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Morir de desidia

Por Pablo Hernán Velazquez

Fotografía por Tomás Iramain

Llegó al Pirovano para refugiarse de la ola polar, y murió en uno de los pasillos por hipotermia. No se sabe aún su identidad, se presume que se trataría de Osvaldo Roldán aunque no fue oficialmente confirmado, ni por qué estaba en la calle, pero es la segunda persona que muere de frío en la Ciudad de Buenos Aires, el distrito con más recursos y riqueza del país, y la octava a nivel nacional.

Los hospitales de la Ciudad suelen ser un lugar en el que la gente en situación de calle busca refugio nocturno, abrigo y un baño para higienizarse. Este hombre, según comentaron testigos al medio Página 12, llegó con un grupo de personas y alrededor de las 22 horas del pasado domingo se percataron de que no se movía: llevaba diez horas muerto.

Sergio, el primero

Hace unos días, la muerte de Sergio Zacariaz, a pocos metros de la casa de Gobierno, fue un mazazo. Un golpe al corazón de la rosca política y la disputa electoral que se lleva absolutamente toda la atención, como si el país se paralizara cada dos años.

El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se tomó su tiempo para decir algo, y finalmente fue el vicejefe de gobierno, Diego Santilli, quien dijo que Zacariaz eligió morir de frío en la calle antes que ir a sus “paradores”, haciéndoles más mala prensa de la que cree.

Mariano Goyenechea es el director de Atención Inmediata de la Ciudad, y dentro de la órbita de esta repartición, opera la Línea 108 para reportar personas en situación de calle. Él eligió tomar el tema como una cuestión de números: “solo un tercio de las personas en situación de calle son porteños, el resto son del Conurbano y del Interior”. No todas las visiones fueron en esta línea. Martin Giovio, director de Red Solidaria, dijo a Revista Colibrí: “para nosotros una muerte es una tragedia, pero un fallecimiento por hipotermia es una derrota como sociedad, como comunidad, porque se da la particularidad que pasamos millones de personas por al lado”.

Solidaridad civil ante el abandono del Estado

Durante la última semana, el frío polar se adueñó de la ciudad como de muchas otras locaciones del país. Es por eso que Red Solidaria, y otras organizaciones de ayuda social, comenzaron con la campaña nacional #FrioCero, para dar una respuesta civil ante la desidia y la falta de respuesta del Estado, que no hace más que poner números de teléfono para que otros ojos vean lo que ellos no.

Sin embargo, Giovio entiende que la voluntad de ayuda es lo primero que se debe anteponer: “esta situación genera dolor, genera que tengamos que estar más atentos y comprometidos que nunca cuando la temperatura baja los 5 grados, para dar aviso a cada número que cada ciudad pone a disposición de sus vecinos”.

Se abrieron las puertas de instituciones, de parroquias y del propio Club River Plate que puso a disposición su establecimiento para dar cobijo y un plato de comida caliente a más de un centenar de personas que se acercaron en una de las noches más gélidas.

La política del tironeo

Es completamente valorable y entendible que las instituciones de la sociedad civil -en especial, aquellas que brindan apoyo y contención a los sectores vulnerables- elijan mantenerse al margen de los tirones de la política, pero no se entiende como funcionarios que deberían dar respuestas se dedican a criticar la ayuda civil.

La ministra de Desarrollo Humano y Hábitat, Guadalupe Tagliaferri, recientemente premiada con una candidatura al Senado luego de la instalación de los contenedores hidráulicos, fue crítica con la medida del club River Plate, y dijo a medios afines que “era innecesario abrir los clubes”.

Ademas, Tagliaferri intentó desmentir la segunda muerte por el frío en CABA, en declaraciones a Clarín: “el hombre tenía historia clínica por afecciones cardíacas y no quería tratarse”. Nuevamente, es culpa de la víctima.

Lo cierto es que los resultados preliminares de la autopsia desmienten a la ministra: el hombre falleció por cardiopatía y neumonía, afecciones que pueden agravarse por las bajas temperaturas y malas condiciones de vida, como ofrece el hecho de dormir en la calle.

Desde Revista Colibrí, como cuando se presentaron los contenedores con cerrojo, intentamos contactarnos con Tagliaferri para preguntarle por el aumento de las personas en situación de calle, por qué en los “refugios” se confiscan las pocas cosas que estas personas llevan consigo y qué plan de acción tiene el Ministerio para afrontar esta problemática. Nuevamente, no obtuvimos respuesta.

En las últimas horas, luego de la segunda muerte por hipotermia en la Ciudad, la policía porteña atacó con golpes y gases a trabajadores de la economía popular que intentaban instalar una carpa de ayuda para personas en situación de calle, a quienes quisieron repartir colchones, comida y abrigo. La solidaridad no suma votos y el miedo disciplina.

Según comentaron trabajadores del Hospital Pirovano, fueron presionados para no dar información sobre lo ocurrido el domingo, con lo cual se vuelve aún más salvaje la represión en el Dia de la independencia, porque el gobierno sabía que hubo otra muerte.

El egoísmo

Caminamos todos los días por la Ciudad, metides en nuestros problemas, los trámites que tenemos que sacarnos de encima, las cosas que tenemos que comprar antes de llegar a casa, y demás cuestiones. Y mientras tanto no nos damos cuenta de que salimos a esquivar a gente que duerme en la vereda, síntoma evidente de una sociedad rota por el sálvese quien pueda y enferma por el egoísmo.

Con distintos grados de responsabilidad, todos somos responsables y todos podemos hacer algo por el otro”, alienta Giovio, y agrega que “dar aviso es tan importante como acercarnos a esa persona, sumarnos a una recorrida nocturna, salir de casa con un plato de comida o un abrigo de más para la persona que nos crucemos en esta situación, como también detenernos a charlar dos minutos”.

El gobierno porteño reconoce la existencia de más de 1100 personas en situación de calle, pero hay cifra extraoficiales que hablan de 7 mil solo en el territorio que gobierna Rodríguez Larreta, con una tendencia creciente.

Estamos ante una problemática dura e impiadosa, en la que aceptamos que nuestres pares mueran de frío y hambre en la vereda de nuestras casas: «la situación de calle es compleja y profunda. A una persona que pasa mucho tiempo así, le cuesta volver a reinsertarse en la sociedad, porque la calle es dura», lamenta el director de Red Solidaria.

La consciencia y la conmoción se deben volver acción. Podemos hacer algo más que «votar bien» cada cuatro años para evitar que más personas mueran ante tanta inhumanidad.

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