Loader
Cuarentena en villas, falta de agua, hacinamiento y covid-19 | Revista Colibri
10884
post-template-default,single,single-post,postid-10884,single-format-standard,bridge-core-1.0.5,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-18.1,qode-theme-bridge,disabled_footer_top,disabled_footer_bottom,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-6.0.2,vc_responsive

Cuarentena en villas, falta de agua, hacinamiento y covid-19

Por Nicole Martin

«Nunca nos garantizaron una buena obra, ni tuvieron la intención de hacer las cosas bien», afirmó Adela Britos, presidenta de la Junta de Consejeros Vecinales del Barrio Carlos Mugica (ex Villa 31 y 31 bis) y vecina del barrio hace treinta años. En diálogo con Revista Colibrí, repasó las medidas que le indicaron en la última reunión con Agua y Saneamientos Argentinos (AySA), en reclamo de la falta de agua que sufren algunes vecines: la empresa afirmó que dispone del agua necesaria para el barrio, pero la condición de las instalaciones no dan la garantía de que vayan a aguantar la presión de agua. Es decir, que las nuevas obras de urbanización del Gobierno de la Ciudad están mal hechas. «No hay garantía de que no explote todo», subrayó.

Según Britos, los únicos establecimientos con instalaciones aprobadas por AySA son la Secretaría de Integración Social y Urbana, el Mc Donals y el Polo Educativo Maria Elena Walsh. Ni siquiera las viviendas nuevas están aprobadas.

Desde el viernes, vecinos denunciaron que no tenían agua corriente. A un mes del aislamiento social declarado por el gobierno, con trece casos postivos en el barrio, la falta de agua agrava el contexto de miedo y necesidad. Ahora, les vecines del Barrio Carlos Mugica no tienen ni agua para lavarse las manos. Los primeros casos fueron confirmados a principios de la semana pasada. Este martes, se confirmaron 11 casos nuevos.

Foto: «La Garganta Poderosa»

Además de los casos de la ex Villa 31, también hubo casos confirmados en el barrio popular Ringuelet de La Plata, algunos casos recientemente confirmados en Almirante Brown, La Matanza, Merlo y en el barrio La Fé, de Lanús. Además, en Merlo, este domingo falleció una de las mujeres que había contraído la enfermedad.

La situación de la primera enferma de 43 años del Barrio Padre Mugica, que vivía en una casilla con sus xadres, ambos adultes mayores y pacientes de riesgo, y compartía la vivienda con otras tres familias, puso de manifiesto una escena de precariedad que se repite en muchos otros barrios populares de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires. Según el testimonio que dio la primera paciente a la organización «La Garganta Poderosa», la mujer que se contagió de coronavirus compartía el baño con trece personas, que actualmente se encuentran aisladas. Tanto esta mujer, como el nuevo caso que fue confirmado el miércoles 22, sufren de asma.

El hacinamiento crítico generalizado aumenta el contexto los riesgos de contraer el coronavirus en las villas, por lo cual, las agrupaciones sociales presentes solicitan más presencia del Estado, mientras que los principales actores públicos afrontan la coyuntura con asistencia en las escuelas, campañas informativas y acciones de las Fuerzas Armadas.

Esta forma de vivir, con muchas personas agrupadas en pequeñas casillas y sin servicios, es característico de las villas urbanas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Según el último relevamiento del Observatorio Villero de «La Garganta Poderosa», el panorama es aún más grave que en la Provincia de Buenos Aires (PBA), ya que en cada casilla de la ciudad viven entre cuatro y diez personas. Se comparten baños y cocinas entre seis personas, los pasillos entre casa y casa son de medio metro o un metro y no hay ventilación.

Foto: Paula Colavitto

Foto: Paula Colavitto

Por eso, se concientiza a los vecinos para que no salgan de sus casas, o en segundo término, del barrio. En las villas de emergencia en Argentina viven actualmente más de tres millones de personas, según el último relevamiento presentado por la organización TECHO. En PBA se concentra más de la mitad de los asentamientos informales (1.352, el 55% del total), en los que se encuentran el 61% de las familias que viven en el país en condiciones muy precarias para enfrentar la cuarentena: el 95% de las familias no tiene acceso agua corriente y el 98% no cuenta con acceso regular a la red cloacal, según este relevamiento.

