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Las revoluciones internas de un cuerpo que ha gestado | Revista Colibri
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Las revoluciones internas de un cuerpo que ha gestado

Por Micaela Petrarca

Fotos: Alana Rodriguez y Paula Colavitto

Hablar de puerperio es hablar de un viaje, una apertura del alma, una exploración, una posibilidad de transformación. No hay una definición precisa para este estadío, ni un tiempo de duración que lo determine. Se trata de una vivencia que está condicionada por la historia personal de cada madre o persona gestante, por cómo son sus vínculos, su gestación y parto, sus deseos y sombras, su fusión en el mundo bebé, su situación socioeconómica. La diversidad es inmensa.

En mi opinión existen los puerperios, no hay una única manera de transitar este momento y esto tiene que ver con las particularidades de cada mujer, sistema familiar, psiquismo. Hay tantos puerperios como mujeres criando en el mundo”, define Jimena Robledo, doula y puericultora.

Es un período de revolución de gran envergadura, sin embargo, muchas madres llegan a esta instancia sin siquiera haber escuchado nombrar la palabra… 

Sólo sabía que existía la depresión postparto, pero no había leído nada sobre puerperio”, cuenta Eliana, mamá de Zoe, “lo conocí estando en él. Simplemente lo fui transitando y descubriendo. Es mucho más que sentirse mal por cómo queda el cuerpo, la panza colgando, los apósitos, la bajada de leche”. 


En el caso de otras mujeres, conocían el concepto previamente, por ser parte de alguna red, como en el caso de Carolina: “Sabía que existía porque había leído bastante y también habíamos tenido encuentros sobre puerperio con la tribu de esferodinamia de la mano de nuestras docentes”, y el de María: “Sabía bastante  porque estaba en un grupo de madres del que participaba una instructora y una puericultora, pero contaba con más información sobre los cambios fisiológicos que los psíquicos u hormonales, por eso algunas situaciones y miedos me tomaron por sorpresa y necesité informarme más en medio de esta transición para no morir en el intento”, se ríe. 

Otras llegaron por haber leído y hablado con otras personas que estaban maternando, como es el caso de Cecilia: “Siempre que tuve la oportunidad de hablar con personas maternando, las escuché mucho. También escuché a mis doulas”. Pero nada es igual que atravesarlo por el cuerpo, como relata Micaela: “Sabía lo que era porque madres conocidas me lo nombraban, leí bastante sobre el tema, me interesaba, pero pienso que nunca se está del todo preparada porque vivirlo es muy distinto a saber de qué se trata”. Mariana, por su parte, quien actualmente se encuentra puérpera, cuenta que había leído algo al respecto, pero poco sabía lo que era. Además, agrega que “Lo vivo de momentos, es un vaivén de emociones hermosas y a veces desgastantes. Me siento acompañada, poco comprendida y me es difícil pedir ayuda. No puedo definirlo, siento una catarata intensa en sentires, emociones, estados. Una etapa de loba y espuma a la vez”.

La invisibilización no es casual, es una forma más de romantizar la maternidad y delinearla como algo únicamente individual. Si bien es real que a cierto nivel se trata de algo meramente individual, también es verdad que una persona que está puerperando necesita contención afectiva, aceptación de sus emociones, confianza, un ambiente tranquilo, sin preocupaciones económicas ni exigencias sociales, para conectar con lo que le pasa, para mantenerse en contacto con su bebé y atender sus demandas de manera inmediata, y criar así niñes y futuros adultes autónomos y emocionalmente sanos.


La información que se encuentra más fácilmente es tan escasa como anticuada y completamente alejada de la realidad. Por ejemplo, la definición que propone la Real Academia Española reduce el puerperio a un “período que transcurre desde el parto hasta que la mujer vuelve al estado ordinario anterior a la gestación”.
“Para mí, esto es escasísimo”, dice en diálogo con Revista Colibrí, Esther Matos, terapeuta familiar y perinatal, autora del libro ‘Psicología de postparto’, y agrega: “Hablo de una definición de puerperio mucho más amplia en la que lo defino como un viaje trascendental que acontece en la madre desde que tiene a su criatura, hasta que esta comienza a salir de esa fusión emocional para hacer su propia andadura cada vez más autónoma e independiente de la madre”.

