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Colaboración y periodismo feminista en El Salvador - Entrevista a Laura Aguirre | Revista Colibri
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Colaboración y periodismo feminista en El Salvador – Entrevista a Laura Aguirre

Conectades, entrevistas de cuarentena

Edición #19 Laura Aguirre de Alharaca

Por Nicole Martín

Ilustración de portada: Andrea Venturini

Laura Aguirre es periodista, socióloga y embajadora de la comunidad de Chicas Poderosas de El Salvador. Es también directora de Alharaca, un medio especializado en temas de género y diversidad. Al igual que Revista Colibrí, Alharaca es un espacio feminista,  una forma de resistencia, de posibilidades y  una red de mujeres para apoyarnos y apoyar a otres.

-¿Cómo estás? ¿Cómo estás transitando la pandemia?

Primero, muchísimas gracias por la invitación. Yo vivo en ciudad de México, aunque soy salvadoreña. Alharaca es un proyecto multi-situado, ya que nosotras no sólo estamos en El Salvador, sino que estamos en muchos países, entonces, laboralmente la pandemia no significó mucho cambio porque nuestro método de trabajo ha sido netamente virtual y a distancia desde que nacimos como colectivo en 2018. Las dinámicas no tuvieron que cambiar. En ese sentido, la pandemia abrió un nuevo campo de posibilidades, porque todo lo que antes parecía muy difícil como tener reuniones online, cerrar pactos, contratos y acuerdos a través de la virtualidad, de repente se hizo normal, entonces fue un beneficio. 

Ahora, como mujer, fuera de Alharaca las cosas se hicieron muy complicadas, porque yo tengo un hijo de 5 años, y de repente dejo de ir al kinder,  tuvimos que reducir las horas de trabajo y turnarnos con mi pareja con el cuidado del chico, y eso implicó tener la mitad de tiempo para trabajar y tener el doble de trabajo. Por suerte, con un grupo de padres de la guardería y con ayuda de la guardería ideamos un sistema de burbuja social y desde hace cinco meses mi hijo volvió a la dinámica del kinder, solo que ahora nos turnamos en casas, con las cinco familias y la maestra. Eso nos ayudó a retomar la vida de trabajo y también socializar con otros adultos. Así pues, ahí vamos, creando alternativas. 

– Más allá del propósito de medios como Alharaca que en sí cumplen el rol de plataformas feministas, ¿por qué consideras que es importante que los medios de comunicación incluyan la perspectiva de género?

Alharaca nació como una necesidad. De hecho, las cuatro fundadoras venimos de medios tradicionales y, primero que todo, a pesar que dentro de estos medios hay hombres en puestos de dirección muy inteligentes y comprometidos con el periodismo, muchos están poco informados de lo que significan las desigualdades de género. De hecho, uno de los medios en los que trabajábamos se negaba a nombrar algunos de los contenidos como desigualdad de género sino que se refería a una desigualdad general. Por eso, es necesario un proyecto feminista y con perspectiva de genero. Nostras creamos un espacio en el que los problemas relacionados con las desigualdades de género buscan ser vistos como problemas universales y ya no como problemas específicos de las mujeres, como si fuera un ghetto.
No son problemas que deberían ir en una sección para mujeres.

Otra cuestión que preocupa a muchos es que hablar de estos temas puede marcarte como activista y no como periodista. Esto es una falsa discusión, de si lo que nosotras hacemos es activismo o periodistmo. Hace tiempo dejé de tratar de separarlo, porque pues sí: si quieres ver lo que hago como activismo porque mi causa es luchar por las desigualdades que afectan a las mujeres y a otras identidades, entonces sí, soy activista. No por eso significa que lo hago esté fundamentado con mentiras, que haya falsa información o que no haya pensamiento crítico.

Así que por eso, creo yo, que hay que tener proyectos feministas con perspectiva de género. Admiro muchísimo a todas mis colegas que están en los medios tradicionales luchando contra eso, nosotras tuvimos el privilegio de poder decir: «A la mierda, hacemos nuestro propio espacio». 

– Además de expulsar a personas muy valiosas que quizás no quieren enfrentarse a este tipo de violencias, ¿qué otras consecuencias de impacto social creés que tienen estos vicios de los medios de comunicación como por ejemplo, decir que los asuntos feministas solo atañen a mujeres?

El primero, el más obvio, es la reproducción de las violencias hacia las mujeres, porque aunque una esté en un medio en que quizás tiene buena relación con su jefe o colegas, si lo que está pasando siempre es un ninguneo o gran parte de la energía para trabajar es justificar el trabajo, para mí es otra forma de agresión, que daña tu autoestima.

