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Patricia Bullrich: Alpinismo político y represión | Revista Colibri
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Patricia Bullrich: Alpinismo político y represión

Entrevista a Ricardo Ragendorfer

Por Diego Gutiérrez Pavón

Días antes de las elecciones presidenciales de octubre, Patricia Bullrich participa de un acto de campaña. Reinan las banderitas de nylon celestes y blancas, el forzado clima festivo y el discurso épico de “Lo damos vuelta”. La ministra de Seguridad camina sonriente e intenta avanzar entre admiradores y periodistas que le dejan picando sus preguntas y elogios. Pero su rostro cambia cuando escucha: “¿Leyó el libro de (Ricardo) Ragendorfer?”. Entonces, la ministra, que supo felicitar a policías que disparan por la espalda, que negó la desaparición de Santiago Maldonado, que se envalentonó con cada represión, que defendió a ciegas a los asesinos de Rafael Nahuel, que dio vía libre a la cacería indiscriminada en innumerables manifestaciones y en los barrios, actúa como si no hubiese escuchado nada y apura el paso. Emprende la huida.

Me causa mucho orgullo que la sola mención de mi apellido la haya puesto en fuga”, dice Ragendorfer. En Patricia. De la lucha armada a la Seguridad, el periodista recorre la vida personal y política de la todavía ministra. La investigación minuciosa hurga en su descendencia familiar, su rol casual como parte de la militancia en los 70 y como ladera de Rodolfo Galimberti, una de las principales figuras de Montoneros. Además enumera sus vaivenes ideológicos en tiempos democráticos y su papel como ministra de Seguridad en la gestión Macri. Este último tramo del libro ha sido incorporado como parte de prueba, en la causa que tiene como procesada a la ministra. Allí el fiscal Franco Picardi, a partir de una denuncia de APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos) promueve investigar si Bullrich y funcionarios de su gestión, desarrollaron un plan para “coaccionar y administrar el conflicto existente entre comunidades mapuche y propietarios formales de tierras, en beneficio de estos últimos, para así resguardar distintos negocios inmobiliarios”.

Revista Colibrí dialogó con Ricardo Ragendorfer, periodista en Tiempo Argentino, Revista Zoom, Caras y Caretas, entre otros medios, también autor de La bonaerense -junto a Carlos Dutil-; La secta del gatillo, Los doblados, El otoño de los genocidas, entre más libros, para analizar la gestión de la ministra de Seguridad y las fuerzas policiales.

¿Cuál es tu opinión sobre la actual situación judicial de Patricia Bullrich?

De alguna forma en mi libro, que terminé de escribir a fines de julio y salió a fines de septiembre, vaticinaba que a partir del proceso electoral ella iba a ingresar en una zona de riesgo penal. Es una de las tantas causas que va a tener que enfrentar. Otra, es su relación con Marcelo D’Alessio y las maniobras que se detectan: una red de extorsión y espionaje ligado a determinados sectores del servicio de inteligencia, de la justicia y de los medios. Probablemente Bullrich minimice la relación, pero hay pruebas palmarias en el expediente de que D’Alessio fue una pieza clave en la estructura inorgánica del ministerio de Seguridad al punto de que todos los grandes operativos marcan, incluso con fotografías, la relación entre ambos.

¿Cuál es la virtud política de Bullrich para haberse convertido en una figura política?

Dado su zigzagueo y su inclinación por demás profusa a cambiar de religión política e ideología y de forma de interpretar el mundo, se podría pensar que es una persona proclive a una serie de cambios mucho más intensa a otros seres humanos que cambian. Tiene una progresión que es llamativa y es su marca personal. La bajada del libro De la lucha armada a la Seguridad liquida ese concepto. En todo caso, lo que a mí me interesaba era explorar el trasfondo de esos cambios y también sus bordes más extremos. Teniendo en cuenta que no es una persona cambiante sino todo lo contrario, porque en cada uno de esos cambios y en toda su trayectoria aplica los mismos patrones de conducta que se podrían resumir en el alpinismo político, la acumulación de poder y situarse siempre como ladera del ganador de turno.

