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¡Ni Una Menos, sin racismo nos queremos! - Entrevista a Adriana Guzmán | Revista Colibri
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¡Ni Una Menos, sin racismo nos queremos! – Entrevista a Adriana Guzmán


Conectades, entrevistas de cuarentena
Octava edición: Adriana Guzmán
Por Nicole Martin

 

Adriana Guzmán es una referente feminista aymara que integra el Feminismo Comunitario Antipatriarcal de Bolivia. El movimiento del que forma parte se creó a partir de la Masacre del Gas (o Masacre de Octubre), ocurrida en 2003 en La Paz, Bolivia, durante una represión tan fuerte del entonces Gobierno del Presidente Gonzalo Sánchez de Lozada que, al menos, se cobró la vida de 63 personas. 

En la entrevista en «Conectades», un ciclo de Revista Colibrí para generar conversación durante la cuarentena, fue invitada a hablar de racismo y decolonialidad. Un racismo por color, por etnia, que se ve en la discriminación hacia les afrodescendientes, contra las personas del Abya Yala, a los pueblos originarios de nuestro continente, que continúa aún en el siglo XXI por todas las vías que la sociedad lo permite. 

Racismo que se trenza con la xenofobia, estructurado sobre las bases coloniales que construyeron el continente Americano sobre lo que era, y aún hoy reivindicamos como el Abya Yala.

¿Qué es el Abya Yala?
Abya Yala es el nombre originario con el que se conoce al continente América, 
en su nombre colonial, que comienza a llamarse así con la llegada del genovés 
Cristóbal Colón. Significa “tierra de sangre” en lengua kuna, o ahora guna, 
un pueblo originario de Panamá y Colombia, originario de Sierra Nevada.

 

-A Adriana la entrevistamos en distintas oportunidades en Revista Colibrí, aprendimos mucho de ella y vamos a ir mencionando algunos de esos aprendizajes. Primero que nada, preguntarte cómo estás compañera, cómo estás viviendo esta distopía mundial y cómo están tus hermanas, también.

Kamisaki Kullaka, buenas noches hermanas. Gracias por la convocatoria. Quiero agradecer también a la Revista Colibrí por esa larga entrevista que nos hizo la compañera Micaela Petrarca, ya van a ser dos años. Como saben, esta memoria que teníamos del feminismo comunitario siempre la contabamos pero nunca la habíamos leído, nunca habíamos tenido tiempo de escribirla, entonces, nos hizo una gran entrevista en una plaza, donde estuvimos horas hablando. Ha sido muy útil para nosotras poder leer lo que decimos y tener ese documento, que a veces no alcanza el tiempo o no hemos tenido las herramientas para generarlo. El mundo colonial se ha encargado de decirnos también que no escribimos bien, que no escribimos claro, entonces ha sido muy util, asi que gracias a la revista.

Como ustedes saben, este golpe de estado que hemos vivido aquí en noviembre en Bolivia, se ha extendido. Creo que aquí hay que construir otra teoría sobre los golpes, porque lo principal en bolivia es que el golpe ha sido al pueblo, a las organizaciones sociales. Ha sido un golpe racista, un golpe que iba por la dignidad, que iba para escarmentar a los cuerpos, ¿no? que termina en golpe de estado. Porque sino en el análisis sólo miramos el golpe de estado, quien está en el gobierno y quién no está, pero el tema es lo que ha pasado con las masacres, la represión, el racismo impune que se ha desatado. 

