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TEATRO | Realidades trans en la Patagonia Austral | Revista Colibri
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TEATRO | Realidades trans en la Patagonia Austral

Por Agustina Verdi

“Mi corazón no es de piedra ni madera” es el título de la obra escrita y dirigida por Martín Marcou que tiene como protagonistas a Mora Ifran en el papel de Gaby, a Facundo Tomás en el papel de Luis y a Cris Bernal Niño, en el de Jairo. Con funciones los sábados de mayo a las 21 hs en Espacio Tole Tole (Pasteur 683).

Tres personajes que se encuentran en la Patagonia Argentina, allí donde el viento, la nieve y el gélido frío hacen difícil crecer un pueblo alejado de la gran ciudad. Un lugar con pocos habitantes decididos a hacer pasar su vida allí, pero con mucho movimiento de personas de estancia temporal.

Cortesía de Producción «Mi corazón no es de madera ni de piedra».

Especialmente trabajadores de distintas partes del país que son convocados a obras de infraestructura vial y se involucran con lugareñes, comparten vida, amor, tiempo, solo un tiempo, medible y cuantificable que con un nuevo destino laboral los hace rápidamente migrar. 

Este es el caso de Luis, del conurbano bonaerense, representante del macho argentino, futbolero, pajero y un poco pendenciero, con su voz siempre elevada en la conversación, en todo intercambio impone tener razón. 

En cambio Jairo, el colombiano, “Colombia” como le dice Luis (sin siquiera intentar recordar su nombre), responde a las increpantes preguntas con dulzura y timidez, contrastando las formas de masculinidad entre un macho argento y un poeta viajero que con su mochila y su libreta anota y expresa puro sentimiento.

Jairo es más ubicado pero muy meloso, hasta a veces ridículo para los ojos de Gaby, mujer trans que nació y creció en ese pueblo donde la vida le ha hecho forjar un carácter fuerte y no se enreda en palabras lindas, ni se deja llevar por románticas fantasías.

Hace años está peleada con su madre y sola se armó su casa y le dió su impronta mostra, con banquetas de plush, cortinas doradas, lentejuelas en el almohadón de sillón y la foto de la Santa Gilda para sumar brillo a tanto blanco nieve monocorde y aburrido que rodea su casa y se ve por la ventana.

Es verdad, el contexto es hostil, el clima es muy frío, hay viento y el pueblo muy chico, pero ella sabe que el hecho de ser trans, también hace que los hombres no profundicen ni quieren eternizar el vínculo, formar familia y quedarse a construir un cálido hogar en una realidad tan fría.

Gaby no intenta cambiar su vida, frente a la propuesta de Jairo de continuar ruta juntes, cambiar su destino y arrojarse a la aventura, elige su casa con sus cosas y su perra Floky, galga compañera que está para protegerla, en el pueblo donde solo puede llevarse una cotidianidad muy tranquila y austera. 

Tampoco romantiza la situación, ni sufre tanto por amor, pero su corazón no es de piedra ni de madera, entonces desarrolla técnicas para hacerse fuerte: limpia la casa hasta no dejar ni una mancha, como terapia, como quien quiere eliminar las pruebas de un crimen, no porque haya corrido sangre pero sí porque han lastimado su corazón con tantos hombres que han pasado y dejado rastro, que han compartido un tiempo y luego se han marchado. 

Canta Gilda más y más alto, así tapar malos pensamientos y traer alegría al cuerpo, seguir tranquila en su espacio personal sonriendo, mientras afuera nieva y los hombres de su vida siempre se están yendo a otro lugar.

La historia de Gaby es ejemplo de la lucha de las mujeres trans por la  Ley de reparación histórica, porque sus realidades hacen que, en principio, la vejez sea un privilegio, ya que  son el grupo poblacional más vulnerado de Argentina, teniendo un promedio de vida menor a los 40 años, producto de las múltiples discriminaciones y crímenes de odio a los que son sometidas. 
Las que superan esta edad, como es el caso de Gaby, lo hacen en condiciones de soledad, alejadas de su familias de crianza, sin haber hecho aportes jubilatorios que le aseguren una vejez digna ni maridos ni hijxs que sean contención. 

En el 2023, se debatió esta ley convocada por la Comisión de Mujeres y Diversidades de Diputadas y referentes del colectivo travesti y trans, pero no se trató. Actualmente se está a la espera de que vuelva a llevarse a Comisión, pero el panorama no es alentador en un contexto de derecha donde los discursos y las políticas que fomentan el trans-odio están en el discurso público y provienen de los gobernantes.

Muchas mujeres trans como Gaby, han tenido y tienen destinos de soledad familiar, que es compensado con las redes de vínculos tejidos por ellas mismas, por las luchas y realidades que las agrupan, para acompañar y brindar la calidez y el amor que un contexto social hostil siempre les negó, y aunque la realidades a las que se enfrentan son duras, en comunidad trabajan por sus derechos y los derechos de las que vendrán.

BIO de la autora: Agustina Verdi es comunicadora social, le interesa la palabra explícita, por eso es periodista de Revista Colibrí, y la comunicación implícita, por eso también se dedica al yoga y la expresión corporal.

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