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Saudade: de familias y abandono
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Saudade: de familias y abandono

Por Facundo Pirola

El profundo viento que nos aviva el recuerdo de nuestra tierra
o la melancolía procedente de saber que algo
o alguien puede que no vuelva a nosotros.
Saudade es la presencia de la ausencia.

Saudade, De Francisco Ortiz y Lucas Santa Ana

Germán vuelve al hogar de la infancia, o al menos, de eso que el recuerda como infancia. Toda mudanza genera conflicto; obliga a encontrarse con restos de vida olvidados en cajas o momentos inconclusos que habitan en el fondo del placard. Cada nuevo encontrar despierta una ola de recuerdos y saudades. En ese diálogo entre tiempos y épocas transcurre la obra. El personaje que intenta no darle mucha vuelta a su pasado, se encuentra con un vecino, Sergio, quien, en contraste con el otro, todavía tiene algunas deudas pendientes. Ambos personajes comparten un episodio traumático: el abandono por parte de sus padres. Sergio, nunca conoció a su progenitor porque se escapó del hogar antes de que naciera mientras que Germán recuerda un transitar de su padre de una manera mas o menos amena.

El pasado disfuncional de cada familia se va desanudando con el devenir de la trama; algo extraño comienza a manifestarse. En un diálogo sumamente cinematográfico y manejado con delicadeza, el pasado histórico y el presente dramático comparten espacio escénico. El recurso es explotado eficientemente por Lucas Santa Ana. El juego parece casi casual, fortuito. No se sabe si esos momentos son recuerdos o vivencias o sencillamente recurso narrativo para contar la historia. Lo que no se dice se muestra. La sospecha y la necesidad cobran cuerpo en el elenco y sumergen al espectador en la ansiedad porque la tensión se concrete. Se percibe lo oculto, lo prohibido que hace estallar la realidad en mil fragmentos de ficción construida por el deber “ser”. Dudas, paranoia, miedos… Ambos progenitores (Nazareno y Horacio) se rebelan contra su presente. Aceptaron, como tantos otros el yugo de la realidad y están pagando con infelicidad su sumisión. La evolución hacia la catástrofe es predecible y necesaria.

Con un monólogo final, la intertextualidad pega fuerte. La obra recuerda a “Casa de muñecas” de Ibsen. Es un texto que transforma y propone la cotidianeidad en cárcel. Pero no porque la cotidianeidad en familia sea en si lo que aprisiona, sino porque los personajes entran en crisis con esa cotidianeidad, con esa noción de familia. O al menos, con la definición de lo que ellxs quisieran que fuese lo cotidiano y la familia. Con Ibsen, es Nora quien se revela contra el Yo sumiso funcional al patriarcado burgués mientras que, en Saudade, es Nazareno quien encarna la duda y la lucha por encontrase y por irse a la tierra prometida…Brasil. La obra dialoga y critica con lo normal. Con lo establecido y con lo incuestionado.

Y es acá donde Francisco, Lucas e Ibsen dan en la tecla: la angustia que genera el ser cuando no puede hacerse cargo de sí mismo ni de lo que es. El conflicto de que no se puede educar ni ser padre sin antes conocerse y reconocerse a uno mismo. No se puede enseñar Verdad sin Ser verdaderamente. No se puede enseñar amor sin antes amarse y amar de verdad. El paso final es el de la huida, el alejamiento como lo plantea Hesse en Siddharta: alejarse del palacio para encontrar al Buddha en nuestro interior.

¿Qué es la propia identidad? ¿Qué es eso que nos define? Estamos atrapados entre nuestros deseos, el querer ser y lo que la sociedad nos dice que deberíamos ser. ¿Qué tanto somos, y qué tanto nos dejamos amoldar? Nosotros mismos nos volvemos Saudades, cuando eso que no volverá es nuestro propio deseo encarcelado en lo normal.

La obra se presenta todos los domingos de abril, mayo y junio en el Teatro Espacio Polonia, Fitz Roy 1477, CABA. Con horario 17:30 hs – Hasta el 28/04/2019 y 18:30 a partir del 05/05/2019 al 30/06/2019.

Ficha técnico artística
Dramaturgia: Francisco Ortiz, Lucas Santa Ana
Actúan: Pilar Abentín, Agustin Aguirre, María Lía Bagnoli, Gabriel Gavilá, Darío Miño, Patricio Witis
Vestuario y escenografía: Mariana Petrini
Diseño de luces: Soledad Ianni
Música original: Coiffeur
Fotografía: Kenny Lemes
Diseño gráfico: Leandro Restaino
Asistencia de dirección: Vanina Cavallito
Prensa: Carolina Reznik
Dirección: Lucas Santa Ana

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