Durante trece años no digo que se haya acabado el racismo pero se ha enfrentado, porque también la dignidad enfrenta al racismo, pues ya no es impune, cuando una levanta la cabeza ya no es impune.  Entonces lo que se ha logrado construir en estos trece años lo ha explotado el racismo impunemente. Esas son las caracteristicas, yo creo, de otros tipos de golpes que se están viviendo ahora en el mundo, aquí en la región en Abya Yala. Entonces este golpe ahora continua con un gobierno de facto, represión, imaginate si en el mundo han militarizado los gobiernos,  aquí el doble, el triple, no sólo han militarizado sino que han comprado un montón de equipamiento, balas especiales, gases de largo alcance, para seguir la represión, han destinado el presupuesto en pandemia para comprar elementos de represión para los militares y para los policías

Este golpe no sabe hacer otra cosa que reprimir, no tenían ningún proyecto de gestionar el estado, además de ser un gobierno fascista no tiene capacidad de gestionar. Entonces estamos viviendo sin un estado de derecho, ahora que ya no se respeta ningún derecho, ni a libertad de expresión, ni a la vida, ni a la salud. Impresionante, difícil de creer a pesar de que ya son seis meses.

-Con una incapacidad de gobernar que se evidencia en que ni siquiera pudieron comprar respiradores en este contexto. Armas y respiradores inútiles. Más allá de la represión, quisiera preguntarte sobre el estado de organización que hay hoy en Bolivia. A partir del golpe y encontrándonos en un momento donde por fin tenemos una supuesta fecha de elecciones, antes del 6 de septiembre de este año.

En el golpe mismo ha habido una organización del momento, hay que reconocer que cuando se da el golpe había un desgaste en las organizaciones sociales, había fragmentación porque no había sido tan sencillo acercarse al poder, estar en el estado, ha generado rupturas y había peleas dentro de las organizaciones. No es que vamos a idealizar a las organizaciones ni a los pueblos indígenas, entonces, fue todo un desafío. Ha habido muchas discusiones, muchas frustraciones, hay un permanente ataque del sistema, de los grupos de poder, del fascismo, de la derecha, entonces hay quienes creen en profundizar y otros que creen que tenemos dedicarnos a proteger lo poco que hemos logrado. Lo poco o lo mucho que hemos logrado.

Y para nosotras si un proceso no se profundiza, se estanca, entonces también estaban estas condiciones, pero una vez que se da el golpe hay una organización fundamentalmente por dos cosas: la humillación a  las hermanas de pollera, a las mujeres indígenas, “¡la pollera se respeta, carajo!” es una cosa que nos ha encontrado en las calles,”¡la wiphala se respeta, carajo!” es otra cosa que nos ha encontrado en las calles, porque queman la wipala, es una expresión de su racismo. Entonces hay toda una resistencia débil, pero resistencia al fin.

En medio están las masacres, las masacres son porque había una resistencia pero lastimosamente este juego tan complejo de la democracia pone las cosas en discusión en otro lugar. Podemos estar en las calles resistiendo pero en el congreso hay una presidenta de facto ya posicionada por los militares, con mayoría del “MAS” en el congreso pero con también con diputados y diputadas amenazadas, otros sentándose a negociar. Una complejidad difícil.

Finalmente planearon esta ley de pacificación y esta supuesta idea de  que el único rol de este gobierno era llamar a elecciones y eso nos desmovilizó, no porque las organizaciones hayan respondido al congreso sino por  este juego de la democracia porque las elecciones deberían ser la solución pero “si vos sigues protestando en la calle es porque realmente eres un terrorista, un ignorante, alguien que quiere dinamitar la ciudad”. Entonces como el golpe se ha dado con ese escarmiento sobre nuestro cuerpo, diciendo que nos matábamos entre nosotros, que había terroristas, que los armados eran los del MAS, eso nos ha golpeado.


Las agrupaciones tienen que decir no somos terroristas, no somos saqueadores, porque eso ha implantado el golpe.  Ha sido difícil mantener la resistencia en la calle y se ha aceptado este supuesto llamado de elecciones que ha durado un montón de tiempo, que se ha puesto una fecha y se ha seguido corriendo. 
Finalmente, hemos llegado a este momento en el que también se han realizado protestas virtuales, se han hecho cacerolazos, petardazos, “pututazos”. Sí, los “pututazos” que han hecho los Ayllus del norte de potosí, tocando los pututus (instrumento de viento), exigiendo “elecciones ya” y sobretodo exigiendo que se vaya el gobierno de facto, eso es lo principal.