Me acuerdo cuando nos dejaron fuera del periódico, porque no podián permitir que el proyecto Sexo sinvergüenzas esté financiado por una organización que promovía el derecho al aborto libre. Cuando el derecho al aborto libre y seguro es un derecho humano y así como no es problema posicionarse en contra del racismo, así mismo debería ser la discusión de que el aborto es un derecho más.

Entonces, esta inseguridad de siempre estar en frente de hombres que piensan que lo que estás haciendo no es verdadero periodismo o no es tan bueno, daña muchísimo. También dañan las dinámicas no tan sororas entre mujeres, he visto como muchas mujeres que se suman a estas dinámicas masculinizadas: las reglas, la competencia, no cuestionar tanto y que no digan que son feministas. Esto inhibe la posibilidad de organizarse.

Tenés algunas que sí sostienen las luchas dentro de estos medios pero están solas o muy aisladas.

Laura Aguirre fue coordinadora de la investigación Un paraíso para los violadores de menores, que fue premiada con la distinción del Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación, COLPIN y que reveló que en El Salvador, las resoluciones de los jueces que absuelven a acusados de violar a menores de 15 años están llenas de justificaciones en defensa del amor, de las costumbres de la sociedad o del anhelo de que víctima y victimario formen un hogar.

Según su investigación, sólo uno de cada 10 casos denunciados termina en condena. Este fue un trabajo publicado en El faro junto a la periodista María Luz Nóchez y hay un detalle notable en la publicación: ninguna de las once sentencias expuestas en esta investigación, figura el nombre de ninguno los imputados. Esto da cuenta de que el objetivo de la investigación no era exponer a once imputados sino visibilizar una situación que sigue ocurriendo en El Salvador.

-Sobre esto nos gustaría preguntarte dos cosas, Laura, ¿Qué impacto ha logrado esta investigación en tu país y en el contexto internacional? y por el otro, ¿por qué es importante el debate anti-punitivista en el feminismo?

Esta investigación fue la primera que yo dirigí con un enfoque colaborativo, yo estaba en Berlín aún, y desde ahí planteé una investigación que tenía más un corte sociológico que periodístico netamente. Entonces, el análisis de las sentencias lo hice yo, fue un análisis de discurso que hice a casi 300 sentencias públicas en El Salvador y lo que yo traté de demostrar precisamente era la falla del estado. Para nosotras fue muy importante no centrarnos en los agresores, sino podemos caer de nuevo en estas soluciones simples de querer señalar al individuo y no al sistema.

Por eso, no hicimos ningún esfuerzo por dejar el nombre los agresores, sino en centrarnos en cómo el sistema judicial entiende la violencia sexual hacia menores de edad. Hay que decir que en El Salvador el sistema penal entiende como violación a cualquier tipo de relación sexual con penetración en menores de 15 años. No importa cualquier circunstancia, si fue con violencia o no, si fue con consentimiento o no. La ley dice que nada puede atenuar la acción. Pero igual a pesar de eso, sólo uno de cada 10 casos llegaba a sentencia condenatoria, incluso en los casos en los que había pruebas de ADN, y que las niñas habían quedado embarazadas a través de la violación.

Lo que nos dimos cuenta fue de que lo que pasaba es que nuevamente el sistema responsabilizaba a las víctimas, ¿cómo? En el 57 de los casos las sentencias resultaban absolutorias porque las victimas no se presentaban a la última parte del proceso judicial, entonces al no estar presentes frente al juez ya no había parte acusadora. Y en el otro, se reparte en cómo los jueces entienden a las niñas. Habían sentencias en que el mismo juez en su razonamiento decía «Bueno, es entendible que este hombre sea confundido y creyó que esta niña era mayor porque mírenle el cuerpo, tiene pechos grandes, tiene cara de persona mayor, obvio el hombre cometió un error y se equivocó».

Para mí, lo más importante que pueden mostrar estos hechos es que del sistema penal, patriarcal no funciona para las mujeres. Concretamente, significa que los jueces cuando ven a una niña violada, que tiene pechos grandes, lo que entienden es que ellas provocó al hombre y nuevamente la objetivación y la sexualización de las mujeres, de los cuerpos  de las mujeres, sigue siendo usado como una herramienta para justificar la violencia.

