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"Los Caídos, pequeños grandes luchadores" #Marchafederal | Revista Colibri
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«Los Caídos, pequeños grandes luchadores» #Marchafederal

Por Paula Colavitto

«Agos me estaba tironeando del guardapolvo porque se quería bajar.

– ¿Para qué se subió a ese mastil, má?

– Me subí para estar más alta, no sabés cómo se ve todo desde acá… Subí nene!

-Qué hay? qué ves?

– Faaa, cuánta gente! ¡¡Creo que ví a la seño Daniela, Rami !! ¡¡Te juro que la vi !! ¡Dejame bajar! Quiero ir a saludarla!

– ¿En serio, Agos? A mi me pareció ver al profe  Marcos de gimnasia pero no estaba seguro. Dejame subir, ¡¡Má!!

– Si estás acá arriba tenés que cantar Rami. Dale! Sí ya sabés la canción, es la que nos enseño la seño de música. ¡Tenés que cantar y aplaudir!

Subí de un empujón que me dió un viejo, no fue tan difícil. Agos tenía razón: desde arriba la vista era increíble, nunca había visto tanta gente junta, tantas seños, tantos profes, tantos chicos… era como la escuela pero en la calle.»

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Caminando por la cuerda floja quizás me caigo, es lo que quiero.
Lo que estoy buscando. No hay vuelta atrás ni tiempo para arrepentimientos, cuando una bomba explota, explotó, y ya… solo queda el llanto —si es que se quiere llorar.
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La única lucha que se pierde en la que se abandona, dicen.
Y es lo que quiero creer, pero hay que juntar agallas y animarse.
Después de todo, lo mejor que nos puede pasar es tener coraje.
Y abandonar el guardapolvo, ¡Jamás!

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Busco piedras, de las más pesadas.
De esas que no se pueden maniobrar ni agarrar.
El final está cerca.

Me siento en el borde.
Veo el cielo, contaminado. Nubes grises, pero más grises que de lo normal.
Veo al cielo con balas, balas de goma.
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Pero siento que lo puedo hacer mío, me lo apropio. Vamos directo.
Si me descubren me matan, pero al menos sé que vale la pena morir.
Sé que al menos lo intenté.
Respiro profundo, y con tiza en mano es mi último respiro.
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Digo adiós, nos veremos pronto. Ojalá así sea.
Se nos hace un vacío en la marcha cotidiana.
Si hoy no nos encontramos el cansancio ya nos gana, pero resistir es lo que nos queda.
Un abrazo nos espera donde crece el coraje.
El deseo enardecido no distingue entre ropajes.

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Entiendo que la vergüenza y el miedo tienen que ver con no creerse funcional a la expectativa que tienen todas las partes.
No es fácil no tener miedo, no es fácil no atemorizarse hasta los dedos de los pies en semejante situación.
Pero siempre acá, firme. Somos indestructibles y eso es lo que los pone locos.
I n d e s t r u c t i b l e s.
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Sin embargo, sentía correr el miedo por mis venas todos los días con la bocina del tren avecinándose acompañado del grito urgente que busca a los pibes, lo sentía las mañanas de invierno disfrazado de frío, disfrazado de hambre.
De un mate cocido tibio, pero más frío para el paladar que un cubito de hielo.

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No nos van a bajar, no nos van a hundir,

aunque nos sigan pegando vamos a resistir.

Ellos no entienden de constancia, ellos buscan la táctica rápida.
Nos quieren voltear pero cada vez somos más, ellos saben que cada vez
somos más.
No podrán con nosotros ni nuestros niños.
Los quieren ignorantes y, en verdad, saben más que cualquiera.

          DOCENTE LUCHANDO TAMBIÉN ESTÁ ENSEÑANDO.

 

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