¿La doctrina Chocobar es una creación de ella?¿Es una avanzada política personal?

Es la primera vez en la historia argentina que un cana que mató a alguien por la espalda es recibido por el presidente para ser felicitado. En ese sentido, la justificación doctrinaria que ella utiliza no es otra cosa que oficializar el gatillo fácil. Desde 1984 a la fecha se producían unos 150 a 190 casos por año, que no son pocos. Pero a partir del gobierno de Macri eso se triplicó, ya sea por gatillo fácil o por vejaciones en sedes policiales. En ese sentido, eso tiene que ver, entre otras cosas, con la defensa a ultranza que ella hace de las fuerzas policiales. Y también de instituciones como la gendarmería en casos escandalosos como el asesinato de Santiago Maldonado, lo que significa una agudización hasta límites nunca antes visto del autogobierno policial. Y como sabemos eso es fruto de la autofinanciación a través de la caja de actividades delictivas. En consecuencia hacen el siguiente pacto: demagogia punitiva a cambio de vista gorda con los negocios sucios de los uniformados. Esa demagogia punitiva se da porque el gobierno ha percibido que es bien vista por parte del padrón electoral.

Han hecho también propaganda con la lucha contra las drogas, ¿Qué tan real es eso?

Lo primero que hay que decir es que esa lucha contra las drogas en el resto del mundo es obsoleta y en México ha causado cien mil muertos. Pero no es una ocurrencia de ella, sino que tiene que ver con su subordinación a la doctrina norteamericana de las nuevas amenazas. O de las amenazas asimétricas; que es una versión aggiornada de la vieja doctrina de la Seguridad Nacional. En estos tiempos articulan esta doctrina que reconoce como amenaza al terrorismo, al narcotráfico, a la protesta social, a los migrantes. En ese sentido, la guerra que ella declara es a un enemigo inexistente. Acá no hay un cartel de Sinaloa, no hay organizaciones poderosas que amenazan con un Narcoestado, es una imposición del Comando Sur de los EEUU y que tiene que ver con un enemigo inexistente. Todos los enemigos a los cuales este gobierno les ha declarado la guerra son enemigos inexistentes.

¿Cómo el terrorismo mapuche?

La ofensiva estatal contra los pueblo mapuche, por ejemplo, se da primero con la construcción ilusoria de un enemigo interno. Más allá de que esa epopeya civilizatoria del macrismo pueda parecer un homenaje a la conquista del desierto en realidad es otra cosa. Las provincias patagónicas son para el régimen macrista lo que en 1975 fue Tucumán para el Operativo Independencia. O sea un laboratorio represivo.

¿Un escenario creado para ver cuáles pueden ser los límites de la represión?

No sólo para ver los límites de la represión sino para ver como extender eso al resto del país. Con la intención del disciplinamiento, además de facilitar negocios inmobiliarios como habla el fiscal Picardi.

¿Considerás que las policías se ven representadas ideológicamente con Bullrich?

Mira la ideología de la policía es la guita. O sea uno de los grandes problemas que tiene el Estado con respecto a su propia historia es la no democratización de las fuerzas de seguridad. Son fuerzas que se autofinancian por lo tanto se autogobiernan. Son Estados dentro del Estado Entonces los ocasionales pasajeros del Poder Ejecutivo, todos, tienen que negociar con ellos. Cuanto menos conflictiva sea esa negociación más afinidad parecería haber entre las autoridades políticas y la corporación policial. Entonces la gestión Bullrich está signada por ese pacto. Demagogia punitiva y hagan lo que quieran que yo no me voy a enterar.
La policía no se maneja con escalas de amor y odio sino con escalas empresariales.

Durante la desaparición de Santiago Maldonado, ¿Sumó poder para algunos sectores de la sociedad?

A diferencia de las oleadas represivas que hubo desde la mitad del siglo xx en adelante durante gobiernos no militares, el macrismo le agrega una nueva vuelta de tuerca que es el factor marketinero. Hay una parte de la población que aplaude la represión. Y estos se deben a su público. Y es lógico que para un gran sector del electorado, Bullrich, que además de mala es media idiota, sea una ídola.

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