Revista Colibri | Episodio Contenedores: los Juegos del Hambre de Larreta
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Episodio Contenedores: los Juegos del Hambre de Larreta

Por Pablo Hernán Velázquez

De alguna forma hay que empezar, aunque no sea realmente el principio y no terminemos por el final como si estuviésemos leyendo Rayuela. Fue noticia hace algunos días la pomposa instalación de contenedores “inteligentes” en la reinaugurada traza de Avenida Corrientes, poco después de darse a conocer un informe que refleja que se duplicó la indigencia en la ciudad con mayores recursos del país.

¿Cómo logró la Ciudad multiplicar la pobreza, con la cantidad de recursos y deuda tomada que dispone? Con todos los factores a desarrollar para intentar dar una respuesta a este interrogante, es menester aceptar el desafío y subirse a la calesita pero solamente porque se observa una multiplicidad de puertas de acceso para abordar el tema, ya sea por los contenedores, por la pobreza, por la indigencia, por la gente en situación de calle o por más factores de los cuales tomamos nota al momento de identificar cada punto que la problemática aprovecha para manifestarse.

Los contenedores “inteligentes”

Después de más de un año y medio cortada por remodelaciones, la Avenida Corrientes fue “reinaugurada” con un paseo peatonal nocturno, carriles exclusivos para el tránsito de la zona, espectáculos y entretenimientos para les visitantes. Aún quedaba un detalle más: fueron instalados una serie de contenedores con cierre neumático y a los cuales se puede acceder pasando una tarjeta por el lector que la unidad tiene incorporado. Las tarjetas identifican al usuario, quien la puede usar solamente de 20 a 21 horas. Quien la use fuera de este horario será multado/a

El propio Jefe de Gobierno Rodríguez Larreta inauguró las unidades que tienen como objetivo “evitar que la gente se meta y revuelva basura”, tal como manifestó de forma textual el ministro de Espacio Público Eduardo Macchiavelli, quien no accedió a conversar sobre esta definición con Colibrí Revista. Quien sí brindó su testimonio para la nota fue el Subsecretario de Higiene Urbana, Renzo Morosi, quien trabaja bajo la órbita del ministerio de Macchiavelli, y fue más diplomático: “Los nuevos contenedores son parte de una prueba piloto que acompaña la puesta en valor integral de la calle Corrientes, donde se está implementando nueva tecnología en la recolección de residuos para evaluar mejoras a futuro”. Además, según los planes del ejecutivo porteño, Morosi afirmó que “se instalaron 18 contenedores, sobre un total de 28 mil que se van a instalar en toda la ciudad”.

Es entendible que Morosi no sea quien tenga que dar explicaciones sobre las implicancias que exceden a lo relacionado a su cartera de gestión, así como tampoco hablar por el ministro de Espacio Público, pero lo concreto es que la creciente cantidad de personas que subsistían revolviendo los desechos tendrán que correrse, ya que no es prioridad para el gobierno porteño prestar atención a las personas que están sobreviviendo como pueden en la Argentina de hoy.

Al consultarle por el costo para la Ciudad, el Subsecretario Morosi afirmó que “la inversión para la instalación de los contenedores fue realizada por las empresas que ganaron la licitación por la higiene de la Ciudad, sin tener un costo adicional para la misma”. La legisladora Andrea Conde descree de esto: “El costo está metido dentro de la obra de la avenida Corrientes, por lo que no tienen publicada esa información individualizada ni accesible al público. Clarín publicó que costaron cincuenta mil pesos cada uno, pero nosotres no podemos dar fe de dónde obtuvieron la información”, y concluyó afirmando que se presentaron pedidos de informe para poder acceder a esa información, además de una declaración de repudio a esta medida en la Legislatura Porteña.

De Recicladores Urbanos a gente que revuelve basura

En redes sociales, el periodista Federico Poore rescató una vieja declaración de Mauricio Macri al diario La Nación en 2002, en la que el hoy presidente expresó: “Al recolector informal me lo llevo preso. Vos no podés alterar el orden en algo que es un delito, porque es tan delito robar la basura como robarle a un señor en la esquina”.