¿Qué cambió? ¿Cuál fue el impacto de esto? Me llamaron para dar talleres a los jueces de primer y de segundo nivel sobre perspectiva de género y los discursos alrededor de eso. Eso por una parte, y luego, hay que decir que antes de la investigación todavía el código de familia permitía el matrimonio de niñas menores de edad con una persona mayor si de por medio primaba el permiso de la mamá o el papá de el o la menor. Muchos de los violadores lograban evitar la persecución penal porque se casaban con esta menor. Al final, la ley cambió y ahora ya no se permiten estos matrimonios y mucho menos si hay un embarazo de por medio, no es una justificación.

¿Qué relación tiene con el anti-punitivismo? En 2016, yo ni siquiera soñaba con Alharaca, pero cuando comenzamos con el medio, nos empezamos a dar ciertos debates y ahora, más sistemáticamente: tenemos política de tolerancia cero hacia la violencia contra las mujeres, pero esto ha sido un proceso y queremos que sea desde una perspectiva feminista no punitivista. Nos dimos cuenta que un violador de una niña, una persona que ha cometido un crimen de ese calibre, debe estar sometido a un sistema penal, son necesarias las penas pero no pueden ser vistas como la solución para todas las violencias contra las mujeres, ni podemos ponderar de la misma manera todas las agresiones que sufrimos las mujeres.

Dentro de Alharaca, hay muchísimas mujeres que han sufrido violencia contra las mujeres, pero no todas estamos esperando que los hombres vayan a la cárcel, o que la solución es encarcelarlos y ahí se terminé. Creemos que esos son los mismos vicios del sistema patriarcal de querer ofrecer soluciones simples a problemas complejos y entonces claro te da la sensación de que estas haciendo algo pero en realidad no estás cambiando el meollo del asunto que es el sistema, otra vez. Para nosotres es un proceso en construcción. Lo que sí tenemos claro es que no queremos construir, como dice Rita Segato, una política del enemigo.

Para nosotres, no es un tema cerrado, de hecho, es un tema super abierto en que cada semana vamos a tener discusiones sobre este tema y otros sobre el feminismo. Queremos saber, queremos reflexionar si es posible tener una política de tolerancia cero a la violencia contra las mujeres, al mismo tiempo que una visión feminista sin punitivismo. Es un debate que va a ser interno y después vamos a ver de poder extenderlo a todo el equipo de Alharaca y hacia las audiencias.

-Sobre Alharaca, ¿cómo es su rutina? ¿cómo se organizan? 

No es tan fácil porque vivimos en distintos lados del mundo. De las cofundadoras que estamos más en el lado de dirección, yo vivo en Ciudad de México, hay dos en Alemania, otras están en El Salvador y, luego, entre los equipos de diseñadores y procesadores, hay uno en Estados Unidos y uno en España. Sólo una vez nos hemos reunido las cuatro fundadoras, así que todo se hace virtualmente y usamos muchas herramientas tecnológicas. Tenemos ya tres años de hacerlo y nuestra rutina empieza muy de mañana como a las 6, 7 de la mañana, que ya es el mediodía en España. La mañana es clave porque es cuando todas estamos despiertas y cuando podemos dedicar tiempo.

Los lunes son nuestras reuniones generales y a partir de ahora también habrá 45 minutos para discusiones teóricas y luego 1 hora 30´ para la reunión semanal que es donde estamos las cinco cabezas de las áreas principales, bueno yo soy la dirección que además lleva toda la parte de redes contactos y modelos de negocios y administración, luego Jimena nuestra directora creativa, luego Lía que está en la parte de audiencia, Gabriela, coordinación de eventos y logística y Pati Triguero, que desde agosto tenemos una editora de audiencia. Es de las incorporaciones a la equipa más importantes estamos super felices con ella, así que cada una tiene  un tiempo para dar reportes, aunque nunca nos da el tiempo.

Martes y miércoles son más para que cada quién haga sus cosas, jueves tenemos una reunión general con el editor de uno de los proyectos, quizás uno de los mejores editores de Latinoamérica y es un tipo muy generoso con su conocimiento. Está siendo una época de mucha formación. Los viernes, sobre todo, Jimena lo ocupa muchísimo para avanzar y el sábado a veces hay coloquios de brujas que es nuestro espacio de conversatorio. 

Hay una de las cosas que para Alharaca es fundamental que es el autocuidado, que no lo hemos logrado completamente porque, por ejemplo, las chicas de Alemania están despiertas hasta la madrugada y eso es algo que todavía tenemos que trabajar para evitar. A partir de este mes, vamos a inaugurar un espacio de autocuidado donde va a estar toda la equipa y que no sea para hablar de trabajo sino para chismorrear, lo que sea, hasta plantear problemas mas serios.

