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Que diga “lesbicidio” | Revista Colibri
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Que diga “lesbicidio”

Por Noelia Leiva
Fotografías: Dagna Faidutti

Necesitamos seguir inventando un nuevo lenguaje
para volver a contarnos después de tamaña crueldad,
necesitamos no tirar nuestros nombres a la basura.

val flores.


A más de dos años de la madrugada del 6 de mayo de 2024, cuando Justo Fernando Barrientos arrojó una molotov en la habitación del hotel donde vivían hacinadas dos parejas de lesbianas y amigas, inició el juicio para pedir justicia por ellas, Pamela Cobbas, Roxana Figueroa y Andrea Amarante, y la reparación efectiva para Sofía Castro Riglos, única sobreviviente del crimen de odio conocido masacre de Barracas. Lo que resuelva el Tribunal Oral en lo Criminal N°5 no sólo competerá a las personas directamente afectadas, sino a todas la comunidad LGBTTIQA+. Si la sentencia reconoce que ocurrió un lesbicidio será un claro antecedente jurídico y político: al lesboodio que asesina se le dice “Nunca Más”.

El juicio que inició este 18 de mayo y que tiene previstas audiencias hasta julio tiene a Barrientos como imputado del delito de “homicidio agravado por odio a la orientación sexual de las víctimas, mediando violencia de género” con alevosía, y en grado de tentativa hacia Sofía. Esa definición no incorpora lo que los activismos reclaman: que diga “lesbicidio”, una figura todavía inexistente en el Código Penal que representa que se trató de una tipología específica de asesinato, dirigido a identidades lésbicas por el mero hecho de serlo, como forma extrema de disciplinamiento desde el heterocispatriarcado. 

Foto: Dagna Faidutti @la.dag


El derrotero judicial intentó el borramiento de ese componente y la invisibilización de rasgos que podrían afectar al acusado -que se negó a declarar ya desde las instancias de indagatoria y que actualmente cuenta con prisión preventiva- porque no se preservaron las pruebas de la habitación donde ocurrió el hecho ni se aceptó, en un primer momento, a Sofía como querellante. El motivo que dio entonces el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°14, a cargo del juez Edmundo Rabbione, fue que no había manera de probar el vínculo de pareja con Andrea, una de las víctimas. Otra vez el sesgo del desprecio lesboodiante

«No fue un ataque a esas cuatro víctimas solamente, sino a ellas en tanto lesbianas. Atacaron su proyecto de vida, y eso nos afecta como comunidad”, expresó Samantha Pedrozo, abogada de la querella colectiva liderada por la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT), que es una de las tres que integra el juicio. La segunda audiencia sucederá el viernes 22 de mayo.

 

Soñar con vivir (juntas)


Sofía soñaba con una casa Andrea, con su propia casa y, como vivían en comunidad, inevitablemente su sueño era un hogar para que otras personas tampoco volvieran a estar en situación de calle”, contó Nor Zárate, integrante de la Coordinadora Lesbicidios Nunca Más (CLNM), que organizó una jornada cultural, política y artística frente a Tribunales para acompañar el inicio del juicio oral.

En 2024, ni bien se dio a conocer el hecho, Nor se encargó, con otras compañeras del espacio Lesbianes Autoconvocades, de las tareas más tristes: “Acompañamos durante los primeros días a Andrea, que falleció a la semana. Hicimos una colecta porque había que pagar los velatorios, ya que se encontraban en una situación económica muy precaria. El contacto con las familias biológicas no estaba disponible en todos los casos”, relató. “Asumimos la tarea porque nos puede pasar a todas, porque entre lesbianas nos conocemos, creamos comunidad y sabemos que todas tenemos una amiga, una compañera o un amor que no tiene a su familia porque sufrió la expulsión del hogar”, explicó.

Reordenar las piezas para hallar justicia demanda de una mirada interseccional, que comprenda cómo se cruzan las violencias sobre algunas poblaciones. Lo que sucedió en el hotel-pensión Canarias, ubicado en la porteña Olavarría al 1600, condensa violencias estructurales: el lesboodio, la pobreza, la precariedad laboral, la discriminación que pesa sobre personas racializadas.  

Decimos que nuestro territorio es nuestro cuerpo. Pero cuando no sabés dónde vas a dormir todos los días, hay que mirar más allá de la corporalidad en sí misma«, planteó Estefanía Cámera Da Boa Morte, que también es parte de la Coordinadora, además de la organización A Thurma Da Bahiana y del movimiento que impulsó en Argentina la Marcha Antifascista.

Lo íntimo y lo político

Precisamos rituales de duelo, de justicia, de sensibilidad”, escribió val flores, activista queer, cuando se conoció el triple lesbicidio. Nombrar a las existencias lésbicas y poner en palabras cómo lo supuestamente “normal” ataca con el asesinato o la exclusión a quienes no reconoce como parte, conforma el camino hacia una vida real con derechos. Con ese norte, Paloma Ardeti propuso un ritual performático de encuentro, calma y reparación, que lleva a cada actividad por el triple lesbicidio.

Cuando supo que habían asesinado a Andrea, Roxana y Pamela mientras dormían por el simple hecho de ser lesbianas, entendió rápidamente que tenía que construir lo que llamó “Lesboperformance”: una cama con los colores de la bandera lésbica y dos almohadas, para que quien quiera se recostara para revivir la experiencia funesta de encontrar en el espacio de los abrazos y el descanso un ataque mortal. “Esta instalación habilita la cama como un territorio político”, definió la creadora. Y agregó: “Hay gente que dice ‘todo bien con les homosexuales, pero que se queden en sus cuartos’. Y no, ahí también nos matan. Busco, entonces, que esta cama se transforme en un espacio de lucha, de visibilización y de pedido de justicia”. 

Foto: Dagna Faidutti @la.dag


Comprender lo estructural de la violencia LGBTTIQA+odiante, en un contexto de avance de la extrema derecha, demanda mirar el mapa completo. La masacre de Barracas tampoco fue un hecho aislado porque hay más víctimas del mismo odio, con otras personas penalmente responsables. Es el caso de Sofía Fernández, asesinada en una comisaría de Derqui, Pilar, por ser una mujer trans. O de Higui De Jesús, una lesbiana que fue procesada por defenderse de varones que intentaron violarla, y que fue absuelta como resultado de la lucha colectiva.

¿Cuándo va a ser el día en que vamos a poder ser libres?”, se preguntó Marisa Enriquez, activista lesbiana e integrante de la campaña que acompañó a Higui en todo el proceso judicial. Como con ella, frente al pedido de justicia por la masacre de Barracas, la lucha compartida se vuelve sinónimo de esperanza: “Hay que poner el cuerpo, estar en la calle, visibilizar. Es posible la transformación compartida y a pulmón”.

Nombrar “lesbicidio” no es solo una disputa semántica. Es reconocer que el odio hacia las identidades lésbicas es sistemático, que tiene una lógica de disciplinamiento, que no empezó con Barrientos pero tiene que terminar. Es reconocer que Pamela, Roxana, Andrea y Sofía vivían en condiciones precarias que las exponía aún más a las violencias, en un contexto de vaciamiento de las políticas públicas. Una sentencia que lo diga tendrá el peso de un antecedente. De que lesbicidios, nunca más.guarda

Mini bio de la autora: Noelia Leiva es lesbiana, periodista y comunicadora especializada en género, diversidad y derechos humanos. Es doctoranda en Comunicación y Género (UNLP), donde investiga al lesbicidio como mensaje de odio. Es integrante de la Coordinadora Lesbicidios Nunca Más.

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