Eso yo creo que ha influido también, ha habido una tensión que se ha profundizado por el tema del hambre dentro de la cuarentena, hemos estado casi setenta días en cuarentena con una economía que en general es informal para las mujeres, un bono miserable de la presidenta de facto, entonces muy difícil sostener.  Yo creo que ha sido una estrategia también del gobierno poner esta fecha de las elecciones. Pero otra vez nos encontramos ante la desorganización, porque ya los pututazos y los cacerolazos estaban recuperando la fuerza, estábamos recuperándonos para enfrentar a este gobierno de facto, para enfrentar su incapacidad frente a la salud, su complicidad con la muerte por quienes se están muriendo por la covid-19 porque no están haciendo ni lo necesario ni lo suficiente, pero otra vez yo siento que nos han desmovilizado con esta nueva fecha de elecciones.

Era “¡elecciones ya!”  no de aquí a tres meses, «¿como hacemos para resistir?», dicen los partidos que lo han hecho por la vida, puede ser, pero es nuestra vida la que está en peligro hace tiempo, tenemos hermanas y hermanos presas políticos, perseguidos. Entonces, hay fecha de elecciones pero la verdad es como habrán visto seguramente en las redes y en los medios no le alegra a nadie las fechas de elecciones, está tan lejos. Hay que pensar cómo llegamos a septiembre.

-Y también pensar que han pasado diez meses desde que fue el golpe. 

Diez meses en los que se ha saqueado el estado, en los que se ha robado, la compra de respiradores, en plena pandemia deciden hacer un robo, una compra con sobreprecio de los respiradores. No les importa la vida, no les importa la cantidad de personas que han muerto porque estos respiradores no han llegado, porque no han llegado los test del covid que no las está comprando el estado. Todas son donaciones, están privatizando, haciendo nuevos contratos en el tema del litio y del gas entonces ¿qué tipo de estado vamos a recibir en septiembre? además ¿quienes van a llegar a septiembre? ¿cómo se va a hacer una campaña si sigue la persecución, el cyber patrullaje, el amedrentamiento permanente?

Tenemos un ministro de facto que su trabajo es amedrentar las 24 hs del día por los medios de comunicación, a quien publique, a quien denuncie, por cualquier cosa podes estar en la cárcel. Hay un compañero detenido Mauricio Jara,  por estar en cinco grupos de WhatsApp, ¡encarcelado!Además que aquí la ley son ellos asique con quien podrías quejarte. 

-Un contexto perfecto para imponer medidas como el cyber patrullaje, en Argentina también ha habido reformas con respecto a la supuesta seguridad. En un momento de emergencia es donde también como periodistas tenemos que revisar las medidas que toma el estado, porque es el momento donde se puede imponer cualquier medida y nadie se da cuenta. 

Aquí en medio de la pandemia, de la militarización, de una política del terror que tiene las caras de las balas,  un gobierno que mata, ya lo hemos visto, y del otro lado la permanente cultura del terror del covid, te mata la bala o te mata el virus, estamos conviviendo con la muerte.  Hay todo un trabajo de los medios también para desmovilizar , para paralizar. En medio de eso se ha aprobado la ley que abre las puertas a los transgénicos. si bien habia una ley desde el 2005, que la aprobó justamente Mesa, el otro candidato que abría los transgénicos en la soya, pero no en la semilla nativa, entonces hoy se han abierto los transgénicos para todo. Hay una campaña del estado para decir los transgénicos son lo mejor porque así vas a conseguir comida barata, pero nosotras no queremos veneno en los territorios, ni en los cuerpos.

