Revista Colibri | A feriazo popular, represión estatal
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“Se ensucia la plaza” fue la excusa.

Por Pablo Hernán Velázquez

Esta mañana, la Policía de la Ciudad desató una cruda represión contra familias agrícolas de la Unión de Trabajadores de la Tierra que llegaron a Plaza Constitución con un Feriazo mediante el cual buscaban acercar el fruto de tanto trabajo a les consumidores de Buenos Aires, de forma directa y a precios populares.

Foto: Diario Z

Y es que el precio de los alimentos se encarece cada vez más, y cada vez es más difícil acceder a productos naturales, por una interminable seguidilla de retornos en los cuales los intermediarios, las empresas alimenticias y las grandes cadenas de supermercados sacan todo el beneficio económico posible.

Estos actores obtienen su rentabilidad a fuerza de explotar: explotan a les trabajadores de la tierra, y se quedan con el fruto de su trabajo por algunas monedas. Explotan nuestros bolsillos, porque para que esos alimentos lleguen a nuestra mesa, hubo especulación y comisiones de por medio, con las cuales se termina pagando mucho a personas que no movieron un dedo para producir esos alimentos.

El objeto del Feriazo era visibilizar esta situación de desigualdad que atraviesa el sector agrícola, generar un vínculo cercano con quienes serán les consumidores finales de lo que producen, combatir de algún modo los aumentos en el precio de estos alimentos y beneficiar a las economías regionales.

Las anteriores ocasiones reunieron a cientos de personas, nada menos que en la capital de país. Es por eso por lo que el gobierno porteño prohibió la realización de nuevos feriazos en territorio de la Ciudad.

La tenacidad de les productores logro convocar para hoy a un Verdurazo y asamblea en dos de las cabeceras de trasbordo de mayor circulación diario (Plaza Constitución y Plaza Miserere). El clima de hostilidad se sintió desde temprano con una inusitada y desproporcionada presencia policial en ambos lugares.

Ante esta muestra de intimidación, la Unión de Trabajadores de la Tierra resolvió unificar la concentración únicamente en Plaza Constitución. De todas formas, la decisión de reprimir ya estaba tomada.

Foto: @MauriElBueno

Gas pimienta, golpes, forcejeos, empujones y balas de goma fueron el ingrediente que la Policía de la Ciudad le añadió a una protesta que no impedía la circulación –argumento que tanto usa el gobierno para violentar las manifestaciones- ni generaba ningún tipo de caos. Una explosión de violencia y bronca ante la organización pacifica que busca tender puentes de colaboración reciproca con la sociedad.

Al ser en un lugar público, muchas de las personas que transitaban por el lugar pudieron observar que no hubo ningún enfrentamiento, tal como algunos medios corporativos reportaban a sus respectivas audiencias: las familias no estaban armadas. Solo tenían sus cajones con las verduras que trajeron para vender, las cuales además fueron confiscadas por la policía porteña.

Foto: Bernardo Avila

Lo que está sucio es este sistema reproductor de hambre, miseria y pobreza. Está sucio y podrido. Infecta todo lazo de solidaridad y lo hace crujir con la fuerza bruta de personas que, debajo del uniforme, son igual de oprimides que a quienes reprimen.

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