Revista Colibri | “Adiós a la heterosexualidad” – Vuelos de Emergencia
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“Adiós a la heterosexualidad” – Vuelos de Emergencia

Por Dafne Mociulsky

I

Y un día se murió.

No del modo como usualmente lo hacen los muertos.

Lo supe cuando hoy no me contestó la llamada

y percibí la sombra tendida en la distancia:

la prenda nubosa de un amor invisible. Creo que son 2000 km de silencio.

Antes de eso le mandé una bomba que no pudo detonar,

o un archivo que no pudo abrir, es lo mismo.

No pude darle las gracias, ni los golpes.

Tengo una sensación rara: podría estar triste, pero tengo mucho que hacer

y los martillazos rompen la pared,

alguien cumple años,

hoy es el día del amigo,

anoche olvidamos sacar la basura,

el perro duerme.

Todo eso está pasando ahora, mientras pienso en cómo se murió.

Claro que esto es transitorio, algunas cosas no pasan, otras sí.

 

II

Durante muchos años estuve en la vidriera de los vivos,

a veces fui ese adornito que de pronto recordaba

y me daba utilidad durante algún tiempo,

después me olvidaba, invariablemente, hasta nuevo aviso.

Pero como yo también tengo mi vitrina de la que saco y pongo

extractos de lo que yo rescato de los demás, hoy se me rompió de nuevo

el conjunto incorpóreo que lo formaba para poder verlo sin estar.

 

III

Al final, todos somos hologramas no proyectados cuando no nos vemos ni por facebook.

Vivimos en las películas caseras de quienes nos piensan.

Si se nos desarrollaran dispositivos telepáticos naturalmente,

afinando la intuición

y pudiéramos percibir cada vez que alguien nos da play,

supongo que enloqueceríamos tanto

que ya nadie estaría loca.

 

IV

Una llamada contestada hoy,

hubiera sido como si se hilvanara un vestido patchwork de todas estas cositas,

con colores muy tristes y muy alegres, sin grises,

con texturas suaves aportadas por mí y ásperas de su parte.

Estamos lejos y sin hablarnos, eso es tan innecesario como soñarnos

o seguirnos preguntando ¿y qué tal si…?

En algunos tramos, la duda es asesina. Yo hice, él no.

Cada vez que estuvo a punto de hacer y ser, se retractó

y se llevó un imperio roto a cuestas,

chorreando realidades como un termo resquebrajado que llora astillas de vidrio.

Pudo ser poesía, pero fue poesía igual.

 

V

Yo me quedé con tanta hambre que aprendí a ayunar y a sentir placer.

Como no es la primera vez que se me muere,

hay todo un manual de procedimientos,

más que un manual, un barrio por el que paso en bondi

y reconozco cada casa del recorrido.

Hasta brillan algunos rostros.

Muchas veces lo traje de vuelta, a pedido de él.

Ahora estoy cansada,

tengo muchos años y mis lobos están calmos,

no quiero que nadie los despierte

para mostrarles una comida

que no les convidarán nunca, jamás.

 

VI

Puedo irme a otros lados,

abrirme canales como ríos de mi sangre motora

(yo soy un río, también).

Puedo navegar en la vida

como el ácaro aferrado a la almohada seleccionada para el viaje.

Hay ácaros que cruzan el océano antes

que muchas personas que no desean nada

y seguramente son más felices que yo

(me refiero a esas personas y a los ácaros también).

 

VII

Me vino bien amar, de todos modos.

Tenía que saber que podía, que no soy tan mala.

Nunca fui mala,

sólo iracunda como un volcán reemplazado a último momento por un tsunami,

nerviosa como el desacuerdo entre dioses,

fuerte como la ira de la esperanza.

 

BIO: Dafne Mocilsky nació en Buenos Aires en 1978. Tuvo una vida desprolija, tiene más mudanzas que años y quizá eso haya influido en su creatividad e inestabilidad. Publica su obra desde el año 1997, ya lleva 16 libros publicados, la mayoría con su propio sello Editorial Duniashka Ediciones. Participó activamente en la FLIA, actualmente se encuentra en arios proyectos. Entre ellos la colección Descosidas difundiendo la poesía de escritoras actuales e independientes. Además es mamá de un músico, tiene un perro y le gustan las mandarinas.

Cuadro: Joseph Mallord William Turner, “The Lake, Petworth, Sunset; Sample Study”

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