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La eterna propaganda política en la Villa 31
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La eterna propaganda política en la Villa 31

Por Fermín Filloy

La Villa 31 luce transformada. Es que la Ciudad finalizó – junto con cooperativas formadas por vecinos del barrio- (…) obras de infraestructura que mejoran significativamente la calidad de vida de sus habitantes”, así gozaba un pasquín informativo del gobierno porteño, en aquel entonces comandado por el actual presidente Mauricio Macri, el 25 de junio de 2015. Tres años pasaron. Se mantuvo el PRO, bajo el halo de Horacio Rodríguez Larreta, y los alardes persisten en igual intensidad: “durante casi un año nos dedicamos a mirar, tomar nota y escuchar, soñamos el futuro del barrio”, decía el alcalde en marzo del corriente año destacando, a su vez, las obras de infraestructura realizadas.

Pero detrás de las fotos y las campañas se esconde la vida misma. Rufalda Lescano, de 90 años, vivía en la manzana 12 junto a sus hijos y, antes del 10 de julio, falleció por un incendio que comenzó en una pequeña vela que iluminaba la ausencia de EDENOR. El colectivo Garganta Poderosa asistió al lugar y aseveró que los servicios para la mujer demoraron 40 minutos en hacerse presentes. A su vez, notaron que 17 de los 20 extinguidores propinados por el Gobierno de la Ciudad no funcionaban. Sin luz, obligades a prender velas. Sin matafuegos funcionando. El camino se allana por sí solo hacia una inminente muerte. Y no termina ahí.

Esta semana, les vecines de la Villa 31 y 31 bis se hicieron escuchar en las afueras del barrio, en los límites con la terminal de Retiro, ya que no se cumple y se quiere modificar una ley primordial de infraestructura que les concierne: la 3.343 de Urbanización del Polígono 31 y 31 bis. En su artículo seis, les da potestad de asistir “a todas las reuniones de la Mesa de Gestión y Planeamiento Multidisciplinaria y Participativa (…) a los/as delegados/as y vecinos/as del barrio, quienes podrán expresar su voz en el ámbito de la misma, los que podrán participar en toda aquella decisión que les afecte especialmente”. Actualmente, se están llevando a cabo numerosas edificaciones -sin consultarles- que dejan casas aisladas, producen lesiones por la escasa seguridad o tapan veredas de barro.

La secretaría no puede tomar decisiones por los vecinos”, rezaba una pancarta durante la protesta en el centro comunitario Bichito de Luz. La interpelación se dirigía hacia la Secretaría de Integración Social y Urbana, una de las partes que intervienen en el lugar. Otras cuestiones que se sobrellevar sin previo consenso son la disposición de los accesos de transporte al barrio, el cobro de las tierras y sus costos, y el trazado de calles. Eso sí, para ponerles nombres a las cuadras y rellenar gacetillas de prensa la alcaldía se hizo presente y convocó enseguida a quienes viven en la zona: “los terminaron echando, porque para esas cuestiones menores sí dan participación, pero para lo que en verdad importa se hacen los sordos”, recordó Sebastián Guanco, integrante de la mesa vecinal que participa en las reuniones, en diálogo con Página/12.

“Hay que prestar atención a lo que no dice el político”, afirma Pablo Asurmendi, docente de la UBA. Con la invasión de videos, fotos e inauguraciones, pareciera que la Villa 31 apunta alto en las prioridades del gobierno. Pero basta adentrarse en la cotidianidad que no aparece en internet, para sacar las verdaderas conclusiones: el abandono y la indiferencia estatal siguen a flor de piel.

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