Revista Colibri | En mí, la construcción de un linyera
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En mí, la construcción de un linyera

Por Facundo Pirola

El linyera es un espíritu libre. Encarnado en los trotamundos de Mark Twain, en la filosofía de Diógenes; en la autodestrucción de Bukowski, poeta maldito más lumpen que artista (y por eso mucho más genuino). El linyera practica la libertad porque es lo único que tiene. Enmarcado en un Estado que no le reconoce puede estar dentro o fuera del sistema a placer. Sin ataduras, piensa, reflexiona porque tiene el tiempo para poder hacerlo. El camino del asceta que practicó Budha, el minimalismo existencial del sabio.

Es por esta realidad partida, cuántica, con la cual nos encontramos al momento de entrar en la sala de teatro: un artefacto cuya formas y proporciones construyen un carrito de cartoneros. Un espacio reducido dentro del espacio escénico, construye el espacio personal dentro del espacio social. Ella, el personaje se mueve y relaciona con el exterior a partir de una premisa cotidiana para la realidad argentina.

Es una cartonera, pienso, vive en la calle, deduzco. Una recuperadora urbana de recuerdos; de aquellos fragmentos de historia, pedazos de menos que la sociedad desecha sin mirar atrás. Porque es en esos fragmentos menos donde se constituye la esencia del Ser. Los menos que constituyen toda historia en sus detalles, en sus formas. Aquellos pedazos que dan cuenta de la crónica y que quedan opacados por otros fragmentos más brillantes, ¿Y quizá por eso es que terminan en la basura?

La personaje encuentra y recupera objetos e imagina sus historias, las juega, modifica, crea y reflexiona. Los expone y parece que molesta al Yo social. No sabemos si por linyera, o sencillamente por hacer lo que hace. Revelar el pasado es una tarea peligrosa. Por algo se desechan los objetos-recuerdos. Es necesario para que las ramas nuevas broten, la muerte de parte del árbol.

Recordar es enquistar la emoción. Revivir el pasado es permanecer en la neurosis y no avanzar.

¿Por qué será neurosis la del personaje? ¿Será locura? Los motivos del accionar dramático no se especifican. No vemos al personaje en situación cotidiana de supervivencia. La vemos en un juego continuo, teatral. Reformulando y re significando y viviendo desde su construcción, lo que la imagen recuperada pudo llegar a ser. La construcción del todo a partir de un fragmento de identidad. Un grabador que reproduce la voz distorsionada, ¿Reproduce la voz o la recrea? Una foto feliz, ¿es consecuencia de un momento feliz o sencillamente la puesta de escena de una fotografía-momento feliz? La recreación re-significa. Genera mundo; emociones nuevas. Manifiesta lo interno.

La escenografía o utilería vibra en el espacio vacío con sus objetos. Su transparencia permite observar sin trabas lo que ocurre tanto dentro como fuera de los marcos de ese carro tan inútil como carro, pero tan apropiado para exhibir y contar. El carro no es carro. Es casa, proyección, espacio de creación para el personaje. Lugar de almacenaje, puesta para el juego de la reconstrucción. Es un recordatorio, monumento a lo que somos como sociedad. Fotos, electrodomésticos, juguetes para los adultos.

En esto encuentro la potencia de la obra. Somos lo que tiramos. Somos las ramas verdes brotadas desde la muerte de nuestro pasado. Un continuo pasado desechado devenido en presente. Porque al fin y al cabo siempre somos menos de lo que fuimos.

La obra se sostiene en una gran actuación. Natalia Carmen Casielles demuestra lo que se necesita para bancar un unipersonal a puro texto (y para nada sencillo), donde el cuerpo queda relegado a un segundo plano. Las acciones no son arbitrarias ni caprichosas. El cuerpo transita con naturalidad, tanto que no se si el personaje se vuelve demente o sencillamente es.

 En mí, es un ensayo obra, cuya dramaturgia pulida y trabajada a conciencia, cuenta la trayectoria como escritora y directora de Sol Pavéz.
En mí, es un proyecto que involucra a dos obras más, independientes entre sí pero hilvanadas por la misma inquietud. La resignificación a partir del cambio de contexto del objeto significante:

“[…]Me interesa que el público al ver las tres obras pueda reinterpretar los elementos antes mencionados, música y monólogo, sacando a estos de contexto; es decir, cualquiera de las tres obras que el espectador elija ver en primer lugar, le brindarán una experiencia a través de la poética y el universo de las mismas, pero que al dar un nuevo contexto (al ver otra de las obras) a los elementos accionados, pueda transformar esa experiencia anteriormente vivida en una diferente a pesar que dichos elementos sean iguales, y a su vez esto pueda volver a suceder si eligen ver la tercera. Cualquier hecho artístico del que seamos partícipes quedará impregnado en nosotros bajo el tamiz de nuestras propias experiencias, pero cuando el hecho vivido se repite bajo otra poética, crea y recrea sentidos y significados nuevos, es decir que el espectador, puede transmutar un primer concepto, generar nuevos significados y aportar la propia experiencia para ensanchar la capacidad significante del hecho vivido u observado […]”

Solo quedan dos funciones para dejarse re pensar y reflexionar sobre lo que somos.  En mí se presenta en ABASTO SOCIAL CLUB, Yatay 666 los sábados a las 23:00 horas – Hasta el 17/11/2018

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