Revista Colibri | Esta es mi sombra (y ella también se ve)
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Esta es mi sombra (y ella también se ve)

Por Daniela Garrido

Una puesta teatral del colectivo Nos|otres, con Franco Baldi, Guadalupe Castro Clerici, Tatiana Cirese, Julia Dulitzky, Carla Giannotti, Víctor Lizárraga García, Victoria Lombardero Có, Miguel Ángel Moraga, Federico Paiva y Rocío Reyes Grau.

 

Sentades, en un espacio bastante imponente, se escuchan elementos caer desde la altura. Un ruido seco, hasta molesto, que se repite más de veinte veces. Ruido que, por momentos, llega a opacar las voces de los personajes que están de fondo. Genera cierta incomodidad. Aunque moleste, no para. Las que caen en la oscuridad son zapatillas.

Ella es mi sombra (y ella también se ve) es una obra teatral del colectivo Nos|otres. Aquella sombra se ve y se escucha, como el sonido de las zapatillas caer, está, existe. El grupo, que lleva todos los viernes la obra al espacio G104, surge de compañeros egresados de la EMAD (Escuela Metropolitana de arte dramático).

Victoria Lombardero, parte del colectivo, cuenta que el grupo nace desde la necesidad de explorar, poner en práctica lo aprendido, dejar de lado la puesta tradicional donde la poética surge de un solo dramaturgo. Nos|otres se apropia de un proceso de búsqueda, creación e interpretación colectiva. Sin dejar de probar, errar y volver a crear. Antes de ver la obra, y conociendo de qué trataba la misma, curiosamente me pregunté de qué manera podría ser abordado lo que se cuenta -la tragedia de Cromañón- dentro de una práctica artística. Muchas fantasías surgían.

-¿Qué quisieron contar sobre un tema tan hablado como Cromañón?

Esta obra nos hizo preguntarnos: ¿quiénes somos? No estuvimos tocados directamente por la tragedia, ya que no estuvimos ahí ese día. Entonces, ¿quiénes somos para hablar de esto?

El proceso de esta obra, y ponerle el cuerpo, habla un poco de esta acción que buscamos con nosotres mismos y el público. Ya que es algo que nos pasó a todos como sociedad. Es más una obra para les que no lo vivieron en primera persona.

-¿Qué desafíos se les presentaron?

Un poco el desafío principal era cómo generar un discurso que tuviera contundencia, que no estuviera lavado de significado, pero que a su vez no fuera cerrado. No queríamos eso, sino más bien que sea una invitación.

Desde la primera escena, el espectador no puede separarse de lo que se está contando. Directa o indirectamente, le involucra; a partir de recuerdos, discursos. Toma cierta presencia dentro del relato, con reflexiones, dolor, angustia, pero no con indiferencia. Todos los sentidos se presentan para involucrarse en lo que se está viendo. En ese sentido, la obra cumple su objetivo: no ser indiferentes ante un hecho tan trágico como lo fue Cromañón.

 

-¿Por qué eligieron este hecho y no otro?

Creo que como grupo estábamos esperando o necesitando del teatro algo que transforme directamente la realidad, si eso es posible. Esa búsqueda de la utopía del teatro que interpele, y generar así una transformación por lo menos en las veinte personas que están ahí. Necesitábamos tomar una temática cercana, meternos, mover algo no tan lejano.

-¿Qué libertades y responsabilidades creés que conlleva trabajar de manera colectiva?

Hay algo de todo este trabajo por fuera, la producción, escenografía, prensa, investigación que influye en el adentro de la obra, que se ve también en los planos, en la escena. Esto mismo de que no hay protagonistas, sino el colectivo. Esa también es la lectura sobre Cromañón, donde el protagonista es el colectivo, el grupo humano.

La puesta en escena demuestra un trabajo comprometido con lo que se quiere contar. La elección del espacio para mostrar la obra no es al azar. Cada elemento, personaje, vestimenta, detalle produce sentido y alimenta este objetivo reflexivo, que problematiza aspectos sociales en torno a la tragedia. Este cuidado y búsqueda detallada muestra de qué manera les actores (y creadores) se involucran, no sólo con la historia sino con su idea de arte como expresión transformadora.

-¿De qué manera crees que recibe la obra el público?

Impacta mucho. Genera incertidumbre el ritmo. Esa incertidumbre de no saber qué va a pasar al segundo siguiente. Al ser una obra que muta todo el tiempo de espacio, de registro, genera esa sensación de no saber qué va a pasar.

Es una obra que hace pensar, no sólo en el momento en el que estamos ahí viéndola, sino que deja resonando cosas en el interior. Y nos abre puertas para problematizar cuestiones que creíamos agotadas.

No sólo es interesante este ejercicio reflexivo, sino también repensar el rol de los jóvenes en la sociedad. Un rol, que como lo demuestra el colectivo teatral, es inagotable, es crítico, es creativo, es creador, que puede combinar un hecho real y trágico con la imaginación.

 

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