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Sanar lo que el cuerpo guarda - Entrevista a Candelaria Deferrari | Revista Colibri
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Sanar lo que el cuerpo guarda – Entrevista a Candelaria Deferrari

Fotógrafe del Mes: Candelaria Deferrari
Por Alana Rodriguez

Candelaria Deferrari es fotógrafa, activista en turno al desnudo y docente de nacionalidad argentina. Atraída por la fotografia de desnudos, comenzó a interiorizarse en el tabú que conlleva la desnudez y cómo desarmarlo. Vivió en Baviera, ​Alemania, donde exploró el movimiento FKK y, actualmente, se encuentran en España.

En la búsqueda por construir nuevas narrativas para un mundo más sensible, con su cámara invita a desnudar el cuerpo, conectarse con la animalidad y abandonar el antropocentrismo, con el fin de sanar lo que el cuerpo guarda.

– ¿Cómo fue tu proceso con la fotografía de desnudos? ¿Cuándo y porqué empezaste a interiorizarte en esta práctica?

Empecé a hacer fotos hace muchos años, pero no de desnudos. Nunca había consumido, ni había tenido interés en particular, no fue algo que yo quería hacer. Hasta tenía como cierta pelea o dolor con la fotografía de desnudos, porque asociaba mucho al desnudo con el cuerpo hipersexualizado y cosificado, que era un poco con lo que yo había sido educada. Viendo Playboy, Tinelli o publicidades de cualquier tipo.

Recuerdo de esa época decir «yo nunca voy a hacer desnudos, la gente que hace desnudos es porque cosifica a las mujeres«. Pero un día después de todo ese enojo/dolor decidí que yo tenía ganas de hacer desnudos, solo porque se hayan cosificado tanto nuestros cuerpos no quería decir que yo fuera a hacerlo también. Entonces decidí meterme en ese mundo y cambiarlo desde adentro.

Quería hacer un desnudo diferente que no tuviera que ver con lo sexual, que entendiera al cuerpo como algo animal, mamífero. Que no tuviera que ser siempre un objeto de consumo y objeto de deseo sexual. Mi experiencia con el cuerpo casi nunca tuvo que ver con lo sexual. Escucho experiencia de otras personas que por ahí sienten que lo sexual les fue como prohibido o reprimido y en mí caso fue más bien que me fue forzado, yo no tenía interés por lo sexual como tenían mis compañeres del colegio, de hecho fui muy violentada por no ser sexual.

Cuando arranqué con la fotografía de desnudos le dije a una amiga a la que ya había visto desnuda por convivir y compartir momentos. Le compartí mis ganas de hacer desnudos diferentes, de contar mi propia historia. Se copó con la idea, ahí arranque y fue un camino de ida del que nunca volví. Empecé a organizar eventos, a conocer a otras personas nudistas, a otras personas asexuales o demisexuales. Y empecé a leer sobre la teoría, sobre la historia del movimiento nudista.

 

-¿Qué representa el cuerpo para vos? ¿Cómo es la relación que tenés con tu propio cuerpo?

No tengo una respuesta cerrada hasta el día de hoy. Creo que nunca tuve una relación buena con mi cuerpo en el sentido de la esfera de lo sexual. Me costó y me cuesta mucho hallarme en la cultura pop incluso dentro de los movimientos feministas. Me cuesta hallarme desde el punto de vista de la cultura sexual porque yo no necesitaba más sexualidad, necesitaba menos.

Para empezar me hicieron bullying en la primaria y en la secundaria, y siempre tenía que ver con el cuerpo. Toda esa violencia se ejerce sobre el cuerpo. Por ejemplo, yo veo que tengo problemas de columna que son típicos de chicas altas que nos achicamos para no ocupar tanto espacio. Desde ese punto de vista, mi relación con mi cuerpo ha sido y es difícil. También fui abusada repetidas veces por distintos hombres. Es muy difícil al día de hoy amigarme con toda esa historia.

Lo que yo entiendo por cuerpo es el vehículo que te permite sentir, moverte y existir materialmente en este mundo. Donde vive el trauma y el placer, todo lo que nos pasa lo podemos procesar gracias al cuerpo. A través del cuerpo soñás, a través del cuerpo sentís y todo está mediado por el cuerpo. También lo ligo mucho con lo mamífero y lo animal. «Todes somos animales» es una fase que tomé de Voicot. Hay muchas cosas que pasan por el cuerpo si nos entendemos como otro animal, emparentado con todo lo que nos rodea.  