Además, yo creo que hay que caracterizar dos cosas, la represión, el cómo se ha dado el golpe, y el cómo se actúa frente a la pandemia muestra la lacra racista del estado y de la sociedad que lo acepta, que lo justifica. Hasta hoy hay gente que niega el golpe, la masacre, porque no somos creíbles así como no se cree el feminicidio incluso cuando está el cuerpo de la mujer como prueba, así mismo pasa. Hay hermanos masacrados, hay presos políticos, hay heridos. Igual que en Chile, hay hermanos que han perdido el ojo, porque los militares militares disparaban a los ojos. Hay hermanos que han perdido el ojo en Cochabamba pero hay gente que sigue diciendo que no, que esto no ha sido un golpe, que ha sido un enfrentamiento ¿pero con quienes? Eso es el racismo. No nos creen nis siquiera cuando nos están asesinando. 

-En la maravillosa entrevista con las compañeras de Revista Emancipa que hacían la semana pasada, mencionabas que el feminismo tiene una postura falocéntrica cuando sólo se enfoca en Evo Morales.

Al golpe al pueblo hay que ponerle otro nombre, el golpe ha puesto en debate a los feminismos, no solo en Bolivia, porque ha habido una discusión entre las feministas que se posicionaron o no y yo creo ha develado que hay un feminismo que es racista, que es falocéntrico, que solamente mira al estado. Yo digo esto para cuestionarnos el feminismo que construímos y pensar cómo vamos a acabar con el patriarcado si sólo miramos al estado y el patriarcado está más allá.

Entonces en la misma lógica que cuando hay una denuncia de violencia y la sociedad nos culpabiliza, descree de nuestra palabra o acepta que hubo una violación pero dice que “ella estaba vestida así”, lo mismo ha pasado con el golpe, hay muchas feministas que hoy reconocen el golpe, que dicen que sí que hubo un golpe pero por los errores del MAS, porque el evo ha transado con los extractivistas, porque el evo hacia acuerdos con los empresarios. Y bueno, todos los gobiernos hacen eso, los gobiernos también son gobiernos para los empresarios, en el mundo todos los gobiernos tienen que hacer políticas para estimular la inversión, la empresa. Todos los gobiernos, por eso también denunciamos el sistema patriarcal capitalista, donde el estado es uno de sus brazos. Entonces es el justificar el golpe, finalmente, porque aceptar un golpe pero diciendo que había causas es justificarlo. Es una lógica colonial y además falocéntrico porque todo empieza y acaba en el Evo. 

Sí, hizo esos acuerdos, ¡pero si lo sabíamos! es público. Aquí ha habido un proceso que va más allá del Evo, un proceso que se ha hecho en las organizaciones, cualquiera que ha venido aquí puede ver la politización de la gente en la calle, la recuperación de la memoria ancestral, el feminismo comunitario, que se ha inventado en este proceso. Si no hubiera habido este proceso, seguro que no habría este feminismo, la profundización sobre el indianismo, el debate que hemos puesto en el mundo sobre la naturaleza, la pacha, la vida… ¿y eso solo el evo? ¿cómo alguien puede hacer todo eso? ¿cómo pueden creer que no tenemos la inteligencia, que solo estábamos siguiendo al Evo?.

Yo creo que hay un racismo profundo en el rechazo a que haya gobernado un indio y que lo hayan sostenido los indios también.  Hay un descreimiento, hemos sostenido un proceso que va más allá del Estado, el vivir bien va más allá. Entonces ahi yo creo que hay un feminismo falocéntrico, que se repite cuando analizan a Brasil y otros lugares.  Eso nos muestra que estamos haciendo feminismo que solo mira al Estado y el estado es importante, sí, pero la sociedad sostiene a los Estados. Esa sociedad que dice que acá nos hemos matado es la misma sociedad que dice que bien que lo hayan matado a Floyd en USA, que los negros son ladrones, osea la sociedad tienen una complicidad. Los capitales internacionales, que no se ven, las transnacionales que no se ven. Es más complejo, no puedes reducirlo a una persona, por eso digo que es falocéntrico; todo no empieza y termina en el Evo, ¿no?

