Loader
Tabata Roja – Foto de la Semana
10097
post-template-default,single,single-post,postid-10097,single-format-standard,bridge-core-1.0.5,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-18.1,qode-theme-bridge,disabled_footer_top,disabled_footer_bottom,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-6.0.2,vc_responsive

Tabata Roja – Foto de la Semana

Por Alma González

Esta semana presentamos el trabajo de Tabata Roja (@tabata_roja), fotógrafa mexicana que actualmente se encuentra en Buenos Aires. Sus fotografías interpretan el desnudo artístico a través de cómo los cuerpos habitan ese espacio, así como la luz, los tonos, las posturas y lo ausente. La mirada-encuadre que produce Tabata, transmite sensaciones que atraviesan lo superficial, posicionando una búsqueda propia (y colectiva) más visceral.

¿Cómo fue tu primer acercamiento a la fotografía?
Mi camino en la fotografía comenzó en la adolescencia, al principio sólo hacía fotos para crear un registro de lo que había a mi alrededor, evidencia de que lo que recordaba realmente existió y por ende reconocer los pasos detrás de mí, el film siempre fue fundamental en este proceso de reconocimiento de la realidad, comprender cómo es que la emulsión reacciona a la luz y todos los procesos físicos-químicos que hay alrededor de la creación de una imagen me dieron cierta seguridad, el cuarto oscuro se volvió mi hogar.


¿Cómo comenzaste a interesarte en el desnudo artístico en la fotografía?
La relación entre sexualidad, el erotismo y la naturaleza del cuerpo desnudo son temas que me han acompañado y resonado desde temprana edad, pero no fue hasta 2015 que mi trabajo comenzó a girar en torno a la exploración exhaustiva y autocrítica de estos temas, así la fotografía pasó de ser un simple registro, a mi voz y forma de comunicarme.
Por otro lado, “salir del closet” fue un hecho que volteó por completo mi trabajo. Esto se debe a que al principio hacía todo mi esfuerzo para que el tipo de fotográfica que hiciera no fuera erótica, a lo que con el tiempo me empecé a cuestionar: ¿por qué estoy tan negada a la eroticidad? Empecé a creer que yo era asexuada, sentía que había algo conceptualmente erróneo ligado a la relación con mi cuerpo y con mi sexualidad.
Además de que las imágenes que se consumían como eróticas no me representaban, ni me sentía identificada con las mujeres que estaban plasmadas en esas fotos: super flacas, depiladas, rubias, despampanantes, y si bien me parecían hermosas, me hacían sentir super incomoda. Y sobre todo creciendo en México, un país profundamente homofóbico y machista, y perteneciendo a una familia de militares, pensamiento de ultra derecha; yo misma había formado una homofobia internalizada que me costó muchos años identificar, que luego pude relacionar directamente con la heterosexualidad impuesta. Fueron un cúmulo de cosas que no me dejaban ver y el haberme metido de lleno a la fotografía me ayudó muchísimo a cuestionarme, además de que las lesbianas están super invisibilizadas y era claro porqué estaba tan confundida si no había ni una sola referente en la cual yo me pudiera ver, en la cual yo pudiera validar mi sexualidad y mi deseo.


El autorretrato está muy presente en tu trabajo, ¿cuál es tu relación con el mismo?
Me acuerdo que cuando era chica encontré un álbum de mi abuela, donde todas las personas de la foto estaban arrancadas menos ella. No podía parar de mirarlo y preguntarme por qué había hecho eso, hasta que me animé a decirle y ella me respondió  que esos fueron los peores momentos de su vida y guardó esas fotos para poder reconocer en sus ojos cuando le pase de nuevo. Y a raíz de eso empecé a ver las fotos que había hecho a lo largo de mi vida, como a buscarme en las fotografías, porque siempre retrataba desde una visión un tanto externa, desde un lugar más de testiga que de primera persona. Pero sí encontré algunos patrones, y me ponía a pensar en esos momentos de la vida y eran situaciones muy similares, por lo que mis gestos también lo eran. En 2016 comencé voltear la cámara hacia mi y explorar todas las preguntas que iban surgiendo en primera persona. Cada autorretrato que hago me confronta con quien soy y el desnudo es una manera en la que no me puedo ocultar nada, pero también la que me hace sentir más dueña de mí.



¿De qué manera te vinculas con las modelos?
En cada una de mis fotografías, busco una nueva forma de ver nuestros cuerpos desnudos. No somos sólo un conjunto de líneas curvas, luces y sombras. Cada mujer tiene su propia feminidad: su propia esencia. Mis fotos son sobre mí y mis modelos, no sobre nuestros cuerpos. El desnudo es una herramienta narrativa y una declaración.
Desde que comencé a hacer fotografía de desnudo comencé a acercarme a mujeres que están en búsquedas similares, pues para mi es importante conocerla en persona antes de la sesión, al final del día somos hijas del mismo dolor y compartimos heridas, con eso en mente durante las fotos trabajo sobre esas heridas comunes y ayudarlas a sanar o hacer las paces con alguna parte de su cuerpo o su vida me ayuda a sanarme a mí también. Crear redes entre nosotras es lo más inesperado pero hermoso que me ha sucedido haciendo foto, muchas de las mujeres que ahora llamo hermanas, nos conocimos haciendo fotos juntas. 


Tabata finaliza diciendo, “Por ahora me encuentro en Argentina, pero mi mayor deseo es poder seguir viajando y creciendo las redes entre mujeres,
estamos en un momento crítico y en evidente cambio de paradigma; creo fundamental contarnos nuestras historias, desde nuestros propios cuerpos, para entender que es una misma, quiero ser testiga del cambio a través de mi lente”.

 

No Comments

Post A Comment