Actualmente, somos veinte personas en Alharaca y ganamos dos fondos que nos están ayudando a hacer por fin lo que nos da la gana.

-Por lo que han mencionado para ustedes la crianza es un trabajo más para compartir…

Bueno, ahorita la crianza no es tan colectiva porque ahorita la única que tiene hijos soy yo, ¡JaJa! Para mí, es un tema transversal porque soy la directora y tengo una pareja y un  hijo y no es que me muera por estar las 24 horas con mi hijo, pero tampoco es que no disfruto tiempo con él. Entonces, lo que más me frustraba era la idea de no poder compatibilizar o conciliar trabajo con crianza.

Parí en Alemania, un país muy conservador con el tema de la maternidad y una de las cosas que yo me di cuenta es que las alemanas están bien jodidas porque es un país con una política de crianza, supuestamente progre, porque te dan 14 meses para criar después de parir y poder compartir esos 14 meses con tu pareja. Esos meses están subsidiados por el estado sólo en un 60% de tus ingresos y es un país muy patriarcal con la figura de la madre como primera educadora primordial.

Al menos, se espera que las mujeres se queden 12 meses con su hijo. Alemania es un país con una brecha salarial del 23% osea que los hombres todavía ganan más y, por eso, quienes se quedan más en casa son las mujeres. Te podes quedar hasta un segundo año si queres y mantener el trabajo, pero ya no el mismo puesto. Entonces, al final, lo que ves es una política que no es conciliatoria con la crianza, en donde las mujeres tienen que decidir qué quieren hacer más si trabajo o crianza y cuando ves las estadísticas, hasta los 35 años es equitativa pero cuando empiezan los 35 que es la edad reproductiva en Alemania nunca vuelve a ser la misma. Entonces, si este es el ideal de país, hay que tener cuidado con lo que una desea y repensarlo.

En Alharaca, para mí, siempre ha sido importante que, aunque no seas mamá, tenemos otra vida, no sólo estamos trabajando, así sea estar echada y leer un libro. Es un derecho a tener esos otros tiempos. Entonces, y esto lo aprendí de Chicas Poderosas, cuando pensamos en dinámicas de trabajo donde están contempladas esas otras cosas. No queremos que se nos caiga el pelo, no queremos tener reumatismo, no queremos padecer estrés crónico, pensemos en nuestros cuerpos, es difícil, sobre todo cuando hacemos algo que nos gusta.

– Nos gustaría que nos cuentes porque Alharaca se llama alharaca

«Alharaca» es una palabra que viene del árabe que significa «movimiento», «alegría» pero que, en español, se ocupa más como una palabra para referirse a alguien que está siendo exagerado, que está haciendo mucho ruido por algo que no es importante y, generalmente, ese alguien terminamos siendo las mujeres. Entonces, hace un par de años un periodista que es bastante reconocido en El Salvador nos acusó a una colega y a mi, una buena amiga, de «hacer alharaca» hablando de la violencia contra las mujeres y de feminicidios. Así que nos estaba trolleando en redes sociales diciéndonos que estábamos haciendo pura alharaca, así que cuando surgió la posibilidad de hacer el medio, pensábamos que era una buena palabra para resignificarla y para reivindicar nuestras voces y nuestros espacios para hablar como nos da la gana hablar y sí, hacer escandalo, hacer ruido, pero para hablar de cosas importantes.

Nuestro tag es: «Hagamos Alharaca» o «Hacé Alharaca con nosotres». 

De izquierda a derecha: Laura Aguirre, directora/CEO; Jimena Aguilar; directora creativa; Gabriela Rivera; productora logística; Lya Cuéllar, subeditora de audiencia y coordinadora de Sexo Sinvergüenzas.

-¿Qué recomendaciones le darías a las compañeras que forman parte de salas de redacciones feministas, espacios de comunicación y arte, en la construcción de sus equipas?

Yo creo que construir equipas distintas feministas es un proceso que nunca termina y es un proceso más lento, con resultado más lentos pero que si une está consciente, te los bancás. Una de las cosas que nosotres tenemos desde siempre en Alharaca es que hacemos trabajos colaborativos y multidisciplinarios, porque para nosotros es vital la transferencia de conocimiento, desde las diferentes posiciones en las que estamos. Y eso ha sido un proceso también, porque todas venimos de espacios muy masculinizados donde hay una jerarquía de poder, por tu experiencia, por cuánto has estudiado, por cuántos años tenés, cuánto has conseguido, cuántos premios tenés.