-¿Cómo se organizan en el Feminismo Comunitario Antipatriarcal? ¿qué otras acciones están llevando a cabo en esta coyuntura?

Primero hemos sentido el golpe en el cuerpo, ha sido muy difícil porque es algo que no esperábamos, sabíamos que luego de las elecciones iba a ver conflicto porque habia un cuestionamiento pero no nos imaginamos un golpe, ni masacre. No nos imaginamos que feministas que generan opinión, como la María Galindo, en su momento la Rita Segato o la Silvia Rivera iban a decir eso. Entonces todo el ataque se viene así sobre las que si decimos que es golpe, hemos recibido incluso llamadas que nos decían “dejen de mentir, están desinformando al mundo”. Si donde esperas que haya contención no encuentras contención, entonces es otro golpe más, dentro del feminismo.

Nosotras lo que hemos hecho como un acto de sobrevivencia en pleno golpe ha sido plegarnos a la central de trabajadores campesinos, plegarnos en el sentido de decirles “lo que ustedes decidan es lo que nosotras vamos a apoyar”, porque entre las organizaciones hay que resistir. Nosotras somos una organización pequeña,  existimos en relación a las otras organizaciones, en la capacidad de articulación, aquí y fuera del territorio, rompiendo las fronteras.


Yo creo que ha sido lo mejor que hemos hecho porque así nos hemos sentido respaldadas, protegidas y protegiendo. Después de eso, hemos empezado a articular con otras organizaciones que estaban resistiendo, la resistencia de la calle. Hemos visto que la única opción era empezar a denunciar las violaciones de los derechos y ahí nos hemos constituido, varias organizaciones que nos hemos juntado, nos hemos autonombrado como defensoras de derechos humanos, nosotras siempre hemos cuestionado el discurso de los derechos humanos. Pero en un momento en que reprimen matan y quedan impunes, no nos ha quedado otra que llamarnos defensoras de los derechos humanos para poder, por ejemplo,  entrar a las cárceles, a los hospitales, porque a los únicos que dejaban entrar era a “derechos humanos” y “derechos humanos” estaba desaparecido, parte de la asamblea de derechos humanos ha apoyado el golpe.

Entonces una primera reacción nuestra ha sido pasar al campo de los derechos humanos, criticados siempre por nosotras y después de eso articular con las hermanas en argentina. Se ha hecho la Comisión Feminista Plurinacional Antigolpista en marzo, hemos recabado 250 denuncias en distintos lugares, hemos logrado entrar a las cárceles, eso nos demuestra que el feminismo es distinto, porque mientras muchos han dicho que era imposible que nos iban a perseguir a quienes entremos, nosotras hemos entrado y hemos logrado hablar con las hermanas y los hermanos detenidos y a partir de eso elaborar un informe que estamos llevándolo a instancias internacionales para denunciar las violaciones de derechos.

Sobre todo porque nosotras hemos visto que nuestra única posibilidad como feministas era tener registro de las denuncias, porque nosotras si queremos justicia. Son importantes las elecciones pero nosotras lo que más queremos es justicia. Como mujeres sabemos lo que es vivir sin justicia, vivir con los femicidas libres, violadores, no queremos vivir con los masacradores libres. Entonces, también en pandemia hemos articulado con algunas organización para hacer circular los alimentos, en los lugares donde ha habido más militarización, dificultad para generar ingresos y enfrentar el hambre en la pandemia. 

Por otro lado hemos seguido los acompañamientos en violencia, viendo que la policía no funciona. No hay gente que esté luchando contra la violencia porque están reprimiendo. También somos socorristas comunitarias. Es tan complejo el sistema, porque habiendo un golpe y cuarentena no hay anticonceptivos en los centros de salud, entonces  hay más embarazos no deseados y más dificultad para acceder a un aborto seguro.

