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Chile: al veneno de los pacos, el pueblo responde organización
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Chile: al veneno de los pacos, el pueblo responde organización

«El que pierde los ojos, deja el alma en una prisión oscura,
sin esperanza de ver la luz del sol, lumbrera del mundo.
Son muchos los que aborrecen la oscuridad de la noche,
aunque dure tan poco. ¿Qué harían si la oscuridad
fuera la compañera inseparable de su vida?» (Leonardo Da Vinci)

Fotos: Pedro Funes (última semana de movilización popular)
Texto: Nicole Martin

Casi dos meses pasaron desde que el país latinoamericano despertó. Entre bailes bajo los camiones hidrantes, intervenciones artísticas que erizan la piel y un grito que no se ha atrevido a bajar el tono ante la feroz represión, la movilización continúa. Todos los viernes, autogestionades llenan la Plaza de la Dignidad. Aún el resto de los días de la semana, algunes se manifiestan en la plaza pública en repudio al gobierno de Sebastián Piñera.

La rutina de lucha es también de represión. Todos los días, camiones hidrantes y de gases esperan en la plaza para hablarle al pueblo. ¿Cuál es la respuesta oficial ante movilizaciones durante casi dos meses? Agua contaminada con soda cáustica y gas pimienta. Así lo confirmó un estudio realizado por el Movimiento Salud en Resistencia (MSR), que examinó el agua lanzada por Carabineros durante manifestaciones.

¿Qué busca el pueblo chileno?

Aunque el hastío de muchos años y muchas injusticias hace difícil contestar esta pregunta, la consulta ciudadana que fue publicada este fin de semana tira unas líneas. Realizada por partidos y municipios, se trató de una instancia estadística en la que participaron más de 2 millones de personas, es decir, el 11% de la población chilena.

Según las fuentes oficiales, el 91% de los votantes apoyó crear una nueva constitución, que reemplace la Carta Magna heredada de la dictadura. En esta constitución, las tres demandas sociales que más consultantes apoyaron fueron: Mejorar las pensiones y dignificar la calidad de vida de los adultos mayores» (492.010 votos), «Mejorar la salud pública y su financiamiento» (486.054 votos), «Acceso y calidad de la educación pública» (331.564 votos).

Además, la población se inclinó porque el voto sea obligatorio.

El cumpleaños infeliz de Sebastián

Es el primer día del último mes del 2019. En un día soleado, las hojas de los árboles del barrio Los Condes se hamacan despacio al viento. El susurro de los pájaros acaricia las casas valuadas en cientos de miles de dólares en una de las zonas residenciales más caras de Santiago de Chile.
Alguna persona anónima pasea a su perro entre las paredes verdes que enmarcan la calle San Damián. Los árboles lo van guiando hacia un punto donde se arremolina la gente y bastantes bicicletas. Distraído, continúa su lento paso hasta la feliz muchedumbre, que entre banderas chilenas y mapuche, canta:

«Estas son las mañanitas que cantaba el rey David,
hoy por fin que cumples algo, te las cantamos a ti,
renuncia, weon, renuncia
mirá, Chile despertó
y no le tenemos miedo a tu feroz represión»

Piquetes de Fuerzas Especiales y carros lanza-agua acompañan el canto con postura de fósil. Aunque no se mueven, se les nota el miedo. Del otro lado, algunas personas aplauden y festejan. «Es el cumpleaños del Presidente Piñera y aquí tenemos la serpentina, ¡muy bien, señor carabinero! ¡siempre primero!», grita uno de los ciclistas, de casco azul. Del otro lado, el de casco verde aprieta los dientes para no cambiar la expresión.
Setenta años cumple Sebastián, que batió su propio record con una aprobación estadística menor del 5% del pueblo que dice gobernar. Es aquel pueblo el que esta tarde, entre carabineros serios y una tensión creciente en el aire, el que canta «Infeliz cumpleaños». Son sus voces, filtradas a través del gigante opertativo de seguridad, la intervención que se cuela entre las plantas importadas del siempre tranquilo Los Condes, una muestra pequeña pero contundente de qué buena fiesta pueden inventar los que asisten a un cumpleaños sin invitación.

Los números de la violencia

No hay muchos institutos oficiales que hagan cifras sobre la violencia de carabineros. Bajo una visible presión, el Instituto Nacional de Derechos Humanos de Chile, publicó algunos números que se han registrado del 17 de octubre al 12 de diciembre de 2019.

– Un total de 3462 personas heridas. De ellos, 2778 son hombres, 398 mujeres y 256 niños, niñas y adolescentes.
357 heridas oculares, de las cuales 334 se clasifican como lesión o trauma y 23 como estallido o pérdida.
– Un total de 1986 personas heridas por disparos.
– Un total de 792 acciones judiciales presentadas por violencia institucional.

En esos números, no entran las historias de las cicatrices que dejaron los disparos de goma. No hay en ninguno de los dígitos de 3-4-6-2 denuncia de que los balines «de goma» que tiran los pacos no son de caucho, sino de plomo. Más concretamente, según una investigación del Departamento de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Chile, sólo contienen un 20% de caucho.

En 3-5-7 no entra el vacío de los ojos que no ven.

En 1-9-8-6 no hay rastro del impacto que un disparo de paco deja en la memoria.

En 7-9-2 no hay ni eco del trauma de una violación, de un desnudamiento en una comisaría, de la humillación que han ejercido los carabineros a jóvenes, adultes y adultes mayores en su abuso de la fuerza.

En ninguno de estos números hay justicia. En ninguno de estos números hay vida -o por lo menos, no buen vivir-.  Pero lo que ha vivido Chile y el resto de Latinoamérica ha aprendido en estos dos meses de movilizaciones, en sus intervenciones en la calle, en su forma de crear lucha y arte y en cada uno de sus gritos a viva voz es que ni las armas químicas destruyen la memoria y que la fuerza del pueblo es más fuerte que el veneno, que el gas pimienta, que las balas de plomo y que cualquier otra arma del Estado.

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