Revista Colibri | La luz holandesa – Teatro
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La luz holandesa – Teatro

Por Daniela Garrido

Fotografías por Andrea Alcalde

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Una puesta teatral colectiva de graduados de la UNA.

Trece personajes en escena. Al contarlo, se pensaría, según el sentido común, que es un número yeta. Trece actores que, en conjunto con Juan Pablo Gómez, su director y las coreógrafas Jimena Pérez Salerno y Celia Argüello Rena, inventan esta obra creativa, integral, producto de un trabajo de experimentación, juego corporal e investigación.

Un museo, donde sus trabajadores de distintas jerarquías e intereses, se debaten la idea de si salir o no de esas paredes llenas de clasismo y tradición, a disputar el sentido de la cultura. ¿Qué es cultura? ¿El Arte expuesto en aquel museo o el Arte que también está en otro lado? Trabajadores precarizados, más o menos combativos, con convicciones claras, otros con la tentadora idea de permanecer en un puesto de planta permanente y seguir ejerciendo eso que se ganaron con el sudor de su frente, nuevas incorporaciones, voces que opinan más alto y otras que lo hacen silenciosamente. El debate no deja de lado los choques, roces, chicanas, y siempre se expresa desde la comedia, no sólo con las palabras sino con los gestos. Se maneja un factor corporal preciso para cada situación y escena. Cada personaje es distinto, único, muy bien construido, que hasta se puede prever de antemano qué puede llegar a opinar o hacer, Ninguno está demás, con más o menos presencia o diálogo. La intervención es precisa y enriquece al relato.

¿Por qué un proceso de creación, investigación y experimentación? La obra surge a partir del proyecto de graduación de la Licenciatura de actuación del Departamento de artes dramáticas de la UNA. Como cuenta a Colibrí Revista Malena Vilche, una de las trece actrices, la elección del espacio museo surge a partir de la idea de indagar sobre el Arte Barroco. No sólo investigar sobre este tema quizá no tan frecuentado por ellos, sino crear. Crear relatos a partir de los cuadros.

El proceso creativo nace de cero poniendo literalmente el cuerpo. En un primer momento sin texto ni discurso verbal, sino “empezando a circular el espacio, integrando los cuerpos”. “Como un cardumen de peces y una bandada de aves, dejando ser a ese colectivo”,   comenta Malena. En sí, la obra tiene partes coreografiadas, pero parece que el trabajo corporal propuesto va más allá de una coreografía. A partir de esos movimientos empiezan a incorporarse objetos. Los movimientos se transforman en detenciones, y ellas en pequeñas improvisaciones que van dando forma a la historia.

El relato incluye, además de la historia explícita, muchos fragmentos que nos remiten a otros sucesos, de forma más implícita. Hay muchos elementos de la historia que dejan huella en esta puesta y que podemos más o menos reconocer.

Si bien, la risa es un elemento central, también es un recurso acertado para hablar de otros temas, denunciar aspectos de nuestra historia pasada y presente, que es lo cual me resulta más atractivo. Queda en el espectador captar y tomar esos indicios o dejar que pasen de largo.

Así, la obra se arriesga a incorporar ciertos temas, no le es ajeno a las injusticias, a la disputa colectiva, violencia institucional, represión, precarización. Corre a la mirada a los ojos del cuadro de Francisco de Goya o Milo Loquet (sí, hasta ese grado de diversidad y comedia) y así mismo sigue indagando sobre qué es y no Arte, a quién debe o no responder y representar.

En La luz holandesa hay una clara elección en cuanto a esto. La decisión de salir a la calle y abandonar su zona de comodidad y confort lo demuestra, aunque esta decisión tiene sus consecuencias.  La violencia ejercida por quienes responden a otras reglas se hace presente también en la calle. Represión, violencia física más que violencia simbólica. Los trece compañeros reaccionan, se conmueven, se movilizan. Muchos rasgos ocultos de su personalidad empiezan a aparecer, en el momento de angustia y desesperación. Sus dichos, gritos, llantos no se expresan en relación a las expectativas de sus compañeros, surgen, sin mediación, o mediados por el miedo y el temor. Se cuentan, y son doce.

Actúan Lucas Delgado, Florencia Gallardo, Piuque González, Daniela Havilio, Nicolás Nesci, Violeta Pugliese, Agustina Reunaudo, Florencia Rodríguez, Lucía Rosso, Melina San Juan, victoria Spiner, Lucía torn y Malena Vilche.

Domingos 17 y 24 de junio, funciones 18 y 20 hs.

Sede de la UNA French 3614, CABA.

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