Revista Colibri | Feminismo para mirar a través de las manos
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Por Diego Gutierrez Pavón

El pañuelo de la Campaña por el Aborto fue intervenido en braille y lenguaje de señas por Sol Ungar. Diseñadora de indumentaria, activista feminista y mapuche, entre tantas otras luchas.

“Más allá del estamos en la misma o el patriarcado que va a caer, tiene que ver con el No estás sola, dice la diseñadora de indumentaria Sol Ungar para descifrar los significados del pañuelo. Y agrega: “Esta sororidad de la militancia feminista hoy se está posicionando a nivel político e histórico y eso no es menor”.

Como un código secreto, pero a viva voz. Una declaración de principios y de luchas para quien anda con este símbolo colgado. Sol Ungar intervino el pañuelo verde en lenguaje braille para todas aquellas que no pueden ver y descifran el mundo mediante el tacto. También otro con lenguaje de señas. Para ellas, que también son parte del reclamo que moviliza con originalidad, alegría y convicción a miles y miles en todo el país. Sol transita el camino de la militancia y del diseño con una creatividad  que derriba los supuestos límites del rubro. Como un puente para conectar el feminismo con las compañeras no videntes. Uno de los momentos más importantes en este recorrido fue cuando ellas encabezaron la última marcha del 8M después de participar de las asambleas previas.

Sónar -diseño de autora con inclusión– es su marca con la cual crea ropa con estilo y con practicidad para aportar autonomía frente a las discapacidades. “No puedo disociar mi marca de ropa de la militancia feminista, del pañuelo y de todas las intervenciones que hago. Considero que mi marca genera inclusión y que la gente puede decidir a partir de la información que tiene”, dice Sol.

“No puedo disociar mi marca de ropa de la militancia feminista, del pañuelo y de todas las intervenciones que hago. Considero que mi marca genera inclusión y que la gente puede decidir a partir de la información que tiene”

Revista Colibrí dialogó con esta neuquina inquieta de ideas para el diseño y el activismo y que también reivindica su ascendencia mapuche como una forma de lucha diaria.

-¿Cómo surgió la idea del pañuelo?

Me hice amiga de un grupo de mujeres jóvenes con varias inquietudes y que venían trabajando sobre cuestiones de género. Replanteándose muchas cosas. Dentro de la discapacidad no estaba esa interpelación tan histórica.  Cerca de ellas, entonces, empecé a incentivar que ganen los espacios. En el medio de todo eso fue el Primer Encuentro Nacional de Mujeres con Discapacidad Visual. También el Encuentro Nacional de Mujeres Sordas. Y acompañándolas diseñé unos folletos con una mujer avanzando con bastón. Luego, participamos del 8M donde pudimos encabezar la marcha para mostrar que las mujeres ciegas existen, están, tienen derechos y son militantes también. A medida que vamos interpelándonos cosas, preguntándonos,  se me ocurre ver cómo hacemos inclusivo el pañuelo. Porque empieza a tener un valor social muy importante. Entonces ¿cómo podía ser representativo, de tu lucha de verdad, si no te llega la información? Yo aprendí a escribir en braille, pero tenía que adaptar esa escritura, porque en braille se escribe al revés. Finalmente, luego de debatirlo con las compañeras, lo adapté y lo llevamos al 8M.

“Lo hubiese subido a Youtube y hubiese ganado plata y tendría internet en mi casa”, bromea sobre la recepción que tuvo su creación en las redes sociales. El pañuelo llegó a una de las compañeras que expuso en el Congreso. Fue destacado por la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Se lo piden por internet y aclara que quien entrega los pañuelos es la Campaña y no ella. “Solo pensaba que mis amigas tuvieran acceso a lo querían y a lo que pensaban”, dice Sol.

-¿Qué observas que pasa con pañuelo en la calle? ¿Es como una especie de saludo, de estamos en la misma?

Mi mirada sobre lo que ocurre es muy cosmopolita, porque ya hace casi 5 años que estoy en Buenos Aires. Sé que en el interior es más difícil que llegue. Entonces, cuando viene alguna amiga siempre les doy. De alguna forma consigo. Soy como la transa de los pañuelos (risas). Considero que para las pendejas es más natural porque tiene un nivel de construcción que nosotras recién estamos logrando, pero cuando veo una señora de la edad de  mi abuela con el pañuelo me dan ganas de abrazarla.

– ¿Cómo se generó en vos este acercamiento a las discapacidades?

