Revista Colibri | Mutar la infancia: reseña a Casino Casa Grande
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Mutar la infancia: reseña a Casino Casa Grande

Por Constanza Chavez Flores

 

Mariana Muscarsel Isla, más conocida como Mana, publicó su primera novela, Casino Casa Grande. Música, activista, bailarina y psicóloga especializada en estudios de género, la escritora plasmó en su primer obra la tarea de cuestionar el mundo infantil, abandonó la romantización en la que se encuadra a lxs niñxs, y exploró la infancia como una posibilidad en donde jugar, reír, llorar y entender la muerte pueden ser factores convivientes.

“Los únicos que no envejecen son los muertos. Por eso, cuando alguien muere, a otro le toca envejecer. Fui una niña vieja”, relata Bruna en una de las páginas de Casino Casa Grande. En esta historia, la infancia y la muerte tejen redes, se encuentran y se construyen a la par. Más allá de esta perspectiva, Bruna es una niña como muchas otras, pero también como algunas pocas. En su historia hay amigas, familia, juegos, travesuras, e incluso el gusto amargo de las pérdidas.

En un pueblo de la Patagonia, durante la década de los noventa, vive una familia conformada por un papá ludópata, una madre que “todo lo puede”, una hermana mayor, y ella, Bruna. Esos son los factores que trazan el contexto de la vida de la protagonista, “una niña que hace lo que puede con los espacios que tiene”, así lo indica Muscarsel Isla después de aclarar que no se trata de una autobiografía, sino de un retrato de época para el que tomó escenarios y registros como punto de partida y desde ahí generó nuevas historias.

A lo largo del libro el linaje materno se posiciona como el pilar fundamental de toda una familia que sabe de crisis, y también de cómo superarlas. Las distintas mujeres del árbol trascienden la mortalidad y las generaciones para acompañar a Bruna en sus experiencias, como niña y posteriormente como adolescente. Entre las diversas características que tienen las diferentes mujeres, tan distintas e iguales a la vez, se va constituyendo la personalidad de Bruna, una niña valiente y tierna, de esa ternura que manifiesta fortaleza.

A medida que va creciendo Bruna se encuentra con distintas formas de ser: la mamá, una mujer que soporta vivir en un loop violento constante; su hermana, a la cual la inunda la idea de escapar del mal clima mediante el arte; una abuela que goza de su rol maternal; una tía viajera que en sus planes no estaba el deseo de ser madre, sino de conocer el mundo; y el tabú de una tía abuela lesbiana que hacía pis parada, la cual generó mucha intriga en Bruna. Por otro lado está su papá, un hombre que responde al estereotipo del marido de clase media, que quiere a su familia, pero que su adicción al juego lo arrastra al conflicto, y sus relaciones se definen en base al grado de manipulación que ejerce con su entorno.

Más allá del cuadro familiar, Casino Casa Grande logra romper los esquemas impuestos de que la muerte es lo peor que le puede pasar a una niña, que no podría entender tal situación, y a la vez abandona la postura de que en la infancia todo es sinónimo de inocencia y felicidad. Bruna es el ejemplo sincero de que no hace falta ser adulta para poder transitar un duelo con madurez, sin perder la ternura. A lo largo del hilo narrativo, la perspectiva de la muerte, desde la posición de la protagonista, termina siendo un espacio fundante para su persona. Mientras se desarrolla la historia se puede percibir que los momentos en donde la mortalidad se hace presente, es ahí en donde ella sufre y llora, pero también es ahí donde lograr renacer, aceptando las pérdidas y haciéndolas propias. También entiende que no hace falta perder la vida para morirse, la muerte te puede abrazar igual, en cualquier momento. En ese sentido, la muerte se adentra en su piel, y no la mata, por el contrario, la fortalece. Bruna no tiene una única piel, tiene la piel de ella y también la de las mujeres que la antecedieron.

No hay un clima establecido en el correr de la lectura, sino que todo el tiempo es una montaña rusa que sorprende, emociona y en parte genera angustia. Si bien hay escenas en donde la confrontación marca el ritmo de la narrativa, también hay momentos que generan risas y empatía. “Entiendo que cuando se crea algo, hay una responsabilidad artístico política de lo que se expone”, señala Muscarsel Isla respecto a la forma en que aborda los temas que atraviesan la novela. Por ejemplo, el hecho de cómo contar un abuso sexual infantil, entre otras situaciones.

La novela no se define como algo completamente lineal, sino que se alternan situaciones que no dan lugar a una lectura estanca y aburrida. La historia está enlazada con un soundtrack de canciones que acompañan a lxs lectores, y en la lista aparecen desde Natalia Lafourcade hasta The Ramones, pasando por canciones del disco de Muscarsel Isla, Barrio Chico. Entre sus obras, si bien Casino Casa Grande es su primera novela, hace tres años la artista publicó Un Regalo de Cuento, un libro para niñes con perspectiva disidente que está acompañado por un disco musical.

En relación a los proyectos literarios que tiene a futuro Mana, se encuentra Querida -a- diario, un archivo de escrituras íntimas de adolescencias lésbicas que hayan surgido entre los años 1990 y 2010. Será un trabajo en equipo junto a An Millet y Delfina Cabrera. El proyecto, tal como lo explica en sus redes, “busca afirmar el papel de la memoria y el afecto, a diferencia de las políticas de abandono institucional a las que ha sido sometida las experiencias de la disidencia sexual”. Como resultado, se publicará un libro de no ficción y el material será digitalizado.

Las aristas artísticas que recorre Muscarsel Isla son variadas, pero hoy Casino Casa Grande irrumpe en el mundo literario para problematizar las prácticas de la niñez en los conflictos tanto intrafamiliares como públicos, y cuestionar los vínculos que lxs adultxs están dispuestxs a generar para construir infancias menos ingenuas y más activas. La historia propone una lectura tierna, cálida y combativa, una combinación que busca resurgir debates dormidos en torno a la niñez.

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