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Volver al cuerpo - Entrevista a Nora Felino | Revista Colibri
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Volver al cuerpo – Entrevista a Nora Felino

Fotógrafe del mes – Nora Felino
Edición #76
Por Alana Rodríguez

Nora Felino es artista multidisciplinaria argentina. En esta oportunidad, comparte su relación con la fotografía: cómo transita su proceso creativo y cómo interactúan las distintas disciplinas en las que se desenvuelve.

Primero que nada me gustaría que nos cuentes cómo fue tu primer acercamiento con la fotografía, ¿cómo y por qué te interesaste en esa forma de expresión? 

– Vengo de una familia con lazos en el arte, pero también en las complicaciones. Así que parto un poco desde ahí, mi enseñanza, sin embargo, nunca estuvo muy focalizada en nada en particular. En principio, empecé en el conservatorio estudiando piano. Decidí profesionalizarme en dirección orquestal pero en las primeras clases dije: «Esto no es para mí, esto es muy difícil, voy a hacer algo que sea más sencillo”. Entonces me pasé a la fotografía, después me licencié en fotografía, pasé por arte contemporáneo, por talleres de escritura creativa y por cine.

– ¿Cuáles fueron les fotografes u obras fotográficas que influenciaron tu forma de expresión? 

En principio, creo que mi primer instinto fue consumir toda la historia de la fotografía como nos pasa a casi todes les estudiantes de arte, que cuando estamos estudiando es «bueno, hay que ver todas las películas de todos los directores, todo el catálogo, para poder tener todas las discusiones sobre los amaneceres de Fellini, etc». Pero en particular, después de sublimar y decantar durante mucho tiempo, hay algunas obras que me quedaron en la cabeza, porque fueron imágenes muy potentes. Fotografía de lugares muy exóticos, recuerdo un trabajo sobre zonas militares prohibidas de Rusia que son imágenes muy increíbles, de esas que no las viste nunca en tu vida. Hoy en día, en el presente, las obras que más me interesan dentro de la fotografía es la obra de Miss Complejo y de la de Kenny Lemes que son dos fotógrafes que cada vez que veo algo de lo que publican, bombardean mi cabeza con ideas y pensamientos nuevos y lo hacen siempre con todo lo que producen. 

– Antes de la entrevista me contaste que hubo un momento en que te alejaste de la fotografía, ¿por qué lo hiciste? Alejarse a veces de la obra artística o de la forma de crear puede ser parte también del mismo proceso artístico, ¿no?

– Aprendí un montón de cosas sobre… ¿Cómo podría decirlo? La superficie sensible, la relación entre la imagen, el corazón y la mano de obra, cómo este espejo convexo a la realidad que es la fotografía y cómo nos sirve como herramienta para construir una visualidad del mundo, tanto de nuestro pasado, si se quiere, o ciertas predicciones de nuestro futuro, o para comprender nuestro presente en relación a nuestra historia o a lo que sea que se nos venga por delante. ¿Por qué lo dejé? Porque no había tanto espacio para seguir desarrollándolo socialmente en Buenos Aires. Y después otra cuestión que quizás yo suelo dejar todo y después lo retomo más tarde.

Sentía que era momento de explorar nuevos ámbitos, nuevos horizontes y pensé que quizás la performance… porque lo primero que me empezó a distanciar de la fotografía fue algo muy fotográfico per se, que fue tratar de entender las múltiples dimensiones de la fotografía. Como que uno sabe que el proceso físico-químico es un rayo de luz incidiendo sobre un cuerpo y ese rebote del rayo de luz sobre el material sensible de la cámara me parecía mucha poesía porque, literalmente, esa onda electromagnética que es la luz que toca la mejilla de alguien vuelve hacia la cámara y queda ahí impregnado.

Entonces,  empecé a comprender que la fotografía no era solo algo visual, era algo táctil. Y esto como que está re presente en lo que pasa con las fotos y los celulares que estamos todo el tiempo como tocando las imágenes y esto no se hacía antes, era toca el bordecito nomás que se te va a manchar. En eso como la cuestión de la experiencia visual/táctil empecé a pintar personas y pintar era algo táctil y a ver qué pasaba con yo interfiriendo en la realidad para después fotografiarla, como qué relación había entre la luz y la pintura. Y ahí es cuando, en principio, la foto se fue volviendo como algo más performático, digamos. 

 

– Después de aquel momento en el que te alejaste de la fotografía, ahora estás volviendo a fotografiar y acercándote a través del autorretrato. ¿Qué lugar toma el autorretrato en este momento para vos?

– Es volver al cuerpo. Estaba escribiendo en mi diario una experiencia que me tocó de cuando era muy chica, tenía 11 años, en un acto escolar me tocó ser Mariquita Sánchez de Thompson y si bien Mariquita fue la que cantó el himno por primera vez, no fue la que tocó el piano y yo sabía tocar el piano. Y me hicieron ser Blas Parera y Mariquita en una sola persona. Me acuerdo que esa vez usé vestido y cambió toda mi postura en relación al instrumento que era el piano. Yo me doy cuenta que si tengo puesta una camisa y un pantalón y me siento frente al piano, es muy distinto el lenguaje de cómo yo me vengo encima del instrumento, a por ejemplo si tengo un vestido puesto. Entonces con esos ejemplos que quizás son muy sencillos siento que, por lo menos para mí, queda muy claro que todo pasa por el cuerpo y que, en algún momento de nuestra historia, nos olvidamos un poco del cuerpo en sí mismo.

Pensamos que lo que nos separa de los animales es nuestra iluminación y nuestra conciencia. Y al final como que todo es cuerpo, todo empieza cuando tenes un cuerpo y termina cuando dejas de tener un cuerpo. Entonces un poco va por ahí el autorretrato porque cuando empecé mi terapia de reemplazo hormonal quería medir un poco los cambios que notaba y eso no lo puedo hacer con un espejo porque todos los días veo una imagen en tiempo presente y no puedo comparar una imagen que tenía hace dos meses. Por eso, ahí es donde entra la fotografía como forma de registro objetivo entre comillas, para medir el cambio. 

-Me gustaría que nos cuentes sobre la fotografía que hiciste en memoria de tus abueles.

– Sí, esa foto, como que fue bastante reconocida en mi carrera y quedó como una imagen medio canónica que representa casi toda mi obra fotográfica. Me doy cuenta que toda esa serie que yo hice fue un poco ir en búsqueda del tiempo perdido, de la memoria perdida de mi abuela y de mi abuelo. Sin embargo, como nunca fui capaz de reconstruirla entera, sino ciertas partes inconexas discontinuas en donde el trabajo era tratar de encontrar una forma de que tuvieran sentido esos fragmentos completamente dispares. Me doy cuenta que el año pasado durante la cuarentena hubo algo que me sacó a flote que fue la composición de un disco de piano de obras clásicas que yo había aprendido de chica pero que tampoco me acordaba muy bien del todo. Entonces como una forma de recuperar la memoria es tratar de articular con las historias presentes que una tiene, que están vivas, que están latiendo todavía. Una puede ir al cementerio a buscar a su abuelo pero hace falta el propio pulso, el propio corazón, para poder sentirlo. Ahí entendí dónde funcionaba mi trabajo de investigación, yo estaba tratando de que algo que no tuviera pulso lo tuviera y al fin y al cabo encontré mi propio pulso.

 

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