor: ser su mujer para siempre, madre de sus hijas, vivir juntos hasta que la muerte los separó. También estuve en el velorio del tío Santo.

Para ser justa, tengo que decir que Santo era un buen hombre y fue tratado como basura por Antonietta durante toda la vida, siempre le tuvo asco. Le salió muy mal la jugada a este hombre, pagó el precio por especular con que ella era modista y que haría un gran negocio, la vio como a una franquicia, una adquisición conveniente. Una pareja horrible, ni quiero imaginar cómo fueron los polvos que trajeron al mundo a sus hijas. La mayor enloqueció, la otra no, fue más fuerte.

Nunca supe ni pregunté qué pasó con esas tortugas, por las dudas prefiero no saber. La casa sigue deshabitada y tan sucia como la dejaron.

Ahora entiendo a Antonietta, tuvo ambiciones, amó, perdió. Nació en el lugar y el momento equivocados. Le hubiera encantado ser feminista, dedicarse al arte, al diseño de ropa, podría haber llegado lejos en eso en vez de geográficamente para venir a estancarse acá, donde no hay montañas ni tarantellas. Fue nonna casi al final de su vida, pues su hija menor fue madre a los 44. Vivió sus últimos tiempos sola con su hija loca que gritaba alucinada y se escuchaba por toda la cuadra. Antonietta fue terriblemente castradora con su marido y sus hijas, creo que todo lo que sufrió la llevó a ser así, desamorada, mala, fría. No obstante, hoy la siento distinta, recién hoy supe lo del muchacho amado que murió en altamar, ese amor la iba a llevar con él ni bien se hubiera instalado en USA, imagino su corazón destrozado para siempre y la imposibilidad de vivir la vida como hubiera querido, la imagino voluntariamente violada por Santo años más tarde, construyendo su odio, su eslogan – L´amore no existe – y sí, tía, para vos no existía.

Que en paz reencarnes.

BIO: Dafne Mocilsky nació en Buenos Aires en 1978. Tuvo una vida desprolija, tiene más mudanzas que años y quizá eso haya influido en su creatividad e inestabilidad. Publica su obra desde el año 1997, ya lleva 16 libros publicados, la mayoría con su propio sello Editorial Duniashka Ediciones. Participó activamente en la FLIA, actualmente se encuentra en arios proyectos. Entre ellos la colección Descosidas difundiendo la poesía de escritoras actuales e independientes. Además es mamá de un músico, tiene un perro y le gustan las mandarinas.

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