Claramente, la falta de urbanización en los barrios no favorece la cuarentena. Pero no es sólo una realidad argentina, sino que se sitúa en un contexto de desigualdad mundial.La ONG global Oxfam contabiliza 735 millones de personas que viven en la pobreza extrema en el mundo. Entre la extrema necesidad y el hacinamiento crítico, el panorama general es de hambre y miedo.

La problemática se agrava con la falta de trabajo. La mayoría de los trabajadores que viven en las villas no tienen acceso al empleo formal y viven de “changas” que se cortaron con el aislamiento obligatorio. “La gente no está pudiendo salir a trabajar. Hay muchas jefas de hogar que son empleadas domésticas en casas de clase media y la cuarentena les cortó el sueldo, porque aunque es obligatorio, muchos empleadores no mantienen el pago”, sostuvo Melisa Correa, referente de la Red de docentes, familias y organizaciones del Bajo Flores.

Por eso, el hambre es una necesidad presente en la cuarentena en las villas de la CABA. Al igual que en la PBA, la cantidad de personas que asisten a comedores llegó a duplicarse y triplicarse en algunos casos. En tanto, el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat porteño ajusta políticas para gestionar los 287 comedores de la Ciudad. Sin embargo, la necesidad urgente parece haber superado la capacidad de la gestión porteña en algunos distritos.

«Los comenderos que asistían a cincuenta personas, hoy asisten a cien. La única mercadería que tienen es la que manda el gobierno, pero hemos vivido situaciones de todos los colores para poder trasladar la comida a los comedores. En muchos casos, si Barrios de Pie no entrega la mercadería, la gente no tiene para comer», dijo Sebastián Martino, coordinador de la organización “Barrios de Pie” en CABA.

Cableado Villa Lugano. Foto: Paula Colavitto

Desde las escuelas del gobierno de la Ciudad, se organiza la entrega de bolsones de desayuno, refrigerio y almuerzo, pero sólo para los estudiantes que tengan la Beca del Comedor. En los primeros días de abril realizó la primera entrega de 349.220 bolsones a las 1.100 escuelas porteñas. Las viandas y refrigerios por matrícula escolar entregadas por el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta tendrán una periodicidad de quince días.

Otro actor presente es la represión policial. Para les que trabajan en estos barrios, la violencia era un factor obvio al iniciar la cuarentena. Por eso, la organización “La Garganta Poderosa” comenzó a organizar a los vecinos en comisiones que controlan el accionar policial, registran situaciones de violencia y asisten a las víctimas de ser necesario. Fidel Ruiz, responsable de los “equipos de Control Popular a las Fuerzas de Seguridad” en CABA, afirma que han recibido una o dos denuncias por día por ejercicio de violencia y arbitrariedad desde que comenzó la cuarentena.

En general, los abusos se basan en maltratos y detenciones arbitrarias a personas que van a comer al comedor o a comprar víveres. “La recepción de la denuncia, la contención de la víctima y el seguimiento del caso en la justicia se efectúa a modo telefónico y por mail”, explica Ruiz. Y aunque la presencia de policías, gendarmes y prefectos en los barrios varía, se acentúa en las entradas de las villas.

Ver nota sobre cuarentena represiva en Revista Colibrí

«Lo que esto pone en evidencia es una radiografía de la situación económica. Es el momento de pensar en políticas públicas que den respuesta estructural a esta problemática, no un parche para estos meses», sostuvo Nicolás Marcioni, integrante de la organización Frente Darío Santillan y de la red Movimiento de los Pueblos. En perspectiva, la primavera nos tiene que encontrar con discusiones sobre programas de vivienda, el acceso a la tierra y al microcrédito que permita que millones de familias mejoren su calidad de vida. Sino, es pan para hoy, hambre para mañana”, concluyó.

No Comments

Post A Comment