-En cuanto al feminismo, quisiera primero mencionar un punto a quienes nos están escuchando. Sabemos que el punto de partida que más se reconoce y se reproduce internacionalmente es el feminismo que llega de Europa occidental, conocido como feminismo eurocentrista. Hay una consigna que se levanta en nuestra marchas y que has levantando vos personalmente que es “Ni Una Menos, sin racismo nos queremos», ¿cuáles crees que tienen que ser las acciones del feminismo para aportar a su decolonialidad?

Nosotras estábamos justamente en “Ni una menos” en 2007  en Ciudad de Buenos Aires y ahí vimos hermanas originarias. Ahí salió esta discusión,  que no la tomaron muy bien, del “Ni una menos, sin racismo nos queremos”. Algunas nos dijeron «todavía que las invitamos y vienen a beardearnos en nuestra casa», digamos. Así se construye, desde los atrevimientos también, la primera cosa es la honestidad, tenemos que ser capaces de reconocer que si hay un feminismo racista, colonialista, porque el feminismo que se ha construido aquí en Abya Yala viene de europa, es un feminismo eurocentrista,  académico, teórico, que se estudia.

Cuando el sistema se ha profundizado, se ha interiorizado en los barrios y ahi también hay que hablar de feminismo, disputar el feminismo popular, desde el feminismo popular villero, desde las hermanas migrantes, hay que disputarlo para que deje para que no sea un privilegio, esto no es una cosa que está sucediendo hace 20 años, yo creo que son seis, siete años y con un aporte muy grande de los encuentros de la Argentina. Entonces es necesario ser honestas, reconocer que hay indicios que es posible porque se ha aprendido mucha teoria de Europa, porque somos territorios colonizados, porque hay un colonialismo interno, porque hay muchas personas en Argentina que creen que son blancas, en Chile que creen que son blancas, pero después sabemos que cruzan la frontera y son latinas, ya no son blancas.

Hay que hacer un proceso de descolonización interno, primero en un acto de honestidad y lo segundo es ser capaces de dialogar y construir juntas. Eso no se hace solamente en debate, se hace todos los días. Somos parte del feminismo de Abya Yala y han estado muy cerca las hermanas de todo el territorio durante el golpe y así se construye otro feminismo y así se enfrenta el colonialismo, así destruimos nuestras prácticas racistas y colonialistas. Creo que el trabajo cotidiano es lo fundamental, el dolernos de los dolores de las otras, el romper los centralismos de “solo una lucha importa”. Y otra cosa que yo creo que es fundamental es pensar desde dónde lo hacemos, el sistema nos pone en una lógica, no se si binaria o de enfrentamiento de víctimas y victimarias, no queremos victimizaciones, nosotras no queremos luchar contra el patriarcado diciendo que ustedes nunca nos han visto, nosotras estamos cuestionando el sistema.

Es necesario romper esa lógica de victimización y de culpabilización (hay compañeras que asumen la culpa del racismo) , así no se puede llegar a ningún lado, hay que pensarse desde otro lado que este binarismo nos quiere enfrentadas, tenemos que ser capaces de mirarnos desde otro lugar.

Foto: Agostina Acevedo @agoacevedofotografias

-Lo mencionan en una entrevista esto del concurso de la opresión, una pelea entre quien es mas oprimido. Hablaban de la explosión de identidad de reconocerse como indígena. En este punto, me gustaría preguntarte por los procesos en Bolivia en torno a este tema, a las legislaciones que fueron surgiendo en el gobierno de Evo que aportaron a la transformación. ¿Nos pudieras contar cómo es ser indígena en Bolivia? ¿cómo era y cómo es hoy?

