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Pujar y sufrir: las parteras que no reconocen la violencia obstétrica
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Pujar y sufrir: las parteras que no reconocen la violencia obstétrica

Por Soledad Beato
Fotos: Colectivo PUJA

 

¿Sabés qué es la violencia obstétrica?

En Argentina son miles las mujeres que dicen haber sufrido algún tipo de violencia relacionada al momento del parto y sin embargo son muy pocas o nulas las parteras que refieren haberla ejercido en alguna medida.

Esto se debe, entre otras cosas, a que aún no identifican como abusivas las prácticas instituidas en las que participan. Marina Lembo, licenciada en obstetricia y una de las fundadoras de la Asociación Argentina de Parteras Independientes (AAPI), explica en diálogo con Revista Colibri: “Por un lado, es difícil delinear la diferencia entre intervenciones con justa causa, de las hechas por rutina, sin razón que las justifique. Las parteras son parte de este sistema médico, de esta asistencia medicalizada de las mujeres. Entonces cuando les hablás de abuso dicen no ejercerlo. Por otro lado, si bien desde el Ministerio de Salud de la Nación se publican guías que modificarían los usos y costumbres de las prácticas médicas, después nadie controla ni sanciona a los profesionales”. Marina también cuenta que cuando se negaba a realizar prácticas abusivas era maltratada por el equipo médico y torturada laboralmente.

Claudia Vaira es partera en el hospital de Moreno y al preguntarle por qué son pocas las parteras que refieren haber ejercido algún tipo de violencia, responde: “No advierten que muchos de los procedimientos médicos que se ejercen habitualmente en la atención del embarazo, parto y/o puerperio constituyen violencia obstétrica, tales como la realización sistemática de la episiotomía, la constante medicalización, etc”.

Según la OMS, las cesáreas están aceptadas en un 10% de las gestaciones, más de ese porcentaje en mujeres sanas habla de un abuso de medicalización. En Argentina rondan el 20 a 40% en el ámbito público y un 70 a 90% en el privado. La episiotomía es tolerable en un 20% de los partos vaginales, pero en algunos hospitales públicos se tiene como costumbre hacerlo en el 100% de los casos de mujeres primerizas. La maniobra de Kristeller está desaconsejada por la OMS y prohibida en Argentina. Sin embargo, según el Observatorio contra la Violencia Obstétrica y la CONSAVIG, a una de cada tres mujeres que tienen partos vaginales les exprimen la panza como si fueran pomos de dentífrico para achicar los tiempos de nacimiento. Todas estas prácticas son realizadas por las parteras.

“Las experiencias que las parteras viven en las salas de parto de los hospitales y clínicas a veces son situaciones límites con desenlaces negativos, por lo que en muchos casos la práctica instituida puede ser un refugio ante la incertidumbre del fracaso”, argumenta Natalia Liguori, psicóloga perinatal. Si bien esto no las justifica, explica en cierto grado por qué no lo asumen como abuso o violencia obstétrica: “Las parteras no son conscientes de lo que perpetúan dentro del sistema. Ellas históricamente fueron llamadas las ‘guardianas del nacimiento’. Sin embargo, hoy en día funcionan como asistentes del médico obstetra.  Esto las pone en una situación desigual de poder en un sistema médico que es verticalista y patriarcal del que ellas también son víctimas”.

A fines de abril se dio media sanción en diputados a una ley que reconoce la autonomía de la profesión obstétrica. Este proyecto de ley genera controversias. Marina Lembo, en el programa de radio “Enredando las mañanas”, explicó que si bien este proyecto propone que las parteras dejen de figurar como colaboradoras de los médicos y sean autónomas como profesionales, trae como problema que, esa degeneración histórica de la esencia de la partera, siga reproduciendo las formas médicas de asistir los partos con la mujer acostada, hacerla parir más rápido, pujar aunque no tengas ganas, cortar, romper la bolsa y desentenderse de la asistencia del bebé y el posparto. Para concluir, Lembo reflexiona al aire, “el parto es algo natural, son muy escasas las situaciones que necesitan asistencia”. Tratarlo como una enfermedad que requiera la intervención médica estándar termina en madres y bebés que se tienen que recuperar de semejante situación.

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