-¿Qué potencialidad o fortaleza observás en el encuentro del cuerpo desnudo con la naturaleza y con otros cuerpos? 

Qué fortaleza no le encuentro, sería la pregunta. Creo que tiene que ver con esto de reconocer que somos mamíferos, que somos animales, que estamos emparentados con todo lo que existe, todo lo que nos rodea, que es mucho más grande que nosotres. Hay algo de desafiar un poco la mentalidad antropocéntrica, una vez que reconozco que mi cuerpo es natural, que un genital es tan mundano como una mano o como mis ojos o cualquier otra parte de mí cuerpo.

Una vez que reconozco eso, pierdo el tabú, pierdo el morbo, pierdo la vergüenza, la impresión que me puede dar, y reconozco que no hay nada de malo ni de anormal en mi cuerpo. El cuerpo, para empezar, todes lo compartimos, hay algo en el desnudo grupal en el que vemos que al final no nos diferencia casi nada, el porcentaje de diferencia entre un ser humano y otro, genéticamente, es de un 5%. Incluso lo que creemos que es tan diferente no lo es, no ocupa un lugar principal ni mayoritario.

Por otro lado, pierdo la vergüenza y me doy cuenta que mi cuerpo es natural, que la vestimenta, por ejemplo, la inventó el ser humano como concepto y como materialidad. Un perro o una vaca no está vestido nunca, somos el único animal que tiene vestimenta y, por consiguiente, que tiene desnudo, como algo especial. Cuando estoy desnuda es como que me quitará algo conceptualmente, me quito la ropa, pero el desnudo en realidad es el estado primero y natural, como llegamos al mundo. Creo que desnudarnos tiene ese poder de darnos cuenta que somos animales y más en la naturaleza.

Cuando estoy en la naturaleza puedo sentir el viento o el agua, en todo mi cuerpo, en toda mi piel. Hay algo muy lindo cuando me desnudo con animales no humanos a mi alrededor, me siento como más igualada. Con las personas cuando te quitas la ropa te quitas tus insignias de clase, me quito la ropa y me quito mis marcas, me quito el dinero que pague por las ropas, la clase social, la cultura, etc. En ese sentido quitarnos la ropa nos iguala. Y con los demás animales, tiene este elemento de distancia de civilización. De hecho, los primeros antropólogos que visitaban tribus que en ese momento de forma colonizadora llamaban «exóticas», las describían como salvajes o como animales no humanos, por esto, de que por ahí solo se tapaban los genitales, o no se tapaban nada y estaban desvestidos como animales. Entonces quitarnos las ropas para mí nos devuelve a la naturaleza a la que, en definitiva, pertenecemos. 

-Al describirte a vos misma, uno de los términos que usas es psiconauta, ¿cómo relacionas este aspecto con tu práctica fotográfica?

Lo considero como una parte esencial de mí, lo quiera o no es así y yo diría que, no sé si ser autonauta y fotógrafa tienen que ver pero sí diría que hay algo como que siempre estuvo relacionado. El arte en general siempre estuvo relacionado a una cierta sensibilidad, o apertura a otras relaciones. Aunque no sean miradas psicodélicas, siempre hay algo en la mirada del artista, como sensible, atenta a lo que está sucediendo.

Así que creo que la práctica con los psicodélicos me ayudó siempre desde ese lado. No creo que haya que tener experiencia con psicodélicos para tener una mirada sensible, sí creo que en mí caso me abrió a una percepción mayor, a una sensibilidad mayor. Yo tomé, entre otras cosas, Ayahuasca y me cambió la vida, siempre la siento presente. Pero bueno, eso ya tiene que con el pensamiento mágico. La siento como una gurú, como una guía, ella me ayudó a sentir más, de hecho, mi primer orgasmo lo tuve en mi primer ceremonia.

Con lo que te contaba que me sucede con el cuerpo, mis dolores, mis fantasmas, ella me ayudó mucho con eso, me ayudó a sentir. Se dice que los psicodélicos no necesariamente te hacen alucinar sino que te hacen ver.  Para mí, el arte y la sensibilidad están siempre de la mano y no la sensibilidad entendida como lo triste y lo suave, sino una mirada aguda que ve más allá de lo que se ve a simple vista.

Creo que los psicodélicos me ayudaron con eso y, de hecho, tienen un poder tremendo para ampliar la conciencia. Hay muchas cosas de las que se podría hablar, pero en mi caso personal tuvo que ver con la sanación y con sensibilizar mi ser y eso, inevitablemente, influyó en mi práctica fotográfica: en mi relación con las personas que retrató, cuando organizo eventos, también hay ahí una cosa de sensibilidad abierta y no lo tomo como un mérito mío sino que tuve acceso a esa experiencia que me ayudó.  