A poco de conocerse la instalación de los contenedores, el repudio se hizo sentir con fuerza desde múltiples sectores. La Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores (FACCYR) convocó a una movilización en Callao y Corrientes que fue reprimida por la Policía de la Ciudad. Alejandro Valiente, miembro del equipo técnico de la federación dijo a Colibrí Revista: “No entendemos bien qué es lo que les pasa los funcionarios que tomaron esa decisión. Nos parece que están haciendo un gasto de una tecnología muy excesivo para algo que no tiene sentido y que dificulta el trabajo de los recicladores”.

“Los recicladores –añadió Alejandro- están incluidos en un sistema de reciclado que avanza en pasos de formalización y existen muchísimos cartoneros independientes que se la rebuscan juntando de la basura lo que pueden para reciclar”, con lo cual sentencia que la instalación de estos contenedores agrava la situación porque impide que la gente acceda a los materiales reciclables: “Los funcionarios que aprobaron esto no están dándose cuenta de lo que está pasando en la ciudad y en el país”.

El doble de indigencia

“Lamentablemente hay muchas personas que buscan comida en la basura” es una frase que se desprendió del reportaje con Alejandro, y tristemente constituye una cruda realidad en la Ciudad con más recursos del país. Siempre dejando en claro que no es la intención de esta nota deshumanizar y convertir en un número la realidad de miles de personas, debemos decir que la cifra de indigentes que diariamente buscan alimentos entre la basura se duplicó en la ciudad desde que Rodríguez Larreta inició su gestión en 2015, pasando de 100 mil a 204 mil personas en sus tres años al frente de la alcaldía porteña, según los datos que informa la propia Dirección de Estadísticas y Censos Oficial.

La legisladora porteña por Unidad Ciudadana Andrea Conde fue al hueso con la instalación de los contenedores: “La respuesta política de Rodríguez Larreta a la caída de 200 mil personas en la indigencia anunciada el mes pasado en la Ciudad fue poner tarjetas magnéticas en los contenedores. Su gobierno es una fábrica de hacer pobres y lo que le preocupa es que no revuelvan la basura. Es perverso, y deja a Micky Vainilla a la altura de un poroto”.

La trabajadora social e investigadora Inés Albergucci prestó sus consideraciones sobre la profundización de la crisis social en la Ciudad, en dos aspectos: Tiene que explicarse por un lado como consecuencia de las nefastas medidas económicas, las políticas recesivas del gobierno nacional, las sucesivas devaluaciones, el aumento del desempleo y la inflación descontrolada de alimentos, transporte y necesidades básicas, y por otro lado por la falta de políticas anticrisis, capaces de apalear los efectos de las medidas económicas” sostuvo.

Según el análisis de Albergucci, disminuyó la cantidad de beneficiarios del programa de Ciudadanía Porteña – que prevé un ingreso a quienes se encuentren en situación de vulnerabilidad socioeconómica- de la cartera de Desarrollo Humano de la Ciudad dentro del presupuesto porteño, y es notoria la falta de políticas públicas para hacer frente a la problemática de las personas en situación de calle.

Voluntad cero

La proximidad de las elecciones no parece constituir un elemento que impulse a una reacción política que contenga a los sectores más vulnerables. El gobierno nacional anunció un aumento de la Asignación Universal Por Hijo, lo cual va a tener repercusión entre los beneficiarios de la Ciudad que la perciben. Esto y el freno al último aumento de la tarifa del subte “no son para nada suficientes y menos son medidas capaces de revertir el rumbo” considera Albergucci, quien integra el Centro de Estudios de Ciudad, una unidad de investigación y extensión de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. “Rodríguez Larreta convirtió a Buenos Aires en la ciudad de la ñata contra el vidrio” remarca Conde, mientras afirma que “cada vez más gente tiene que mirar de lejos cosas que no puede alcanzar” haciendo foco no sólo en los más vulnerables, sino en la calidad de vida de todes les vecines de la Ciudad: “Gente que se tiene que levantar más temprano y caminar porque ya no le da para combinar subte y colectivo para ir a su trabajo, que no llega a fin de mes, que tiene que pensar si puede o no puede hacer algo tan simple como salir a tomar una cerveza con amigos”.

