Revista Colibri | Historia de amor, pérdida e identidad de género
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Historia de amor, pérdida e identidad de género

Crítica a “Una mujer fantástica”

Por Julieta Belén Gallart Mongé

Calificación: 7,5/10

Título original:Una mujer fantástica. Año:2017. País:Chile. Director:Sebastián Lelio. Guion:Sebastián Lelio y Gonzalo Maza. Elenco:Daniela Vega, Francisco Reyes, Luis Gnecco, AlineKuppenheim, Nicolás Saavedra, Amparo Noguera, NéstorCantillana, Alejandro Goic, Antonia Zegers, Sergio Hernández.Música:Nani García y Matthew Herbert. Fotografía:Benjamín Echazarreta. Edición:Soledad Salfate. Distribuidora:Mirada. Género:Drama.Duración:103 minutos. Fecha de estreno:22-02-2018. Apta para mayores de 13 años.

Una mujer fantástica, film ganador del Oscar a la Mejor Película Extranjera en la última entrega de los premios de la Academia y con la que Chile obtuvo su primera estatuilla dentro de esta categoría, es un largometraje con rasgos de realismo mágico que habla sobre el amor de pareja y del proceso de duelo; de la identidad de género y su recepción en la sociedad. Se estrena hoy en el Gaumont a un precio accesible y todavía se encuentra disponible para verla en otros cines argentinos.

Marina y Orlando son una pareja que ya llevan un largo tiempo juntos. Son cariñosos entre ellos, comparten el mismo departamento, salen a cenar y a bailar. Disfrutan sin prejuicios de su amor. Todo cambia cuando Orlando fallece inesperadamente y ella tiene que ponerse en contacto con la familia de él, que la rechaza por ser una mujer transgénero.

Una mujer fantástica es una película bien construida, cuyo mayor acierto es la historia que tiene para contar. Lejos de la convención clásica de pensar que el amor solo puede darse entre un hombre y una mujer, este film comienza mostrando la feliz relación que tienen un hombre y una mujer trans, en la que hay amor, risas y respeto. Sin embargo, este vínculo es para la familia de él algo incomprensible, una ofensa ante los ojos de Dios y un ataque al orgullo de esta familia chilena de clase alta. Marina es para ellos una puta, alguien con quien Orlando sólo estaba para su propio divertimento, y también la consideran una oportunista con la que hay que tener cuidado de que no se quede ni con la casa ni con el auto. Marina, sin embargo, entiende que legalmente esos bienes le pertenecen a la familia de él; ella lo que quiere es poder despedirse de Orlando en el velatorio–“Es un derecho básico despedirse de una persona querida”, dice Marina cuando la echan de la Iglesia- y quedarse con Diabla, la perra que él le había regalado y con la que había formado un vínculo.

A su vez, la película es útil para manifestar la situación actual que viven las personas trans en Chile: no hay una ley que permita el cambio de género. Esto se puede ver en la escena en la que, ante el fallecimiento de Orlando, la policía le pide a Marina su identificación y que diga su nombre: ella dice que se llama Marina, pero en el documento figura otra cosa. Si bien en Chile hay un proyecto de ley de Identidad de Género en trámite- para que las personas que lo deseen puedan cambiar legalmente su sexo-, su aprobación está demorada hace cinco años. Esto es también lo que el film pone sobre la mesa y fue lo que planteó Daniela Vega- la actriz que interpreta a Marina- cuando a su llegada a Chile con el Oscar de Mejor Película Extranjera bajo el brazo y reunida con la que en aquel momento era la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, dijo delante de los medios: “En mi carnet hay un nombre que no es mi nombre, porque el país donde yo nací no me entrega esa posibilidad”.

Un rasgo bello del film es que si bien es un drama realista, por momentos tiene escenas con tintes fantásticos –como cuando Marina lucha contra una poderosa ráfaga de viento en una calle de la ciudad o cuando ve a Orlando, que ya había fallecido, en un boliche y se besan-. Este realismo mágico que presenta la película concuerda con el proceso de duelo que ella está viviendo, es el haber perdido a Orlando lo que quiebra su realidad y modifica su percepción.

Una mujer fantástica es un film que habla sobre el amor y de la pérdida de una persona querida, y aprovecha ese paraguas narrativo para exponer la realidad actual que viven las personas transgénero en Chile y la dificultad que presenta la sociedad para ver más allá de lo heteronormativo. Sin importar el género, el disfrute del amor y el dolor ante la muerte de un ser querido son sentimientos que experimentamos todas las personas.

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