-Estuviste viviendo en Alemania e investigado el movimiento FKK, ¿encontras diferencias en la forma de hacer fotografía en un país latinoamericano, como lo es Argentina, con países europeos como Alemania o España? 

Definitivamente hay una diferencia. Yo estuve viviendo en España y en Alemania, y también viajando por otros lugares. Puntualmente en España, en Alemania y en Suiza un poquito también, el nudismo está mucho más difundido que en Latinoamérica. Hay una diferencia enorme, obviamente, hay países de Europa que son tanto o más conservadores que Argentina. Puntualmente en Alemania y Suiza tienen una historia muy importante con el nudismo, de hecho, son países protagonistas en la historia del nudismo.

El movimiento FKK, que significa «cultura del cuerpo libre» en alemán, fue un movimiento que nació ahí. En España también hay una tradición nudista muy importante, aunque la gente no sepa del nudismo es imposible ir a la playa y no encontrarte con nudistas. En Barcelona, hay dos playas nudistas completamente metidas en la ciudad, no solo es más común sino que también es menos solemne que en Argentina, en donde organizando encuentros sucede algo que a mí me gusta mucho que es compartir desde lo emocional.

Se liberan muchas heridas, las personas por ahí lloran o se sorprenden mucho, es algo muy nuevo. Y al ser algo muy nuevo siempre tiene este matiz revolucionario y sanador. Que acá (España) no tiene porque al ser tan común no tiene tanta solemnidad, allá (Argentina) hay una cultura más conservadora, más represiva y acá también pero en otro nivel. Se da algo muy lindo cuando la gente viene y se abre emocionalmente al desnudo, lo sienten como algo que les cambia la vida, es precioso. Lo que tiene de malo es que eso nos da la pauta de que estamos muy atrás, acá la gente no llora ni se revoluciona porque ya es normal. Aunque no lo practiques, está bien, y si lo prácticas, está genial y es más como un disfrute que como una terapia, esa diría que es la diferencia mayor.

-Por último, te pedimos que elijas alguna fotografía que tenga un significado especial para vos, y que nos cuentes porqué la elegís.

La foto que elegí es la de mi primer viaje sola en febrero del 2020. Viaje a Montevideo, Uruguay, invitada por Mery Arias, a quien conocí al participar de un pódcast suyo en el que ella me hacía preguntas sobre mis fotos y mi trabajo. Me invitó a Uruguay yo le dije que me encantaba la idea, que si conseguía gente a quien yo le pueda hacer fotos y que me paguen el pasaje y la estadía, iba. Y así lo hicimos, me compré un pasaje así a ciegas, ni sabía a quién iba a ver ni a quién iba a conocer. Entonces fui, Mery me presentó a todas las personas que participaron de la jornada. Y la verdad que fue hermoso, hicimos un campamento en la casa de uno de ellos que vive ahí en la playa, el primer dia fuimos a la playa a hacer una ronda para conocernos. Hablamos de todo, yo les conté porqué trabajo con desnudos, cuáles son mis historias con el cuerpo. Les invite a que elles se presentarán también, compartieran cuál era su relación con su cuerpo, si tenían experiencia o no, que es algo que siempre pregunto en los encuentros. Y se armó un espacio súper hermoso, para cuando terminamos de hablar ya estaba anocheciendo y no íbamos a hacer fotos porque no daba la luz.

Ya veníamos hablando durante horas, entonces les propuse que empecemos a mover el cuerpo. Y bueno nos sacamos la ropa ahí en la playa al atardecer, el cielo estaba violeta y la luna, llena. Alguien me hizo el chiste de ir corriendo desde los médanos hasta la playa desnudes y yo empecé a correr, miré hacia a tras y vi a todo el grupo que venía atrás mío corriendo y riendo desnudes. La verdad que fue precioso, nos metimos al agua a jugar y bailar. La foto es del amanecer del día siguiente a esa tarde que nos conocimos. Es una foto muy especial para mí, no solo porque me encantó el grupo, sino también por la experiencia de viajar sola a un lugar desconocido sin conocer a nadie y así y todo, confiar ciegamente. Terminar conectando con personas que si no fuera por esto serían desconocidas, nunca habriamos cruzado camino. Y gracias a animarme, tengo este momento que atesoro un montón.

 

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