*Para leer el informe “La Ciudad en Deuda” hacer click en el siguiente enlace http://cec.sociales.uba.ar/?p=1235

Ante la falta de respuestas de contención social y de inclusión económica, los escenarios de protesta se acrecientan diariamente y la Ciudad de Buenos Aires es el epicentro de los reclamos sociales: lógicamente la Policía de la Ciudad, constituida por la “integración” de la Policía Metropolitana y los oficiales traspasados de la Policía Federal, viene actuando fiel al papel que las órdenes le proponen. Albergucci ejemplifica : “Se ha visto en numerosas protestas detenciones arbitrarias y un uso desproporcionado de la fuerza. Luego estas causas son archivadas y, sin embargo, lograron el efecto de disciplinamiento buscado sumado a la vulneración de derechos de quienes fueron víctimas de esta violencia institucional”. Además, pone en evidencia una sobreactuación policial, en concordancia con el accionar del Ministerio Público Fiscal, en la búsqueda del orden del espacio público.

Sobrevivir en una ciudad egoísta

Macarena tiene un emprendimiento de diseño y sublimación de remeras y cuando todo el mundo sale a disfrutar el fin de semana, ella carga su bolso y va a tratar de vender el fruto de su trabajo para sostener la economía del hogar. Dedica muchas horas de su día a desarrollar y poner en vigor todas las ideas que fluyen para su emprendimiento. “Hoy por hoy tengo miedo de poner una manta en la Ciudad” afirma con cierta resignación. “No se vive la situación de hace unos años, donde la Policía corría a los manteros. Hoy te expones a que te golpeen, se queden con toda tu mercadería y te saquen el pan de la mesa”.

Así como Macarena, hay muchas personas que se la rebuscan todos los días: quienes venden verduras, frutas, carteras, anteojos, artículos de bazar, indumentaria, calzado, cosméticos o comida. También quienes se cuelgan del colectivo o el subte para vender biromes, alfajores, caramelos ¡Lo que sea! Todo para eludir lo máximo posible el proceso de empobrecimiento que se experimenta en Capital.

La venta ambulante también crece y como respuesta solo se observa un dispendio de recursos que deja como saldo una clara persecución y criminalización de los sectores que son empujados a llevar estrategias de supervivencia. La Licenciada Albergucci comentó que “en momentos de crisis social y económica, donde aumenta la desocupación y la desigualdad, se endurecen las figuras contravencionales y se le otorga a la policía más herramientas para la persecución a todos aquellos que buscan sobrevivir trabajando en la vía pública”.

Los datos muestran que en las zonas de la Ciudad donde más ocurrieron hechos de violencia institucional están vinculadas a espacios donde se realizan actividades de subsistencia en la vía pública. Desde este punto abrimos un nuevo interrogante: ¿La Policía o el gobierno actúan solo de esta forma represiva contra quienes buscan subsistir en las calles? ¿Hay una demanda de mano dura contra les vendedores ambulantes? Macarena dejó enfáticamente marcado que la responsabilidad del Gobierno de la Ciudad es insoslayable en esta persecución; sin embargo, identifica la construcción de un enemigo público en la economía popular por diferentes motivos: “Dicen que les trabajadores de la economía popular no pagan empleados, locales o impuestos, que viven de arriba y es todo ganancia”.

A lo antes mencionado, ratifica que “los vendedores ambulantes no son los culpables de que las ventas en los negocios familiares o en las pymes estén cayendo y que muchas de estas empresas hayan quebrado, la responsabilidad es de una política de empobrecimiento que obliga a buscar un chivo expiatorio para depositar estas frustraciones” sostiene Macarena. “Muchas veces los vecinos y dueños de locales aplaudían y felicitaban a la policía cuando corrían las mantas, le quitan la mercadería a los laburantes y los reprimen, pero después miran con pena a las familias que están en la calle”. Que les pobres se peleen contra les pobres por el mismo pedazo de pan parece ser la premisa, según este relato de lucha diaria y sin descanso.

