Revista Colibri | Ma, ¿qué es el honor a la patria?
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Ma, ¿qué es el honor a la patria?

Por Daniela Garrido

Imagen: Muestra MALVINAS del MUNTREF

Ayer vino Juan a casa. Mamá me dijo que lo invitara para que juguemos en el jardín. Es raro porque casi nunca nos deja pasar toda la tarde ahí, dice que despertamos a los vecinos de su siesta. Pero ayer estuvimos toda la tarde jugando a la pelota.

Como todos los domingos vino la abuela a comer a casa con el abuelo, pero el tío no vino. Él me regaló la pelota con la que siempre jugamos con Juan. Mamá y la abuela se la pasaron tomando café y fumando. Es raro porque mamá no fuma; la última vez que la vi fumando fue cuando papá estuvo fuera de casa una semana.

Antes que la abuela se vaya le pregunté dónde estaba el tío, él siempre viene y le gusta jugar conmigo. Me dijo que se había ido de viaje por un tiempo. Me quedé triste porque al tío le gusta estar con nosotros, nunca contó que se quisiera ir de vacaciones.

– ¿A dónde se fue el tío, abuela?

Mamá me sentó en el sillón  y me contó que el tío estaba lejos, al sur, donde hacía mucho frío. Y que se fue porque quería defender el honor de la patria.

– ¿Qué es el honor de la patria, abuela? Al tío no le gusta el frío, siempre se queja cuando tiene que salir en invierno.

Mamá me dijo que hay gente mala que nos quiere sacar lo poco que tenemos, y que el tío estaba en una isla intentando salvarlo, que había mucha gente apoyándolo desde acá y que lo íbamos a lograr.

¿Qué íbamos a lograr? Me fui a mi pieza y Juan se fue a su casa. El tío tenía unos años más que yo. El tío no podía salvar una isla. ¿Y quiénes eran los malos? ¿Por qué querían sacarnos lo poco que teníamos?

Al otro día me desperté, convencí a mamá de no ir a la escuela, no me costó mucho. Se la pasó viendo la tele. Desde el patio se escuchaba una voz relatando lo que pasaba en la isla, en donde de vez en cuando caían bombas, pero la voz decía que la bandera argentina no dejaba de flamear, y que estábamos bien. Yo quería que estemos bien y que el tío volviera a casa. Aunque la voz del televisor era suave y hacía algún que otro chiste, mamá no dejaba de fumar.

-Ma, ¿por qué el tío se fue al sur, si no le gusta el frío?

-Ya te dije, hay veces que uno tiene que sacrificarse por el honor a la patria. El tío va a volver y va a ser un vencedor.

-Yo creo que el tío no quiere ser un vencedor, a él le gusta jugar a la pelota, tomar mate con la abuela y cuidar a sus gatos. Yo quiero que vuelva, lo extraño.

En la escuela todos hablaban como la voz del televisor. Decían que ya habíamos ganado, que los ingleses (creo que los malos) se iban a tener que rendir. No me animé a decir que mi tío estaba ahí, quizás porque no quería que esté ahí.

Me acostumbré a jugar solo los domingos a la pelota. Mamá ya no fumaba, pero tampoco hablaba. Yo no quería preguntarle por el tío, pero me lo imaginaba llegando con su moto y helado para el postre.

A veces me despierto a la noche pensando en él. Creo que mamá también piensa, a veces la escucho llorar.

Ya no escucho más la voz del televisor ni las canciones que cantan “Argentina venceremos”, es sábado y capaz mañana el tío venga y juguemos a la pelota.

Pero el tío no vino ni ese domingo, ni el siguiente. El abuelo y mamá colgaron una foto suya al lado de la puerta.

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