Nosotras nos reconocemos aymaras en la masacre del gas, en el reconocimiento de un sistema colonial racista, viendo las complicidades que nosotras también hemos tenido negando a nuestras madres y abuelas, negando que viven en la comunidad, que trabajan la tierra, porque todo eso está deslegitimado en un sistema colonial, entonces para romper todas esas complicidades como un acto político nos reconocemos aymaras y reconocemos también que éste es un territorio ancestral, que nosotras somos producto de la violencia colonial, que nuestro territorio ancestral se ha convertido en ciudades, no pueden venir a decirnos ahora desde esa lógica colonial qué criterio tenemos que cumplir para ser aymaras, durante trece años hemos discutido, hemos recuperado memoria ancestral, yo creo que han sido tres años de reconstruir la dignidad  y esa ha sido una de las razones del golpe. Estos indios están levantando la cabeza, ya creen que son gente.

Entonces obviamente iba a haber una reacción sobre esos trece años de poder pensar el país, opinar, no solamente levantar la cabeza sino decidir, decidir sobre el país, las leyes, la ley contra toda forma de racismo y discriminación, no hay ningún juicio en Bolivia por esa ley, no se han llegado a procesos porque no se ha reglamentado. Pero más allá de eso, la ley es un golpe simbólico al racismo. A pesar de que no se haya logrado profundizar más, ha sido muy importante, poder cuestionar en una cumbre nacional con autoridades la justicia patriarcal. Pensar en cómo podemos construir una justicia aprendiendo de la justicia comunitaria. Han sido años de mucho aprendizaje, por eso el golpe nos duele tanto y es tan difícil entender que después de todo eso se haya venido así. Hay una memoria de resistencia y sabemos que el golpe no puede ser porque nuestros cuerpos están acostumbrados a vivir con dignidad.

El 11 o 12 de noviembre tuve que salir a la calle sin sombrero, vestida de otra forma, muchos hermanos hasta hoy tuvieron que sacarse el sombrero, ponerse traje, porque es impresionante el racismo en la calle, la gente ha sacado un racismo que tenía guardado y es muy difícil ahora. Detras del MAS o de acusarnos de masistas hay un racismo, que solapan diciendo que somos masistas, que nosotras defendemos al Evo porque el Evo nos paga. Nosotras lo cuestionamos al Evo pero nada justifica un golpe, pues. Hay muchas manifestaciones del racismo hoy, es más difícil reconocerse así, pero también tenemos  memoria de muchos años de haber resistido. 

El patriarcado

A nosotras como feministas comunitarias nos ha servido discutir un concepto de patriarcado porque había un proceso político aquí, porque podíamos plantear esas transformaciones, que la Ley de educación hable de despatriarcalización, etc- Hoy el contexto es de una pandemia patriarcal capitalista para nosotras. Tras nuestro aprendizaje sabemos que si las luchas no son contra el patriarcado siempre dejas un espacio abierto para que se recicle el sistema. Hemos peleado en Bolivia para que la lucha sea también contra el patriarcado, no solo contra el capitalismo ni sólo contra el colonialismo, pero no lo hemos logrado porque pareciera que es una lucha que solo hacemos las feministas, que los movimientos sociales, los movimientos campesinos, las izquierdas no quieren discutir sobre patriarcado, es como que nos dejan a nosotros que sigamos jugando a acabar con el patriarcado.

Yo creo qe hay un riesgo de no entender que la pandemia hoy tiene esa complejidad, que lo que pase después, las consecuencias tienen que ver con la eliminación de gran parte de la población, con una profundización del sistema, que ha sufrido en nuestros cuerpos. Quienes han sufrido las consecuencias de esta pandemia también somos las mujeres, la doble o triple explotación, la incapacidad de salir a trabajar por la cuarentena, las trabajadoras del hogar expuestas en la casa, la violencia, la impunidad de los agresores con quienes tenemos que convivir. Hay una negación a aceptar la estructura patriarcal.

-Si el patriarcado se reproduce en el cuerpo de las mujeres, en esta significación de que hay cuerpos que valen más, que hay cuerpos secundarios y ustedes justamente plantean al feminismo comunitario como una teoría social, como una herramienta de lucha, ¿cómo ponemos el cuerpo en este momento y en este contexto?

