Loader
Huellas - Esas manos ya no duelen | Revista Colibri
10823
post-template-default,single,single-post,postid-10823,single-format-standard,bridge-core-1.0.5,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-18.1,qode-theme-bridge,disabled_footer_top,disabled_footer_bottom,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-6.0.2,vc_responsive

Huellas – Esas manos ya no duelen

Relato 5

Me acordé arriba de un bondi. Casi segura el 24, doblando por Arenales para salir a Mitre. Fue como una imagen de una peli que viste cuando eras chica, y te la acordás media borrosa o por la mitad. Claro que supe quiénes eran los personajes, la ropa que teníamos puesta y algunas frases contundentes. Nunca me respondí si me reprocho algo de esa situación. Quizá dí por sentado que no. O quizás llegar a la conclusión de que hay preguntas que no necesariamente tengo que hacerme, me salvó de cumplir conmigo misma ese rol de vigilante. ¿Sería yo una mujer sentada alrededor de otras personas contando mi experiencia como sobreviviente? Y esto que viví, ¿se parece más a una mancha de café en el escote de un vestido blanco, o a una trenza tan tirante y ajustada que hace doler la cabeza?
No hay nada de esa situación que tenga un aroma exquisito. Nada se parece el patio de mi abuela o a la textura de su budín. Aunque se escarbe no existe similitud con la primavera, ni por asomo con la esperanza. Pero no lo necesito. No necesito encontrar ahí rayos de sol, olor a tierra mojada, signos de vida. Así que no lo lamento. Porque en mí hay un jardín entero.

Viqui, en realidad, Abril, y mi psicóloga fueron las primeras personas con las que lo puse en palabras, pero siempre pienso en Viqui. Acudí a ella de una forma muy particular e impresionantemente supo como actuar (teniendo en cuenta que la decisión de llamarla fue motivada por el cariño y compañerismo que nos une, y no porque sea una persona que cuente con herramientas profesionales para la contención de estos procesos).                                                                                                                                              La certeza- que construí colectivamente- de que no había una norma para sanar fue lo que me permitió hacerlo.                                 Tuve suerte.

y desde este paraíso muchacha

el de los dedos en mi boca

mi vientre en explosión

y los sueños nadando en imaginación

te invito a contarte mi cuento

que observes mi juego

mi lengua entre armas

mi casa mi balcón

cada marquita de piel

cada paja en el sillón

un cuaderno de amores platónicos

un dibujo una actuación

 todo es terreno fértil en estas pieles

ahora

que sé que esas manos ya no duelen

ahora

me puse más dulce

más compleja

más florida

que las mieles.

 

«Huellas» es un proyecto colaborativo realizado por mujeres unidas y autoconvocadas. Es un testimonio único formado por varios. Evidencia las particularidades que existen en el camino en el que una se sumerge a la hora de transitar haber vivido una situación de abuso sexual. Da cuenta de lo diverso y complejo, en una violencia tan común y explicada en una cultura patriarcal.
Contactate con ellas :  proyectohuellascontacto@gmail.com

No te pierdas los testimonios que iremos publicando a lo largo de estas semanas en la página web de Revista Colibri y en todas nuestras redes.

No Comments

Post A Comment