Si hay algo que puede englobar al puerperio, es que se trata de una transformación a nivel física, psíquica y emocional. 

Es de las grandes revoluciones en la vida de un cuerpo que ha pasado por una gestación. Una revolución que se da en un montón de niveles que acontecen paralelamente: hormonal, psíquico, de cuerpo físico, y son todas mutaciones de una enorme magnitud y realmente, inconmensurables”, lo describe Carolina Necco, licenciada en Terapia Ocupacional, con dedicación en Salud Mental y Pediatría, quien además es doula certificada y educadora pre y perinatal. 

El puerperio es la transformación de una vida, un torbellino de emociones internas, es la pérdida de la vieja identidad, el encuentro con las propias sombras guardadas, la soledad de la incomprensión. Es un viaje, una revolución que late con una criatura en brazos demandando amor, cuidado y atención.

Se transita con un éxtasis de amor, de dolor, de aprendizaje y de expansión en la vida. Es la contradicción de lagrimear por tus pezones agrietados mientras en el mismo instante la mirada recién estrenada de tu hije te observa con un amor con el que nadie lo hizo antes”, relata Carolina en diálogo con Revista Colibrí, quién fue madre y transita el puerperio desde octubre del 2020. 

Cuando un cuerpo, sinónimo de vida, atraviesa una gestación, toda la energía está enfocada en ese tránsito y lo más allá que se ve, es el parto. El puerperio no está dentro de los campos de los horizontes, son una serie de mutaciones, que, la gran mayoría de las veces, incluso cuando hubo gestaciones previas, tienen la sensación de arrasar la vida como grandes olas que te sacuden”, dice Carolina Necco. En la misma está Jimena, doula y puericultura y relata: “Estar puérpera es estar inmersa en una fusión con ese nuevo ser. Atravesar este momento es nadar en aguas profundas, llenas de emociones intensas que pueden ir de un polo al otro en un segundo. Sentimos ahogo, tristeza. Nostalgia. Felicidad, dicha, agradecimiento”. 

A nivel físico, no solo hablamos del sangrado y de la vuelta del útero a su posición anterior. Hay cambios hormonales muy importantes, la lactancia es uno de los cambios fundamentales, si se decide amamantar. “Como dice la psiquiatra Ibone Olza, es el instrumento fisiológico del vínculo. Es muy fácil estar vinculada con el bebé cuando hay lactancia”, explica la terapeuta Esther Matos, y agrega que “También puede servir para restaurar trauma, reafianzar vínculos, para que la madre se vuelva a empoderar, después de una cesárea, por ejemplo. Con la lactancia se puede restaurar muchísimo todo lo psíquico”. 

Lo que resume muy bien los cambios físicos, es lo que se denomina la exterogestación que, cómo define Esther, es el tiempo que necesita la criatura para vivir fuera de su mamá. 

Cuando andábamos en cuatro patas, la gestación era mucho más larga. Con la bipedestación, el canal del parto y la pelvis se estrecharon, las caderas se volvieron más angostas, y el período de gesta se redujo a 9 meses. La exterogestación es entonces, el tiempo restante de desarrollo que necesita el bebé y que debe realizarlo por fuera del útero. Es un período de al menos 9 meses en los que el bebé necesita vivir en las mismas condiciones posibles que estando dentro del útero. Para ello, necesita el constante contacto con su madre, para acceder al alimento y al cariño cada vez que lo necesite y para que sus demandas y sus necesidades estén cubiertas en todo momento y lo más rápido posible. “Cuando hablamos de atención a demanda, no solo hablamos de lactancia, sino también de que si la criatura necesita regular su temperatura pueda hacerlo con el cuerpo materno, ya que este puede subirla a un grado en la zona del diafragma, donde suele anidar el bebé”, explica Esther y agrega: “Este período no funciona solamente a nivel fisiológico también a nivel emocional, porque al estar en constante contacto, la criatura se siente más segura, tranquila, se siente más regulada, y más amada. A nivel neurofisiológico funciona a la perfección para afianzar el vínculo”.