Yo creo que el sistema se construye sobre los cuerpos de las mujeres, aprende a oprimir en nuestros cuerpos. Esta pandemia se ha estrellado contra los cuerpos de las mujeres. En Bolivia, tres hermanas han sido encarceladas por encabezar una protesta por hambre, porque no hay que comer en las casas. Entonces el patriarcado se construye sobre nuestros cuerpos, yo creo que lo principal es comprender cómo está funcionando el sistema, reconocer desde las mujeres también, que sigue habiendo lógicas machistas en la política y en la izquierda.

Foto: Carla Peverelli @carlapeverelli


Hay aprendizajes que sirven de esta pandemia, como por ejemplo, el tiempo que le entregamos al capitalismo y a este sistema, en la cuarentena nos ha mostrado que el trabajo del hogar nos ocupa todo el dia, entonces, ¿cómo hacemos ese trabajo todos los dias ademas de salir a trabajar asalariadas o no asalariadas? Entonces, ahí está la respuesta del envejecimiento de nuestras mujeres, del desgaste de la explotación. Pero también esta posibilidad de hacer jornadas laborales más cortas , ¿porque tenemos que entregarle ocho, diez, doce horas de nuestra vida al sistema? volver a pelear por la recuperación de nuestro tiempo en las jornadas laborales.

-En la entrevista con nuestra compañera Micaela Petrarca, hablaban de abrir el diálogo entre mujeres de distintas tierras, cuerpos y cosmovisiones para avanzar en un reclamo feminista unificado. En ese sentido, el Encuentro Plurinacional de Mujeres sin duda cumple un papel muy importante. La comisión feminista plurinacional ha denunciado las violencias, las violaciones, los abusos que se han perpetrado a raíz del golpe, ¿cuáles van a ser las acciones en miras a este contexto?

La Comisión Plurinacional ha informado que están evaluando las cosas, nosotras nos preguntamos cuál será el efecto del golpe de Estado en bolivia, porque ha habido un cuestionamiento a lo plurinacional y también a nuestra participación como bolivianas, desde feminismo jerárquicos, coloniales, nacionalistas. Yo creo que lo  fundamental es seguir rompiendo las fronteras, el encuentro es de tres días pero el feminismo se hace todos los días.  Y esta ruptura de fronteras, este abrazarnos en el golpe, en los feminicidios que pasan en la Argentina  y aquí, en la represión que ha habido a los hermanos Qom, en la represión sistemática al pueblo mapuche.

Foto: Carla Peverelli @carlapeverelli


¡No puede ser que cambien los gobiernos y no la persecución!
No podemos conformarnos con esas explicaciones, ¡tienen que parar esa represión! No les pueden seguir saqueando al pueblo mapuche, ¿con qué cara vamos a hablar de feminismo en ese territorio? Sino logramos parar el saqueo entonces…. Lo fundamental es seguir rompiendo las fronteras, espero que ahora esté menos cuestionado el hecho de que somos plurinacionales. E
l encuentro tiene que ser plurinacional y la construcción tiene que ser sin fronteras, ustedes han hecho un gran trabajo como movimiento de mujeres, ahora les toca abrazar a los otros movimientos aquí en Abya Yala. 

Antes de la llegada de los invasores europeos, en Abya Yala se estima que había una población de entre 57 y 90 millones de habitantes que se distinguían como maya, kuna, chibcha, mixteca, zapoteca, ashuar, huaraoni, guarani, tupinikin, kaiapó, aymara, ashaninka, kaxinawa, tikuna, terena, quéchua, karajás, krenak, araucano/mapuche, yanomami, xavante, entre tantos y tantas nacionalidades y pueblos originarios del continente. La expresión «indígena» es, en ese sentido, una de las primeras violencias simbólicas cometidas contra los pueblos originarios de Abya Yala en la medida en que es una designación que hace referencia a las Indias y no corresponde a la diversidad de  las comunidades que existían plenamente antes del genocidio.

Sigamos caminando feminismos no racistas.

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