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Luis Espinoza: desaparición y asesinato en cuarentena | Revista Colibri
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Luis Espinoza: desaparición y asesinato en cuarentena

Por Pablo Hernán Velázquez 


Luego de ser golpeado brutalmente por policías de Tucumán, el cuerpo de Luis Espinoza fue hallado sin vida una semana después de su desaparición. Una víctima más de una cuarentena represiva y violenta.

Luis Espinosa tenía 31 años y llevaba 7 días desaparecido hasta que su cuerpo fue hallado en Andalgalá (Catamarca), a metros del límite con Tucumán, en el fondo de un precipicio de 150 metros. La última vez que Luis fue visto con vida fue luego de un operativo policial de cuarentena ejecutado por la Policía de la provincia de Tucumán, el 17 de mayo en Simoca, a 61 km de San Miguel. Los procedimientos que dieron con el cuerpo de la víctima fueron llevados a cabo por el Equipo Científico de Investigaciones de la Fiscalía de Instrucción 1 de Monteros, y se pudo constatar que Espinosa sufrió una brutal golpiza antes de ser asesinado.

El día de la desaparición, Luis se cruzó con su hermano Juan Antonio, quien a caballo iba de camino a visitar a su hija. Cerca de ese lugar se estaba llevando a cabo una carrera de caballos, actividad no exceptuada por los decretos presidenciales para reglamentar la cuarentena obligatoria. Cuando la policía provincial se acercó al lugar, los atacaron violentamente a pesar de que no estaban participando de ningún hecho ilícito. Luego de golpearlos, un Juan casi inconsciente logra ver que los oficiales efectuaron un disparo en la dirección donde se encontraba su hermano. Fueron detenidos y pasados a disponibilidad el lunes 20 el comisario Rubén Montenegro, el oficial José Morales, los sargentos René Ardiles y Victor Salinas; los cabos José Paz, Claudio Zelaya y Miriam Gonzalez; el agente Esteban Rojas González y el vigía comunal Sergio Santillan.

Casual o no, Rojas González y Zelaya ya tenían antecedentes de abuso policial por haberle propiciado una golpiza mortal a Alan Andrada, joven de 20 años, a la salida de un boliche el 6 de octubre de 2018. El joven había llegado a señalarlos antes de su fallecimiento. Paz y Ardiles «se quebraron» y admitieron una participación de encubrimiento, y declararon con carácter de testimonio que el cuerpo de Espinoza fue llevado por cuatro oficiales en el auto particular del comisario a la zona donde fue arrojado.

Seguimos atravesando una cuarentena represiva en la que las fuerzas de seguridad, envalentonadas por las felicitaciones afectuosas de los funcionarios de gobierno (presidente y gobernadores), dan rienda suelta a su cara más violenta. Esa cara que llevó a la desaparición y muerte de más de 7 mil personas en tiempos de democracia política sin que el Estado haya reconocido su responsabilidad primaria en prácticas que vulneran día a día los derechos humanos de las víctimas y sus familias.

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