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Un sistema distinto es posible: hablemos de agroecología | Revista Colibri
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Un sistema distinto es posible: hablemos de agroecología

Por Irina Sol Pilosoph Postan

La agroecología es una forma sustentable de producción de alimento en la que no se utilizan agroquímicos nocivos para la salud. Pero también es un movimiento político que, desde una cosmovisión respetuosa de la Naturaleza y sus ciclos, cuestiona las condiciones de trabajo casi esclavas en el campo, el modelo hegemónico y todas las desigualdades económicas y sociales que éste encarna. 

Foto: UTT


En términos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la agroecología es “todo sistema de producción sustentable en el tiempo, que mediante el manejo racional de los recursos naturales, contemplando la diversidad biológica y sin la utilización de productos de síntesis química, brinde alimentos sanos y abundantes, manteniendo o incrementando la fertilidad del suelo”. Y, a diferencia del modelo del agronegocio, el objetivo central no es la maximización de la ganancia, sino producir alimentos sanos en cuidado de la tierra, a quienes la trabajan y a les consumidores. 

Zulma Molloja, militante de la Secretaría de Géneros de la Unión de Trabajadores de la Tierra de La Plata (UTT) explica que “hace años venimos produciendo de forma agroecológica, más que nada para dejar la agroquímica y poder empezar a cambar el modelo de producción y poder hacer todo sano, sin químicos y no contraer enfermedades”. Agrega que “lo agroecológico ya viene desde nuestros abuelos, de los antepasados que nos enseñaron a curar todo de forma natural. Hoy en día, las agroquímicas avasallaron todo”.

Además de atender al bienestar de la salud y de la tierra, las organizaciones campesinas cumplen un rol social que quedó en evidencia en medio de la crisis que atraviesa el mundo: mientras las grandes empresas demostraron la mezquindad y especulación de las que son capaces, les productores de la agricultura familiar, campesina e indígena, se pusieron al frente del abastecimiento del pueblo. Mediante la organización popupular, no sólo facilitaron el acceso a frutas y verduras sanas, sino que además, donaron toneladas de alimento a comedores.

Tal es el caso de UTT, organización que que nuclea a más de dieciséis mil personas a lo largo del país, que entregó mercadería de forma gratuita en comedores de Buenos Aires, Mendoza, Misiones, Jujuy y Corrientes. El  espíritu solidario de la organización puede rastrearse años atrás cuando, durante el gobierno encabezado por Mauricio Macri, realizaron “verdurazos” pacíficos a modo de protesta ante las constantes medidas de ajuste. La respuesta fue una brutal represión en plaza Constitución.

Foto: Juan Noy

Los grandes sojeros, los grandes terratenientes piensan en exportar y en sus bolsillos, no en nosotros. Como productores, nosotros pensamos realmente en alimentar al pueblo, pensamos en su salud, en que no le falte esa verdura. Es muy diferente lo que nosotros cosechamos, que tiene el aroma, el olor y el sabor distinto. No tiene nada que ver. Cuando vos vas a una verdulería no sabés qué estás comprando. Vos tenés que darte cuenta de que la verdura tiene que ser recién cosechada, tiene que ser verde, tiene que tener el sabor a la tierra”, afirma Zulma. 

Otra arista esencial es la formación educativa. Deolinda, integrante del Vía Campesina de Santiago del Estero (MOCASE) resalta la importancia de la formación técnica y política de la juventud desde sus territorios, para que no tenga que migrar a las ciudades en busca de trabajo: “Tenemos la Escuela de Formación Técnica en agroecología, en la que se complementan conocimientos académicos y populares”. También llevan adelante, junto con otras organizaciones, la Universidad Campesina en Villa Ojo de Agua, donde se dicta comunicación popular comunitaria. “Es una de las formas que hemos ido construyendo para abonar nuestras banderas de lucha”, sintetiza.

¿Es lo mismo agroecológico que orgánico?

La Ley 25.127 define como ecológico, biológico u orgánico a “todo sistema de producción agropecuario, su correspondiente agroindustria, como así también a los sistemas de recolección, captura y caza, sustentables en el tiempo y que mediante el manejo racional de los recursos naturales y evitando el uso de los productos de síntesis química y otros de efecto tóxico real o potencial para la salud humana, brinde productos sanos, mantenga o incremente la fertilidad de los suelos y la diversidad biológica, conserve los recursos hídricos y presente o intensifique los ciclos biológicos del suelo para suministrar los nutrientes destinados a la vida vegetal y animal (…)”.

Si bien en la producción orgánica tampoco se utilizan venenos, una diferencia central con la agroecología es que la mercadería no es para consumo local, sino que se destina principalmente a la exportación. Es así que, entre otras cosas, puede producirse un mismo cultivo a gran escala. Según el informe realizado por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), durante el 2019 sólo el 2% de los productos orgánicos fue para consumo interno, mientras los principales destinos siguen siendo las exportaciones a Estados Unidos y a la Unión Europea. 

Por otro lado, la certificación que acredita que los productos sean orgánicos es paga, lo que se traduce en una dificultad extra para los pequeños productores que, en su gran mayoría, no son propietarios de la tierra y deben pagar el alquiler y los servicios.


En este sentido, Julieta, militante de la UTT, explica que “la producción agroecológica es con bioinsumos que preparan los mismos productores. Son remedios que se hacen de plantas, de minerales y, por el momento, no tienen ninguna certificación, sino el aval de los mismos productores del Consultorio Técnico Popular (CoTePo), que son técnicos de producción agroecológica que recorren las quintas verificando que se produzca agroecológicamente, y dan talleres para poder preparar esos insumos”. 

Con la voluntad de avanzar en ese sentido, los técnicos de la CoTePo realizaron en junio una certificación junto con representantes del INTA en la comunidad El Pato, en Berazategui. Se trata de la primera quinta agroecológica certificada de la UTT.

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