Los cambios emocionales que atraviesa específicamente la madre son múltiples e intensos. Principalmente ocurre una transformación de rol, pasar a ser una mujer que a la vez es madre. Y como nuevo ser, acarrea cambios en los vínculos, sobre todo en la pareja, si es que la hay, y en el lugar que pasa a ocupar en la familia de origen. Esther menciona también como factor importante el contexto en el que se vive: “No es lo mismo ser madre en pandemia que fuera de ella, por ejemplo. Todo atraviesa transversalmente la maternidad y será definitorio en cómo se transita el puerperio a nivel emocional”.

María Ximena Passadore fue mamá durante 2020 en pleno invierno y cuarentena por la pandemia, si bien lo transitó anímica y físicamente bien y estuvo acompaña por su pareja y por un grupo virtual de contención de mujeres embarazadas, relata: “Lo transité con muchísimos miedos. Nadie venía a vernos, y nosotros solo salíamos para ir al pediatra. Experimenté el miedo de que le pase algo a mi bebe, mirarlo constantemente para comprobar que esté respirando, y de que me suceda algo a mí, que soy factor de riesgo, y tener que dejar a mi bebé solo, por eso nuestros cuidados hasta fueron algo obsesivos”.

A nivel puramente individual, la identidad y la soledad son dos de los puntos más fuertes que se dan en esta revolución. “El puerperio implica construir una nueva identidad psíquica, parirse hacia una nueva versión de nosotras mismas. Es duelar lo que fue y rearmarnos, en principio con las herramientas que tenemos”, cuenta Jimena Robledo, quien se formó como Doula y Puericultora en el 2018 y desde entonces acompaña familias. 

Otra característica que transita la mujer con la maternidad es la ambivalencia, se puede estar feliz y melancólica al mismo tiempo. Experimentar la belleza y la crudeza. “Es una instancia a veces muy dura de atravesar, porque un cuerpo en tránsito por el puerperio enfrenta, en una situación de máxima conexión con la vida, muchas conexiones con lugares de sombras y de muerte, de ya no ser ese cuerpo y esa vida que era. Un momento de enfrentar con una gran crudeza esos puntos íntimos de la soledad”, explica Carolina Necco, quien también es terapista ocupacional con dedicación en salud mental. 

También se puede vivenciar lo que Monique Bydlowski llamó “transparencia psíquica” en el embarazo. “Durante el postparto puede suceder, es como una especie de viaje al pasado, vamos sintiendo nuestra memoria corporal, cuestiones que tienen que ver con nuestro yo bebé, transformando también nuestra relación con la madre o revisandola”, explica la terapeuta perinatal, Esther Matos. Se trata de memorias guardadas en el inconsciente que van a la conciencia y se hacen visibles recuerdos que estaban ocultos. 

Así mismo sucede con las propias sombras que nos habitan, cómo lo define el psiquiatra Carl Jung, las partes desconocidas de nuestra psique y nuestro mundo espiritual. En la misma línea, Laura Gutman en su libro ‘La maternidad y el encuentro con la propia sombra’, explica que, durante el periodo extrauterino, bebé y mamá se encuentran fusionados emocionalmente. Es decir, la criatura siente como propio todo lo que siente su mamá, incluso, dice la autora, aquello que ella no puede reconocer, lo que ha relegado a su sombra. 

“La madre atraviesa este periodo ‘desdoblada’ en el campo emocional, ya que su alma se manifiesta tanto en su propio cuerpo como en el cuerpo del bebé”, escribe Gutman en su libro, y explica que este proceso es indefectible, aunque sea inconsciente. Llevarlo a la conciencia es una decisión personal. 

Maternar y criar pueden ser tareas duras y arduas porque esa madre durante al menos los dos primeros años de vida o hasta que el yo-soy del bebé madure, es una mamá-bebé, vive dentro del mundo bebe. “Las mujeres puérperas tienen la sensación de enloquecer, de perder todos los lugares de identificación o de referencia conocidos; los ruidos son inmensos, las ganas de llorar constantes, todo les molesta, creen haber perdido las capacidades intelectuales, racionales. No están en condiciones de tomar decisiones domésticas”, relata Gutman. 

