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De callejones y aniversarios en la Ciudad: Villa Santa Rita
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De callejones y aniversarios en la Ciudad: Villa Santa Rita

Por Seba Arteaga

Villa Santa Rita es un pequeño barrio de la Capital Federal. Es, quizás, un barrio poco conocido y es por eso que vale la pena detenerse en sus detalles para distinguirlo de otros barrios con los que se lo suele confundir. Del total de habitantes de la ciudad, sólo un 1,2% vive allí, por eso sus vecinos suelen ser orgullosos santarritenses.
La primera cuestión es preguntarse dónde queda exactamente. Bueno, éste simpático barrio (que tiene nombre de enredadera) está ubicado en la parte centro-oeste de la Capital. Limita con los barrios de Villa del Parque, Villa General Mitre, Flores y Floresta y está ubicado en la Comuna 11. Para los que aún tienen dudas, el Hospital Israelita que se ve cuando uno transita la Av. Gaona y que es llamativo por su notable abandono, es parte del barrio.

Breve historia

Hace mucho tiempo atrás, Villa Santa Rita formaba parte del vasto Pago de la Matanza y Pozos, un territorio rural extensísimo y uno de los partidos más antiguos de la Provincia de Buenos Aires, que existió durante el siglo XVIII. Tiempo después, formó parte del Partido de San José de Flores, que ocupaba toda la zona oeste de la ciudad junto con Ciudadela y Ramos Mejía. Pero claro, este acogedor barrio no es el único que estaba allí. También integraban ese Partido 23 de los actuales 48 barrios. O sea que hubo un momento en que la mitad de la Capital tenía el mismo nombre y todas esas tierras formaban parte de una gran órbita.

Las delimitaciones más detalladas y finas se dieron después, con el avance de la urbanización del siglo XX. Villa Santa Rita era en ese entonces un conjunto de quintas, alfalfares, tambos y hornos de ladrillo. Según se sabe, existía allí una chacra principal o hacienda cuyo propietario era Juan Diego Flores, que dio nombre al actual barrio y al anterior Partido. Se dice que los fondos de la chacra estaban en la zona de Villa Santa Rita y que estaban recostados sobre lo que hoy es la Av. Álvarez Jonte.

En fin, con la evolución natural del tiempo y del patrimonio familiar, se fueron dando una serie de cambios en las posesiones por efecto de las sucesiones, ventas y legados. Así, los terrenos se fueron loteando y subdividiendo. Una de las dueñas de un lote, la Sra. María Josefa Nicolasa del Corazón de Jesús Ramos Rodríguez de Garmendia y Alsina, mandó a construir un oratorio en su propiedad. Esta señora de la sociedad porteña, cuyo nombre es tan largo como antiestético, poseía una chacra de descanso en esos parajes. Existía allí la imagen de Santa Rita de Casia, que había sido traída desde Italia. Por aquellos tiempos no era fácil el traslado de un lugar al otro, las distancias se hacían largas y los terrenos estaban cubiertos de barro. El arroyo Maldonado, hoy entubado debajo de la Av Juan B. Justo, atravesaba toda la ciudad. El cura de San José solía dar la misa en la capilla de la señora los domingos y allí se congregaban los habitantes de la zona. En 1889, un 5 de septiembre, se le otorgó, por fin y definitivamente, el nombre de Villa Santa Rita.

El Barrio actualmente

Como fue dicho al comienzo, la Villa permanece en el inconsciente porteño relativamente ignorada. En parte por los martilleros, que para subir la cotización hablaban de otros barrios. En parte, porque la denominación quedó subsumida a Villa Gral Mitre. Esto puede sugerir que nuestro barrio carece de una identidad propia. Pero no es así. Villa Santa Rita cuenta también con sus singularidades. Es un lugar en el que predominan las casas bajas, aunque las edificaciones más altas aparecen en torno a las calles Nazca y Cuenca.

Es, además, el barrio que tiene más pasajes y callejones, motivados por la traza irregular.  Desde el punto de vista urbano, es de aspecto caótico porque sus manzanas pueden tener diversas formas. Eso le da al barrio un atractivo muy particular al pasearlo.

La arquitectura ha sido la típica popular de Buenos Aires: la casa chorizo. Generalmente se ponía una habitación por delante y se plantaba una palmera o un árbol en el jardín. Cuenta con veredas anchas donde se pueden ver enormes canteros con fresnos o plátanos y donde los vecinos colocan sus plantas en macetas y tarros.

Algunas curiosidades

En el barrio existe el pasaje Julio Dantas, por el cual pasa sólo un automóvil. Ese pasaje da a otro aún más curioso, llamado Guillermo Enrique Granville, que sólo se transita de a pie, porque el ancho es de no más de tres metros. Éste último surge en 1930 con el nombre “La Puñalada”, según cuenta la leyenda, producto de un hecho delictivo que ocurrió allí. Algunos aseguran que Borges, profundo conocedor de Buenos Aires, en su cuento El hombre de la esquina rosada –aunque sin mencionarlo explícitamente- hace referencia a Nazca y Jonte y al pasaje “La Puñalada”.

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