En Alharaca tratamos de romper con eso, creo que lo llevamos bastante bien. Por ejemplo, yo soy la mayor, tengo 40 años, y luego está la menor que tiene 24 e incluso tuvimos una pasante de 17 años, y claro entre nosotras hay casi dos generaciones y yo tengo un doctorado con mil cosas que he escrito, sin embargo, tratamos de romper esa jerarquía de nivel de conocimiento. Yo estoy muy consciente de que no puedo tener el conocimiento que tiene Lía a sus 24 años, que si no fuera por ella nosotras no tendríamos acceso a las audiencias jóvenes.

Cada una tiene una forma de conocimiento y así es como tratamos de transmitirlo a cada una de nosotras. Eso es lo que intentamos cuando nos reunimos en las mesas de discusión, que quede muy claro ahí no soy la doctora, si alguien me pregunta sobre trabajo sexual y migración, puedo hablar todo lo quieran, pero pregúntame de lo que están hablando los jóvenes o cómo se sienten las mujeres de 25 y no tengo ni idea. Entonces, no sería posible que hiciéramos Alharaca sin esa combinación de conocimientos en equipa.

Hemos tenido conflictos y tenemos que hablar de eso y después pedir disculpas. Es una de las desventajas de la comunicación virtual, mandar un whatsapp y que vos te lo tomes según como esté tu ánimo. Los conflictos los resolvemos de frente, aunque sea en cámara. La resolución de conflictos puede ser algo que se dé de forma clara pero sin agredir o sin traspasar límites con la otra persona. Podemos tener paciencia, dar más tiempo, escuchar antes de emitir un juicio, de tener un juicio de valor sobre la otra persona y eso es algo que intentamos mantener en Alharaca. Es difícil, no siempre lo logramos pero, al menos, es el objetivo.

Alharaca tiene un código de conducta basado en el de Chicas Poderosas y un documento de principios y lineamientos que guían la atención en casos de violencias sexuales, ¿cuáles son los beneficios que estos protocolos?

También tenemos un protocolo de seguridad.  Yo creo que el principal beneficio es tener una ayuda, el código de conducta nos dió esa claridad para saber qué hacemos en el caso de y enseñárselo a nuestros colaboradores, nos da claridad para saber que sí y que no. Los lineamientos son una creación de un colectivo de creadoras culturales centroamericanas que lo trabajaron muchísimo y que son muy generosas en que sea abierto para todo el mundo y otra vez, son guías.

Para mí, por ejemplo, con eso me quedo muy claro qué las políticas de género no deben tener, cómo hay varias en el país, un careo entre la víctima y el victimario, por qué todavía buscan emular herramientas de justicia penal. Nosotros lo tomamos de forma más creativa, de ver cómo tener justicia, ayudar a las mujeres, asistirlas o acompañarlas.

El protocolo de seguridad nos ha dado claridad, nos dimos cuenta que teníamos muchas preguntas y como mujeres y más en contexto ahora donde el sistema democrático está tan en riesgo o transformándose, tener en claro de qué manera nos podemos cuidar físicamente y virtualmente. Nos ha permitido tener claridad en eso, cómo nos ayudamos entre nosotres, cómo nos manejamos cuando alguien está en el campo.

-Por último, pero no menos importante, nos parece centrarnos en la “auto-sostenibilidad”, que es un propósito de Alharaca. ¿Qué significa esto de ser autosostenible y cómo se aplica a la lógica de un medio de comunicación? 

Para mí, como directora, la autosostenibilidad es una de las misiones principales que tengo y, para Alharaca, eso también es principal porque eso va a depender de que un día podamos ser un medio independiente. Valoramos mucho estos grants que hemos ganado pero nuestro objetivo es no tener que depender de estos grants, pues, son difíciles de conseguir y tampoco tenemos seguridad de que vayan a durar para siempre.

Gran parte de la energía que yo invierto como directora es en la construcción del modelo de negocios, que ya lo veníamos haciendo desde antes pero ahora yo tengo dos becas en distintos programas en el que estamos centradas en la construcción del modelo de negocios. Somos una estrategia de comunicación, diseñamos campañas de comunicación, asesorías en storytelling, cursos, talleres que queremos desarrollar, pero también publicidad y espacios patrocinados dentro del medio. Hay una serie de planes para diversificar los ingresos de Alharaca, que espero que en los próximos años, se consolide para asegurar la existencia de Alharaca una vez si estos grants desaparecen.

guarda

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