Cada caso es particular, cada mujer y cada díada mamá-bebé lo es. La soledad, la falta de identidad, el encuentro con la sombra, la transparencia psíquica, u otras cosas, pueden suceder como no. Lo cierto, es que este período denominado puerperio, es una oportunidad maravillosa de trasmutación, crecimiento y empoderamiento si la madre se lo permite, o si se lo puede permitir. 

“Para mí un puerperio transformador es el que ha sido cuidado, que ha permitido que la diada esté en paz, transitando lo que le toca. Y a veces lo que toca no es hermoso, a veces toca revisar mi yo-bebé y acabar discutiendo con la madre. En la maternidad también hay sombras y hay que vivirlas y poder pasarlas sin pensar que solamente lo bueno o lo luminoso es exitoso”, dice Matos, autora del libro ‘Psicología de postparto’. 

Sin embargo, existen realidades donde las mujeres no tienen siquiera la posibilidad de sentir-pensar sus emociones, por la falta de apoyo, por la situación económica que atraviesan, o porque la sociedad y los sistemas de producción que en ella rigen, exigen a la mujer puérpera que rinda en el trabajo, que cumpla con la misma presencialidad, negándole así sentir y atravesar placenteramente su puerperio. 

Carolina Necco acompaña familias desde sus formación y relata: “Me ha tocado acompañar madres que criaban solas y han tenido que salir a trabajar a los 45 días, en esa singularidad de vida, ¿tiene espacio ese cuerpo real para ponerse a conectar sensiblemente con lo que le está pasando? Ojalá se lo pudiera dar”. Y entendiendo que poder conectar con lo que a une le pasa tiene que ver con la salud propia y la de sus hijes, agrega: “Me parece muy importante desromantizar todas estas cosas y desidealizarlas porque no todos los cuerpos en tránsito por el puerperio tienen incluso los mismos privilegios de sentir y de tomar conciencia”.

Puerperar ‘exitosamente’ es tener el tiempo, la contención y un ambiente saludable para atravesar todo lo que sea necesario y atender plenamente al ser que acaba de nacer. “Fundamentalmente lo que nos falta es apoyo. A veces de la pareja, a veces de la sociedad, y a veces del sistema más extenso como pueden ser los padres o hermanos”, reconoce Matos, la terapeuta perinatal.

Se necesita a una sociedad entera para criar el futuro que queremos construir, y en esta construcción, no puede dominar la individualidad y la soledad, al menos no, si se quiere algo distinto de lo viejo conocido. Durante el puerperio, el apoyo es fundamental para que esa madre pueda estar en fusión y atención exclusiva con el bebé. 


La figura principal de apoyo, en caso de que esté, debe ser el padre. “La criatura pertenece al cuerpo de la madre y bajo mi punto de vista, la madre pertenece al cuerpo de la criatura. Y el padre esto ha de respetarlo, mirarlo, cuidarlo, protegerlos de las agresiones externas como salir a trabajar ya, o tener que adelgazar ya, o recuperar la sexualidad de manera inmediata, sexualidad coita porque puerperar también es sexualidad”. 

Pero también son necesarias redes de apoyo, políticas en sanidad para que todes puedan acceder, por ejemplo, a un acompañamiento psicológico si lo necesitan; políticas estatales, para que una persona puérperamadre no deba salir a los tres meses a trabajar y alejarse de su criatura y de sus demandas, porque se le terminó la licencia por maternidad o porque no hay dinero. 

“Quienes hemos pasado por puerperios sabemos lo duro que puede ser ese tiempo sin tiempo en donde sentimos que la vida pasa por atender las necesidades del bebé, entre leche, sangre, sudor y la propia necesidad. Siempre sugiero que haya alguien acompañando”, relata Jimena, doula y puericultora.

Cada madre sabrá si puede solventar sus necesidades de contención con una psicóloga, un grupo de madres, o alguna persona, familiar, amigue, vecine, que sienta y pueda dar una mano en tareas del hogar, en criar hermanes mayores o atender al bebé para que la madre pueda descansar, comer, bañarse. Son necesarios modelos más solidarios para acompañar a una madre y su puerperio, para evitar las depresiones y las ansiedades post parto, para cuidar las vidas que han nacido, y para cooperar en la construcción de un futuro social más sano.

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Investigación en torno al parto humanizado y la violencia obstétrica. (Ganadora del primer premio de la Beca Perfil en 2018)

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