Por un lado mi mamá es docente de niños y niñas con hipoacusia. Desde que tengo 11 años hablo lengua de señas. Para mí es algo naturalizado. Además, mi mamá trabajaba con chicos y chicas con síndrome de down y autismo. Por otro lado, mi viejo es militante del campo nacional y popular. Así que desde la empatía, la solidaridad y el compañerismo me acerco a otras personas. Para mí las personas con discapacidad no son pobre gente. No hay una barrera. Incluso puedo hacerles chistes muy oscuros a mis amigas. Luego, ya investigando para mis diseños, me acerque y me hice amiga del movimiento violeta de mujeres ciegas en la Biblioteca Argentina para Ciegos.

Su marca de ropa, Sónar-diseño de autora con inclusión, nació a partir de una tesis final en la universidad. Surgió por la necesidad que tienen las personas ciegas para poder decidir qué ropa ponerse y qué utilidad precisan. “Mi marca te propone que vos puedas elegir qué ropa te querés poner sin la necesidad de que tu ayude tu mamá o tu hermano”, relata. Entre otras particularidades, las prendas tienen distintas texturas para recorrer con el tacto o bolsillos grandes para, por ejemplo, guardar el bastón. Sol Ungar investiga a diario cuáles son las necesidades a resolver. “Tengo hasta un bastón blanco en mi casa”, cuenta quien también fue guía de running para personas ciegas.

¿Cuál es tu visión del feminismo?

Las mujeres feministas comprendemos que hemos traspasado las barreras del rol que nos tocó dentro de la sociedad y eso tiene un precio. Eso lo entendés cuando sos feminista. El feminismo no sólo viene para quedarse. Yo creo que es la única fuerza que puede vencer todas las adversidades económicas, políticas y sociales que hay. Porque creo que el nivel de sororidad entre mujeres, el nivel de conciencia de las relaciones entre las personas, de las relaciones con la tierra, sumado a los lazos que se generan, solamente el feminismo lo puede lograr. Creo que el feminismo es lo que va a vencer. Estoy segura que éste es el camino, así que mis 24 horas son feministas, además de ciegas.

“El feminismo es la única fuerza que puede vencer todas las adversidades económicas, políticas y sociales que hay”

-¿Qué sucede en el cruce entre feminismo y discapacidad?

Mi militancia en el feminismo no es sólo hacer un pañuelo en braille y subirlo a las redes sociales,  sino muchas cosas más. Generar redes. Venir a la Escuela de Feminismo Popular Nora Cortiñas, pensar si las compañeras van a venir a la asamblea, cómo van a llegar, porque las asambleas del 8M y Ni Una Menos son inaccesibles. Entonces hay que acompañar y ayudar a buscar los colectivos. Es interpelarnos constantemente. En particular las mujeres con discapacidad lo viven distinto, porque sufren mayor violencia obstétrica. Las mujeres con hipoacusia, ¿cómo llaman al 144? Si van a hacer una denuncia, ¿ hay un intérprete? Entonces, son violencias mucho más grosas. Hay niñas ciegas que no van a la escuela, porque los padres tiene miedo que sean abusadas. No saben de su sexualidad. La gente en general piensa que no tienen sexualidad. Entonces es super enriquecedor este proceso que están viviendo de ganar espacios en el feminismo.

En este ejercicio de interpelar todo, incluso lo personal, Sol Ungar repara en sus antepasados para forjar su identidad. La madre de su abuela fue la nieta del Lonko Calfucurá.

-¿Cómo es esta parte mapuche que hay en tu sangre?

– Empiezo a tener noción de eso en mi adolescencia avanzada. Y con el correr de los años cada vez lo voy potenciando más. Mi sangre es una mezcla compleja. Sin embargo, me reconozco mapuche por una cuestión de resistencia. Lo mamé en Neuquén. Y tuve la suerte de haber nacido allá. Hay mucha historia de lucha. En la casa de mi abuela era un tema tabú, porque la sociedad se ha encargado de eso. Pudimos liberarlo, pero hoy volvimos a esa opresión de que está mal ser mapuche. Es horrible que la gente sea ignorante y no sepa que invadimos donde vivían los mapuches. Me parece que tenemos que revalorizar cuestiones ancestrales. Mi abuela ha sabido transmitir en sus luchas, en sus formas de crianza, en sus observaciones y en este rol de la mujer de ir siempre para adelante. Es parte de mi historia y la elijo.

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