Generar el trabajo donde no hay y el alto riesgo de exposición es algo que Alejandro de FACCYR sabe muy bien: “La actividad del reciclado y el cartoneo surge de la mayor informalidad, es un trabajo que se inventa ante la dificultad de conseguir un empleo formal donde alguien te contrate en una fábrica, y se realiza en las peores condiciones” argumentó.

El norte, el sur y el género.

Los principales factores que incrementan la desigualdad social en la Ciudad se asocian con los modos diferenciales de participación en el mercado de trabajo, en el nivel educativo de las personas, en las condiciones de hacinamiento y de salud relacionadas con la mortalidad infantil, entre una serie de aspectos algunos de los cuales se pueden observar en el informe “La Ciudad en Deuda” del Centro de Estudios de Ciudad del cual Albergucci es miembro. “Nacer y vivir en el sur de la Ciudad –cuenta Inés- te ubica en peores condiciones frente a la posibilidad de conseguir un trabajo, de acceder a servicios de salud más complejos, de acceder a una vivienda digna” y cita el caso de la Comuna 8, donde uno de cada cuatro hogares vive en condición de hacinamiento y en general su población tiene 5 años menos de escolarización que quienes viven en las Comunas 13 y 14.

Según el informe, si la tasa de homicidios de la Comuna 14, menos de 1 homicidio cada 100.000 habitantes, es comparable a la de los países de Europa Occidental, en las Comunas del Sur podemos llegar a alcanzar cifras 15 veces más altas. “Menor acceso al mercado de trabajo, menos servicios de salud, educación e infraestructura, peores condiciones ambientales, y gran informalidad se traducen en mayores niveles de violencia: morir en el sur es, tristemente, mucho más probable”. Albergucci hace foco en la forma en la cual estas desigualdades repercuten en la problemática de género: “Si sos mujer además te encontrás en mayores problemas a la hora de conseguir un trabajo. Para el tercer trimestre de 2018 la desocupación para las mujeres es de 10,1%, dos puntos más que la desocupación para los varones”.

Históricamente las desigualdades socioeconómicas de la ciudad han marcado una diferenciación espacial entre el sur y el norte, mostrando, hasta el día de hoy, dos realidades diferentes. “A estas desigualdades socioespaciales – concluye la investigadora- las atraviesa también las desigualdades de género, y se vuelven procesos cada vez más críticos, que no han sido medianamente revertidos sino profundizados y que tienen un impacto directo y concreto sobre la vida de los habitantes de la Ciudad de Buenos, en particular sobre quienes viven en la zona sur”.

Lo que vendrá

La legisladora Andrea Conde considera que es clave de cara al próximo proceso eleccionario “transmitirle a los ciudadanos y ciudadanas que el Jefe de Gobierno tiene muchas más responsabilidades, recursos y atribuciones que un intendente, y que es mucho más lo que podría hacer para apalear localmente la crisis que genera su propio gobierno”, y da por tierra como todo tipo de voluntad del oficialismo para revertir la situación, porque como sostiene Inés Albergucci “ni la motivación electoral los mueve para dar una respuesta política que contenga esta situación”.

Definitivamente aún quedan alternativas para recomponer los lazos de solidaridad en la sociedad, y más aún en la comunidad de vecinos porteña para que podamos ver que la gente reducida a la miseria por un proyecto empobrecedor necesita mucho más que un par de monedas o un plato de comida que le va a quitar el hambre solo por unas horas.

Para que podamos ser capaces de vernos en los rostros de la indigencia, de reconocer al ser humano al que este sistema le cerró todas las puertas a una a una infancia plena y feliz, a una vivienda digna, al trabajo, a no ser reconvertides en la cara de la inseguridad ni en la alternativa ecológica, y para que quienes toman decisiones en el distrito con mayor cantidad de recursos, y tienen la obligación de garantizar el bienestar de todes les ciudadanes pero carecen del coraje para dar la cara y defender el proyecto del cual son funcionarios no pongan a prueba nuestro sentido de la indignación ni nos conminen a la absurda acción de reclamar que abran los basureros porque la gente tiene hambre.

Se necesitan políticas públicas, no cierres neumáticos ni cerrojos.

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